sábado, 5 de febrero de 2011

El tema del sobrepeso en la actualidad

Platicaba un día con mi amigo acerca de cualquier cosa, cuando de repente saltó a la conversación la palabra gordo, y no es que sea una mala palabra, ni altisonante por demás, pero mi amigo se alebrestó ante la sola mención y protestó sintiéndose peyorativamente aludido. Mi amigo, quien por cierto tiene 31 años y es ganador de varios certámenes de culturismo, hasta hace algunos años estaba gordo, muy gordo. Que loco, ¿no?

Punto número uno: ¿Es válido decir que alguien es gordo o es mejor decir que está gordo? Vamos, “estar” gordo implica que se tiene sobrepeso, que la cintura mide cierta cantidad de jocosos centímetros extra y que probablemente los hábitos alimenticios le queden un poquito desordenados. Pero con estas características no decimos de quién se trata ni hablamos de su identidad, solo decimos que, sea quien sea, está gordo. Otro cantar es decir que alguien “es” gordo, la onda se vuelve más personal. Decir que se es algo, es definir con totalidad a la persona, y a pocas personas les gustaría ser definidas mediante un calificativo tan poco halagüeño como “gordo”, o “flaco” o “pecoso”, porque a todas luces somos más que eso. No son características relevantes que te digan como es uno en esencia, y cuando son usadas de esta manera, da la impresión de que no hay nada más trascendental respecto a alguien que el hecho de que está gordo.

Así que no es lo mismo estar gordo que ser gordo. Ontología para principiantes.

Punto número dos: ¿Te has puesto a pensar lo que para nosotros significa estar gordo? Imagínate un hombre gordo, de lonjas por demás generosas y una mujer igualmente rellenita, ambos desnudos y al filo del la excitación, teniendo sexo desenfrenadamente en el catre a la luz de las velas. ¿Qué pasó?, si eres como la mayoría de las personas, la idea de imaginar una situación así, probablemente te habrá un poco chocado; porque en nuestra cultura, a las personas con obesidad no se las visualiza teniendo sexo, como si el tener más curvas que la gente delgada le volviera a uno asexual. No hay cosa más castrante. Otra idea irracional ligada al sobrepeso en hombres y mujeres, es que los gorditos son simpáticos, de cajón, alegres, buenos amigos o gente en la que puedes confiar; no te los imaginas de pareja, y tan es así, que cuando en la tele o el cine vemos ese tan choteado squetch del rechazo amoroso estilo “no eres tu, soy yo…”, habitualmente se lo están diciendo, efectivamente, a un hombre con sobrepeso.

Un buen amigo me platicaba que cuando dejó de estar gordo, la gente a su alrededor le reclamaba el haber adelgazado; parecían no querer verle en otro estado que no fuese con sobrepeso, ni aceptar su libertad para dejar de ser un gordito. Se habían habituado tanto a verlo como le veían, que para muchos se volvió un conflicto el que dejara de ser la figura simpática, asexual y fraternal, nunca erotizante, que hasta entonces había sido. Presión social para mantenerte gordo… ¿Qué tal?

Hace algunos siglos, desde la Europa del medioevo hasta la China Imperial, la imagen de los hombres gordos evocaba suntuosidad, riquezas, lujos y derroche; la de las mujeres gordas, por su parte, aún hasta el Renacimiento implicaba excesos, lascivia, fertilidad y sensualidad voluptuosa. Y de repente llegó la modernidad que fue exaltando el culto a los cuerpos esbeltos, volviendo el ser delgado algo más que deseable e impulsando la constante creación de necesidades hacia ese sentido. Los gorditos dejaron de ostentar prestigio por el simple hecho de estar gordos, ahora era el turno de la gente delgada. Pero un buen día, en una de esas en que nadie presta la menor atención a lo que sucede, pasamos de buscar “ser” delgados a evitar “ser” gordos.

Suena esto a eso del vaso medio vacío, ¿verdad?

Desear estar delgado es ver de manera positiva la delgadez, sin más implicación. No hace, por sí mismo, que veamos mal a quienes no están delgados y promueve ciertas conductas que son racionales a favor de ese objetivo. La otra: evitar “ser” gordo o convertirse en “un gordo”, por el contra, es rechazar la idea de subir de peso y llevar a cabo cosas desesperadas, bastante irracionales, que nos aparten de ello; generan un miedo innecesario a la obesidad que arroja a la gente a las garras de tantas y tantas “dietas milagro” que sólo adelgazan la cartera y potencian el malestar en nuestro maltrecho organismo. Y a la par de esto, al rechazar la gordura se crea un estigma contra los gordos.

Vivimos el nacimiento de una moda contra la gente que está gorda. Ahora asociamos la obesidad con rasgos negativos como la flojera, la apatía, y otras adjetivaciones que nunca podríamos generalizar a todas y cada una de las personas con sobrepeso. Pero se les ha estereotipado dentro de una reduccionista confusión mediática, un malentendido llegado de escuchar a los organismos de salud que hablan en contra de la obesidad, esa enfermedad que viene con el sobrepeso extremo, pero jamás contra la gente, las personas que tienen sobrepeso y que, además, no necesariamente están enfermas de nada.

Lamentablemente México es un país en el que se nos da mucho la discriminación. Mucho. Y desde las calles hasta dentro de las instituciones los hombres o las mujeres con sobrepeso son víctimas de algún estigma, discriminación y la burla directa, en un mundo globalizado en el que la obesidad se va convirtiendo en un grave problema de salud pública. La obesidad llegará a convertirse en una pandemia.

Para el año 2013, México será un país de gordos. Es decir, los que hoy en día discriminan a la gente obesa, en un par de años serán a su vez discriminados. ¿Justicia poética? nop, se trata mas bien de una ausencia de sensibilidad general. No somos sensibles a nosotros mismos en la medida suficiente que nos lleve a cuidarnos y preservar tantito nuestra salud, y no somos sensibles a las otras personas para percibirlas con empatía y más allá de nuestros miedos. Porque en México, en China y en todo el mundo, cuando discriminamos, lo hacemos nada más por el miedo que nos despierta el otro. Piénsalo, es más fácil y tranquilizador creer que la obesidad le da sólo a la gente especial que tiene un montón de atributos indeseables, gente que no es como uno, evitando así pensar en la realidad que implica el que los propios hábitos alimenticios y de actividad física son tan malos como los de cualquiera y por ello también uno está en riesgo de caer en el sobrepeso. Ya no es tan sencilla la cosa cuando la vemos tan de cerquita, ¿no?

Pero mientras no hacemos consciencia, fomentamos una cultura que hace sentir mal a las personas que están gordas; con bromas, comentarios o, incluso sobreprotegiéndolos e ignorando sus necesidades reales, no conseguimos otra cosa que diluir su autoestima, generar en ellos enfermedades reales que no tenían y conflictos que nada más les complican la vida. ¿Te acuerdas de mi amigo el fisiculturista que dejó de comer para enajenarse en el gym? Y una cosa más, discriminando a la gente con sobrepeso le enseñamos a los demás como tratar a la gente que está gorda, y una vez que ellos lo aprenden, también les tratarán así de mal; y a nosotros, si en dado momento también llegamos a excedernos de peso.

Uno nunca sabe…

De cualquier manera, estar gordo no implica no estar sano. Como en todo, en la obesidad también hay niveles y matices, por eso es bueno estar al tanto del punto en que nuestro sobrepeso efectivamente implica un riesgo de adquirir diabetes, arterosclerosis e hipertensión arterial, y hasta donde no afecta el  buen funcionamiento de nuestro organismo.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

El tema del sobrepeso en la actualidad

Platicaba un día con mi amigo acerca de cualquier cosa, cuando de repente saltó a la conversación la palabra gordo, y no es que sea una mala palabra, ni altisonante por demás, pero mi amigo se alebrestó ante la sola mención y protestó sintiéndose peyorativamente aludido. Mi amigo, quien por cierto tiene 31 años y es ganador de varios certámenes de culturismo, hasta hace algunos años estaba gordo, muy gordo. Que loco, ¿no?

Punto número uno: ¿Es válido decir que alguien es gordo o es mejor decir que está gordo? Vamos, “estar” gordo implica que se tiene sobrepeso, que la cintura mide cierta cantidad de jocosos centímetros extra y que probablemente los hábitos alimenticios le queden un poquito desordenados. Pero con estas características no decimos de quién se trata ni hablamos de su identidad, solo decimos que, sea quien sea, está gordo. Otro cantar es decir que alguien “es” gordo, la onda se vuelve más personal. Decir que se es algo, es definir con totalidad a la persona, y a pocas personas les gustaría ser definidas mediante un calificativo tan poco halagüeño como “gordo”, o “flaco” o “pecoso”, porque a todas luces somos más que eso. No son características relevantes que te digan como es uno en esencia, y cuando son usadas de esta manera, da la impresión de que no hay nada más trascendental respecto a alguien que el hecho de que está gordo.

Así que no es lo mismo estar gordo que ser gordo. Ontología para principiantes.


domingo, 23 de enero de 2011

Mío, tuyo... y nuestro

Inicialmente, previo a que la historia de amor comience, tienes un grupo de amigos a los que ves con regularidad, una serie de actividades que te hacen sentirte contento contigo y ciertos hábitos que se vuelven tremendamente característicos de ti para los ojos de los demás. Luego, conoces al amor de tu vida.
Felizmente, inicias entonces la bella historia de una nueva relación de pareja, con el corazón inflamado y tu alma retacada de las más positivas expectativas; el enamoramiento fugaz da pie al amor y al compromiso, y paulatinamente tu pareja cobra mayor importancia en tu universo personal. El o ella se convierte en tu mundo. Ahora ya no sales tanto con tus amigos, ni tienes las mismas actividades que en otro momento te satisfacían, porque ahora sales con el; tu media naranja es hoy lo suficiente para cubrir todas tus necesidades y le confías la responsabilidad de seguirlo siendo. O con ella, el punto es que  tu pareja se convierte en todo para ti.

Esta es una historia de cuento de hadas, la pauta ideal para un taquillero guión de telenovela. En la secuela de esta historia, deviene necesariamente lo trágico: las miradas de amor son ahora caras largas, los temas para charlar se han terminado, el aburrimiento ha entrado en la dinámica mutua y lo que en un momento inspirara la más arrebatadora ternura, hoy no podemos ni verlo porque nos pone parados de pestañas: “¡ya no te soporto!”, ¿te suena familiar?

¿Qué fue lo que sucedió?

Pista número uno: Antes de que él o ella llegara para volverse el Romeo o la Julieta de tu existencia, tú ya tenías tu mundo de amigos definido, de actividades, de hobbies y hasta de costumbres. Cotidianamente cada quien se construye para sí mismo un entorno similar, todo un mundo para poder desarrollarse como persona integral y llegar a sentirse exitoso y pleno, o plena. El o ella, por su parte, antes de arribar a tu vida habían hecho exactamente lo mismo, tenían sus amigos, sus actividades, y un etcétera larguísimo conformando el mundo en el que habita. Pista número dos: Cuando miras sus ojos se te olvida el mundo, cuando el o ella mira los tuyos pasa la misma cosa, y cuando dejar de mirarse ya no se acuerdan de nada que no sea este o esta que ahora son el “amor de mi vida”. El error de muchas parejas es que se vuelven exclusivos uno del otro y excluyentes de todos los demás, dado que entra en juego la fantasía de que, cuando el amor es verdadero, el otro puede satisfacer todas y cada una de tus necesidades emocionales, lo que hace al argumento de “te vas con tus amigas porque no me amas lo suficiente”, un juicio peligrosamente erróneo.

Para conservar la salud de la dinámica de pareja, es indispensable que cada cual mantenga el contacto con su mundo; por mucha pasión que exista entre ambos miembros de la relación, jamás debe impedirse encontrar placer en otras compañías u otras actividades. Es a lo que podemos llamar: darse su espacio. Y teniendo cada quien su mundo, es decir, con los dos mundos previos y personales de cada uno, lo que evidentemente sigue es construir un tercero para los dos.

Vamos: mi mundo es el espacio que es solo mío y al que sólo a veces te invito para algunas salidas con mis amigos, conciertos, martes de café, tu mundo es el espacio que es sólo tuyo y al que a veces me invitas, en él te refrescas, reflexionas sobre nosotros y puedes ver nuestra relación en perspectiva, tal y como lo hago yo desde el mío. En tu mundo puede que incluso tu descanses de mí, como yo en el mio a veces necesito tomarme un descanso de ti. Y en el mundo de ambos es donde los dos tenemos el control y la injerencia de manera equitativa, ahí habita nuestra relación, y se compone de fragmentos de mi mundo y de tu mundo, tales como los amigos que se vuelven comunes, las actividades que los dos practicamos o los gustos que ambos tenemos, y de elementos que van surgiendo conforme crece la relación de pareja y que tiene que ver con ambos por igual. Cuando estos tres mundos orbitan sin colapsarse entre sí, la armonía en la dinámica de pareja se vuelve una constante.

La importancia de tener un mundo propio, ajeno a la influencia de tu pareja, es, a una primera instancia, que proporciona algo para compartir con el o ella, y algo acerca de qué conversar; en segunda instancia, es también una fuente de éxitos (éxitos sociales, laborales y demás) que dependen sólo de ti y tu esfuerzo, y que te dan la evidencia de ser alguien valioso e independiente, con lo cual apuntalas tu autoestima y minimizas las inseguridades que pueden llevarte a enfermar de celos; porque no importa lo que te digan, los celos no hacen juego con las relaciones de pareja. No es cierto que los celos sean una muestra de amor, solo denotan posesividad e inseguridad, y hablan más de quien los siente que de la persona a la que se dirigen. Vale la pena reflexionar en eso.

El respetar el mundo personal del otro es efectivamente la mejor manera de postergar la llegada del tedio y la rutina, sin embargo, no significa que jamás vayas a ser partícipe de éste. Que él o ella te integre o tu integrarle a las salidas con tus amigos o a tus actividades recreativas es una invitación a su mundo que refuerza la relación, es un acto de amor y consolida la pareja; pero deben recordar que finalmente es “su mundo” y “tu mundo”, y que se trata no’mas de una invitación, y que aún cuando las invitaciones sean tan  frecuentes como ustedes lo deseen, nunca dejarán de ser eso: visitas temporales, si te instalas en su mundo vas a apestar igual que el muerto y el arrimado. ¿Recuerdas ese dicho popular?

“Nuestro mundo” es el espacio que caracteriza a la pareja y su clave es la negociación: “a donde saldremos este fin de semana”, “de que color pintaremos la sala”, “cuando veremos a zutanito que es un amigo mutuo”, etcétera. Hay que cuidar de que este tercer mundo no se extienda y devore el territorio de los otros dos, para lo cual es necesario establecer ciertos límites: “los martes por la noche yo tomo café con mis amigos”, “no revuelvas el cajón derecho del escritorio que es donde guardo yo mis cosas” u otras situaciones. Lo cierto es que uno y otro o una y otra o uno y otra o como sea, son dos personas con un mismo proyecto en común: el de pareja, pero no dejan de ser individuos distintos con diferentes necesidades. Respetar lo “tuyo”, lo “mío” y lo “nuestro” se trata básicamente de eso: respeto; y no hay relación entre dos personas que sobreviva sin la existencia de este poderoso ingrediente.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

Mío, tuyo... y nuestro

enero 23, 2011 Hernan Paniagua
Inicialmente, previo a que la historia de amor comience, tienes un grupo de amigos a los que ves con regularidad, una serie de actividades que te hacen sentirte contento contigo y ciertos hábitos que se vuelven tremendamente característicos de ti para los ojos de los demás. Luego, conoces al amor de tu vida.

Felizmente, inicias entonces la bella historia de una nueva relación de pareja, con el corazón inflamado y tu alma retacada de las más positivas expectativas; el enamoramiento fugaz da pie al amor y al compromiso, y paulatinamente tu pareja cobra mayor importancia en tu universo personal. El o ella se convierte en tu mundo. Ahora ya no sales tanto con tus amigos, ni tienes las mismas actividades que en otro momento te satisfacían, porque ahora sales con el; tu media naranja es hoy lo suficiente para cubrir todas tus necesidades y le confías la responsabilidad de seguirlo siendo. O con ella, el punto es que  tu pareja se convierte en todo para ti.


martes, 18 de enero de 2011

Para bajar de peso, ¡cuidado con las dietas!

Hablar de nutrición se presta a muchos errores cuando no ubicamos bien lo que es una dieta, así que para prevenir futuros quebraderos de cabeza, hablemos un poco la dieta en singular y las dietas en plural.
Primero lo básico, lo que comemos son alimentos, y estos pueden ser de buen sabor algunos y otros de un gusto no muy agradable, pero todos ellos contienen moléculas de sustancias que nos son indispensables: los nutrimentos. Algunos nutrimentos son fuente de calorías, es decir, la energía que nuestro cuerpo necesita para seguir funcionando; nutrimentos son como los carbohidratos, las proteínas y los lípidos, ellos dan energía; otros son constructores e intervienen en la construcción y reparación de tejidos, como el calcio, el fósforo y nuevamente las proteínas y los lípidos. Hay un tercer grupo formado por las vitaminas, los aminoácidos esenciales y los minerales, que es llamado el de los nutrientes reguladores, porque influyen en la resistencia a enfermedades y facilitan casi todos los procesos que ocurren en nuestro organismo.

Si el interés es mantener a nuestro organismo sano, y probablemente lo es, necesitamos utilizar la comida de forma adecuada para obtener una alimentación equilibrada y variada que nos proporcione las cantidades necesarias de estos nutrimentos. Ese es el secreto de una buena nutrición y la clave para un envidiable estado de salud física y mental. Con la intensión de lograr una alimentación satisfactoria, las personas se alimentan según el tiempo del que disponen, los alimentos que tienen al alcance, sus gustos personales y sus creencias ideológicas. Todo esto determina la dieta que siguen.

Es una creencia errónea pensar que la dieta es un régimen restrictivo de alimentos que pueden o no ingerirse según lo determine un profesional; la dieta es lo que alguien suele comer cotidianamente: hay quienes se prohiben ingerir cerdo y por ello excluyen los embutidos de su dieta; otros comen poco y tienen una dieta pobre, dado que carecen del tiempo para preparar sus alimentos; y algunos más no tienen los recursos económicos para proporcionarse grandes menús, lo que evidentemente también empobrece su dieta. El factor común en la mayoría de los casos es que las personas improvisan la estructura de su dieta, según las limitaciones y ventajas con las que cuentan, en pocos casos se organiza la alimentación para volverla variada y equilibrada.

Por lo general cada alimento contiene varios nutrientes, pero ninguno los contiene todos; además el tipo y la cantidad de nutrimentos contenidos en determinado alimento pueden ser escasos. Por ejemplo, la leche contiene proteínas, grasas, carbohidratos, calcio, fósforo, rivoflavína y otras vitaminas del grupo B y vitaminas A y D, pero en cambio tiene muy poco hierro y muy poca vitamina C. La falta de un nutrimento no puede compensarse ingiriendo en exceso algún otro.

Por eso, para garantizar que nuestro organismo reciba todo lo que necesita, es aconsejable variar los alimentos. Si un día preparamos frijoles, es recomendable la próxima vez preparar sopa y la siguiente lentejas; si ayer compramos naranjas, mañana comprar manzanas. Así evitamos que, de comer frijoles durante un mes entero, nuestro cuerpo reciba sólo los nutrimentos contenidos en ésta leguminosa. No es necesario conocer con exactitud que vitaminas hay en cada alimento, que minerales o que aminoácidos, basta con hacer esta continua variación en la dieta para que recibamos lo suficiente de cada uno de ellos.

Y si ya variamos la dieta, sólo hace falta equilibrarla. La persona quien cada día come tacos al pastor, cena tacos al salir de su trabajo y compra tacos para ver el televisor con sus amigos una tarde de domingo, no sólo no esta dándole variedad, sino que tampoco la está equilibrando. Equilibrar lo que comemos significa ingerir proporcionadamente los alimentos altos en carbohidratos, como la fruta o las verduras; en proteínas, como la carne y los lácteos; y en lípidos, como los alimentos grasosos en general. Equilibrando nuestros alimentos prevenimos que un exceso de lípidos se cumule al interior de nuestras arterias dificultando la labor del corazón o causándonos la incómoda “llantita” alrededor de la cintura; igual que un innecesario incremento de proteínas que facilite la aparición de dolores musculares.

Con lo anterior en mente podemos analizar un par de regímenes que suelen gozar de gran popularidad entre las personas, pero su beneficio a la larga puede resultar muy cuestionable.

El vegetarianismo es un régimen dietético que organiza la alimentación excluyendo los productos animales. Se dice que este tipo de dieta alimentaria posee virtudes, que son difíciles de demostrar, como prolongar la expectativa de vida; sin embargo seguirla de forma estricta puede causar enfermedades carenciales como la anemia y algunos trastornos del sistema nervioso, que aparecen cuando hay un déficit de vitamina B12 y algunos minerales. Hay variedades, como la dieta lacto – vegetariana o la lacto – ovo – vegetariana que, al incluir la ingestión de huevos, leche y derivados, si cumple con los requerimientos nutritivos humanos.

La alimentación macrobiótica es un estilo de vegetarianismo mezclado con principios provenientes de la filosofía Zen – budista. En este tipo de dieta, tanto los nutrientes como los alimentos se clasifican en dos categorías: yin (femeninos) y yang (masculinos). Entre los primeros se encuentran, por ejemplo, los dulces, numerosos frutos y algunas vitaminas; entre los segundos están la carne, los huevos, etcétera. Según los principios de este régimen, es necesario un perfecto equilibrio entre alimentos yin y yang para liberar al organismo de los venenos que encierra y asegurar una vida saludable.

Este tipo de alimentación, introducida y divulgada por George Oshawa, consta de diez niveles dietéticos y en cada uno de ellos la persona va suprimiendo un grupo de alimentos, de modo que en las etapas iniciales se incluyen todavía sustancias de origen animal, pero en las finales sólo se consumen granos de cereales completos. Por eso la dieta macrobiótica no es recomendable, ya que no cubre los requerimientos mínimos de algunos minerales, de ciertas vitaminas y carece de proteínas de alto valor biológico. Al mismo tiempo, este régimen limita el agua de bebida, lo que además puede causar deshidratación y trastornos renales.

También podemos repasar algunas de los regímenes mas recurridos por la gente para reducir su peso: las llamadas dietas milagrosas, que no sólo no promueven una alimentación equilibrada y variada, sino que además ponen en riesgo la salud.

  • Dietas para perder 3 kilos o más en una semana: En general este tipo de dietas son poco efectivas porque fisiológicamente no es posible perder tres kilogramos de grasa corporal en una semana y lo único que consiguen que se pierda es agua y músculo, causando descompensación de sales y deshidratación, por no mencionar la pérdida de masa muscular.
  • Dieta de la luna: Es aquella dieta que consiste en tomar durante 3 días solamente agua natural cada primer día de la luna llena. Este tipo de dietas pueden ocasionar desmayos, fatiga y bajo rendimiento, ya que no se obtiene la energía suficiente proveniente de los alimentos, además de que lo perdido será recuperado inmediatamente al regresar a la alimentación normal.
  • Dieta de Beverly Hills: Este tipo de dietas consisten en consumir durante el día solo un tipo de fruta: Lunes – uvas, martes – sandía, etcétera. Al igual que otra clase de dietas en donde sólo se consume un solo tipo de alimento, éstas no proporcionan todos los nutrimentos que se necesitan para mantener las funciones del organismo.
  • Dietas altas en proteínas y bajas en carbohidratos: Son aquellas basadas en el consumo de alimentos de origen animal, que principalmente aportan proteínas, y grasas, como el chicharrón, la carne, los huevos, el queso, etcétera, y en las que se elimina el consumo de alimentos que contienen carbohidratos como los cereales y la fruta. Este tipo de dieta puede ser riesgosa para la salud, ya que al consumir en exceso proteínas y grasas, los niveles de colesterol y triglicéridos pueden aumentar y con ello la predisposición a desarrollar afecciones cardiovasculares. En cuanto a la falta de carbohidratos, ésta puede causar mareos, dolores de cabeza y dificultad para poner atención, ya que son la única fuente de energía que utiliza el cerebro para funcionar.

Por otra parte, hay alimentos solos que por alguna razón han sido asociados con consecuencias negativas al organismo, lo que ha llevado a quienes los consumen a hacerlo con una cierta culpa o a no consumirlos del todo. Aquí mencionamos algunas de estas creencias para tu consideración:

  • Se dice que el huevo aumenta mis niveles de colesterol: Se creía que consumir huevos durante la dieta diaria era dañino por el incremento de colesterol, sin embargo la Sociedad Americana de Cardiología señaló que se pueden consumir 2 huevos al día sin ese incrementar, además de que su consumo puede prevenir el riesgo de padecer cáncer de mama en las mujeres.
  • Beber agua durante la comida hace daño: Se dice que consumir agua durante la comida diluye los jugos gástricos y perjudica la digestión. Efectivamente si existe una dilución de los jugos gástricos pero no interfieren con la digestión, se puede beber agua en cualquier momento del día y durante las comidas, mejorando nuestra sensibilidad a los sabores de los alimentos.
  • Los mariscos son indigestos: En realidad son buenos para la salud siempre y cuando se consuman con moderación y bajo un régimen nutricional, ya que ayudan a prevenir la diabetes, cánceres, infartos y Alzheimer, además de ser ricos en zinc.
  • El café es dañino para el organismo: El café es una bebida muy funcional para el organismo siempre y cuando no se consuma en exceso. Esta bebida es capaz de prevenir el desarrollo de cáncer de colon, cálculos de vesícula, cirrosis hepática y Parkinson con el solo hecho de consumir 1 ó 2 tazas al día. Sin embargo sigue si ser recomendable para personas embarazadas, hipertensas y con reflujo gastroesofágico.
  • El vino durante la comida es para alcohólicos: Investigaciones recientes han demostrado que el consumo de una o dos copas de vino al día puede prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón y de próstata, además de que el vino durante las comidas es un excelente digestivo.
  • Si como muchos dulces me volveré diabético: Que una persona consuma azúcar en grandes cantidades no significa que desarrollará el padecimiento, pues éste se debe a la combinación de varios factores de riesgo como la herencia, el sedentarismo y el sobrepeso, sin embargo, el exceso de dulces provoca aumento de peso y por tanto incrementa las posibilidades de desarrollar diabetes. Pero, si ya se tiene la enfermedad, comer dulces desencadena un aumento en los niveles de glucosa, por lo que se recomienda a quienes la padecen mesurar su consumo.
    Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

    Para bajar de peso, ¡cuidado con las dietas!

    Hablar de nutrición se presta a muchos errores cuando no ubicamos bien lo que es una dieta, así que para prevenir futuros quebraderos de cabeza, hablemos un poco la dieta en singular y las dietas en plural.

    Primero lo básico, lo que comemos son alimentos, y estos pueden ser de buen sabor algunos y otros de un gusto no muy agradable, pero todos ellos contienen moléculas de sustancias que nos son indispensables: los nutrimentos. Algunos nutrimentos son fuente de calorías, es decir, la energía que nuestro cuerpo necesita para seguir funcionando; nutrimentos son como los carbohidratos, las proteínas y los lípidos, ellos dan energía; otros son constructores e intervienen en la construcción y reparación de tejidos, como el calcio, el fósforo y nuevamente las proteínas y los lípidos. Hay un tercer grupo formado por las vitaminas, los aminoácidos esenciales y los minerales, que es llamado el de los nutrientes reguladores, porque influyen en la resistencia a enfermedades y facilitan casi todos los procesos que ocurren en nuestro organismo.

    Si el interés es mantener a nuestro organismo sano, y probablemente lo es, necesitamos utilizar la comida de forma adecuada para obtener una alimentación equilibrada y variada que nos proporcione las cantidades necesarias de estos nutrimentos. Ese es el secreto de una buena nutrición y la clave para un envidiable estado de salud física y mental. Con la intensión de lograr una alimentación satisfactoria, las personas se alimentan según el tiempo del que disponen, los alimentos que tienen al alcance, sus gustos personales y sus creencias ideológicas. Todo esto determina la dieta que siguen.

    domingo, 5 de diciembre de 2010

    Las premisas detrás de la homofobia

    Al margen de la creciente aceptación que la comunidad parece estar teniendo en lo general hacia el tema  gay (particularmente en el campo del marketing) sobresale en nuestra sociedad un particular rechazo hacia los homosexuales que todavía está vigente, y ese rechazo, constituido por una serie de atribuciones negativas en referencia a la homosexualidad, es lo que llamamos homofobia; no importa si se maneja el tema como una carencia o un defecto, como pecado, malformación, perversión o delito, la homofobia es un acto de discriminación que descalifica a la persona de la que se hace objeto y nos negamos a relacionarnos con ella (o con él), independientemente de su forma de ser, sus ideas, su simpatía o cualquier otra característica personal.

    Cuando discriminamos lo que más importa es nuestra idea de lo bueno y lo malo, basada en generalizaciones hacia una categoría de personas, categoría o etiqueta arbitraria que nos sacamos de la manga, porque tenemos prejuicios y nos permitimos ver el mundo a través de ellos. Y no importa demasiado que en los últimos años haya habido trabajos científicos, filosóficos y médicos en torno a temas como el de la homofobia, que demuestran que no hay nada en la homosexualidad que sea patológico o antinatural, lo que importa es la precaria e inargumentable idea en mi cabeza que me moviliza a discriminar y descalificar.

    Y hablando de discriminar, la que se dirige hacia hombres y mujeres homosexuales es una, pero ¿qué me dirías de la que sufren los hombres y mujeres transexuales? Te invito a echarle una oreja a este podcast de Fernanda Tapia acerca de los derechos de las personas transexuales

    Tener prejuicios es la cosa mas sencilla del mundo, de hecho, me atrevería a decirte que los prejuicios están entre las primeras cosas que aprendemos cuando somos niños: “no hables con extraños”, “a la gente sucia nadie la quiere”, “las niñas buenas no usan pantalones”. Están tan ligados a nuestra educación que es difícil cuestionarlos; en primera, es difícil identificar que están ahí, usualmente a muchos de los prejuicios que conservamos, elegantemente los llamamos “valores”, en segunda, tenemos tantos que tardaríamos una vida en deshacernos de todos. Una vida. Pero el punto no es dejar de tener prejuicios, sino lo que hacemos con ellos: los prejuicios son “juicios previos” que de manera tentativa nos explican el mundo, pero son tentativos, sugieren que algo puede ser bueno o malo para nuestros intereses, pero no son determinantes, así que en nosotros queda la decisión de averiguar si lo que pre – entendemos es algo para ratificar o rectificar, si nuestros prejuicios son correctos o dejaron de estar vigentes.

    Nuestros  prejuicios son opiniones personales (heredadas de nuestros padres y ellos las heredaron de nuestros abuelos) que no nos definen como persona, por eso podemos estar dispuestos soltarlos cuando dejan de sernos útiles. Pero hasta el momento en que nos liberamos de ellos vamos a continuar, por ejemplo, ejerciendo al homofobia, la cual se mantiene en el discurso colectivo aunque carece de argumentos racionales; es un prejuicio social que no surgió de la nada, lo aprendimos, nos lo quedamos y le damos réplica para enseñárselo a nuestros hijos, y como con todos los prejuicios, no nos detenemos a preguntarnos porqué lo mantenemos o de dónde o cuando surgió, solamente le obedecemos y actuamos guiados por él.

    ¿De dónde salió la homofobia? Cuando mantenemos un prejuicio, lo hacemos a partir de nuestra certeza en determinadas premisas, tales como “el objetivo de la sexualidad es la reproducción”. Así, la homosexualidad existe en el contexto de un modelo sexual hegemónico: la heterosexualidad, que tiene un carácter claramente reproductor. La heterosexualidad es “buena” porque se ajusta a esa premisa donde reproducción y sexualidad son equivalentes, la homosexualidad es “mala” porque es una versión de la sexualidad en la que la reproducción no es el objetivo. En el histórico momento en que el ser humano afirmó que sexualidad y reproducción son la misma cosa, convirtió la sexualidad en patrimonio exclusivo de las parejas heterosexuales de mediana edad (edad reproductora) y bajo el cobijo del matrimonio (institución avalada para tener hijos). De esa premisa se desglosan una serie de interesantes prejuicios: el sexo entre personas del mismo sexo es malo, el sexo entre dos ancianos es malo, el sexo fuera del matrimonio es malo, buscar el placer durante el sexo es malo, usar métodos anticonceptivos durante una relación sexual…

    Primera premisa:

    Acerca de la homosexualidad entre varones, el contacto erótico no desencadena proceso reproductivo alguno (evidentemente), por lo que la actividad sexual no es otra cosa que “el desperdicio de la simiente”, dicho en términos bíblicos. Desde este contexto religioso, el homoerotismo entre hombres desconoce “el desarrollo natural de todo ser humano que nace, crece, se reproduce y muere”, y cuestiona el proyecto de vida de quienes efectivamente buscan trascender a la muerte preservando su existencia en un hijo. Este es el argumento central de los jerarcas en las iglesias y una que otra persona de fe, sustentándose en la premisa de que toda mujer u hombre debe de dedicar su vida a la procreación y la construcción de un contexto adecuado para el desarrollo de un humanito nuevo. ¿Donde quedan quienes no incluyen hijos en su proyecto de vida?, bueno, con esta premisa las religiones se encargan de dar el visto bueno a unos proyectos de vida, y de no dárselos a otros.

    El deseo reproductivo, mediante el que, efectivamente, pueden realizarse y trascender algunas personas, adquiere en el ser humano, que es racional y consciente de sí, un carácter opcional, elegible según el proyecto de vida de cada hombre o mujer; capacidad de elegir que es negada al individuo cuando queda establecida una hegemonía centrada en la heterosexualidad.

    Concretamente, si yo digo “vi dos homosexuales en la calle” tu muy probablemente vas a imaginarte a dos tipos caminando y tomados de la mano, puede que hasta dándose un beso. Exactamente lo mismo pasa cuando se hacen campañas sociales para sensibilizar contra el rechazo a la homosexualidad, ves afiches con fotografías de hombres; y en la mercadotecnia homosexual hay productos para hombres. ¿Sabías que también las mujeres pueden ser homosexuales? Lo que sucede es que mantenemos ciertas ideas hacia la sexualidad de las mujeres que, incluso en el ámbito de la homosexualidad, también están presentes: las mujeres son seres delicados e inocentes. Por eso cuando nos referimos a la sexualidad de una chava, usualmente agregamos adjetivos juguetones como “sucia” o “perversa”, lo que no pasa cuando hablas de la sexualidad de un varón. ¿Machismo?, si… totalmente.

    El deseo sexual entre hombres es algo normal para las concepciones de nuestra cultura (los hombres piensan en sexo, después en sexo y al final en sexo, dice la vox populi), pero paralelamente, nuestro Occidente judeocristiano le ha negado a la mujer el reconocimiento de su deseo sexual: históricamente existe la convicción de que las mujeres no sienten, ni buscan, ni pretenden el deseo sexual. Por eso pensamos la sexualidad entre mujeres más como un juego inocente que como un acto erótico. Si ves a dos mujeres caminando por la calle, tomadas de la mano, pensarás probablemente que se trata de dos grandes amigas.

    Segunda premisa:

    La segunda premisa que alimenta el prejuicio contra la homofobia se instala, en la prohibición del placer: “buscar el placer es malo”. Nos cuesta trabajo hablar de lo que nos da placer y es difícil aceptar que a veces lo que hacemos está únicamente motivado por el placer de hacerlo, porque nos creemos obligados a ser productivos y generar un bien para la comunidad, al mismo tiempo que menospreciamos el valor del placer como una manera de nutrirnos tan válida como la satisfacción del trabajo bien hecho. Este sistema de creencias encuentra su nicho en el discurso moral de las religiones, las cuales enfatizan la “malignidad” del placer como una forma de pecado; para muchas doctrinas morales, este mundo es el valle de lágrimas y dolor por el que tenemos que cruzar para acceder a la tierra prometida, al paraíso que obtendremos luego de que nos muramos.

    El tema de las religiones es uno interesante, porque si bien el universo total de seres humanos se compone de conjuntos distintos de creyentes y no creyentes, tanto unos como otros crecen y se desarrollan en comunidades donde las iglesias son instituciones con poder, cuyos discursos alcanzan a sus feligreses y a los vecinos, hijos, amigos de esos feligreses. Es entonces cuando el hombre más agnóstico se sorprende obedeciendo por simple inercia a los cánones católicos, por ejemplo, o aceptando las premisas de una religión, sin necesariamente compartir su doctrina.

    El hombre y la mujer homosexuales, entonces, no solo llevan la práctica de su sexualidad lejos de la intensión reproductiva, sino que, incluso, ejercen esa sexualidad fundamentalmente motivados por el placer, contraviniendo las premisas de una sociedad educada bajo los axiomas de la abstinencia, el auto castigo y la continencia para expiar o prevenir los pecados. Entonces, así como el placer es malo, la sexualidad que busca el placer también lo es; y si bien lo del desperdicio de la simiente es un tema que atañe más directamente al varón homosexual, la búsqueda del placer es anatema para las mujeres, que siendo figuras delicadas, virginales e inocentes expresan en el lesbianismo su derecho (y necesidad) al disfrute y el gozo, manteniendo por motu proprio relaciones sexuales con otras mujeres.

    Tercera premisa:

    La tercera y última cuestión tiene todo que ver con la estratificación social: así como, según nuestra sociedad, no es lo mismo ser presidente que barrendero, adulto que joven, o jefe que empleado, tampoco resulta igual ser hombre que ser mujer. Nos encanta crear jerarquías para todo, y el sistema de géneros no es la excepción, lamentablemente.

    El sexo de cada persona corresponde a sus características fisiológicas, hormonales, anatómicas y etcétera: hombre y mujer. El género, en cambio, es el conjunto de atribuciones que hacemos para una persona a partir de su sexo: los hombres deben vestir de azul, ser rudos, varoniles, fuertes, formales y hasta feos, buenos proveedores para la casa y conseguirse una buena mujer; las mujeres deben vestir de rosa, ser delicadas, femeninas, frágiles y hermosas, buenas para la cocina y siempre bien portaditas para que un hombre las elija. El sexo tiene un fuerte componente biológico, pero el género, en cambio, es cultural. Esto implica que apenas naces ya tienes encima de ti un montón de exigencias que van a coartar la libertad que tienes para hacer elecciones de vida: ¿estas seguro que quieres ser bailarín?, ¿cómo se le ocurrió a ella ser piloto? En esta determinante cultural se instala la premisa de que ser hombre es mejor que ser mujer; eso habla de niveles en una jerarquía, ellos arriba, ellas abajo. Así funciona desde la Roma Imperial.

    Roma fue una sociedad con gran aprecio por la virilidad y sus valores asociados, sin embargo no era un mundo que encasillara el comportamiento amoroso según el sexo; sí, en cambio, según el papel activo o pasivo que adoptaba el ciudadano; ser activo es actuar como un macho frente al partenaire sexual, y lo que condenaban era la pasividad del varón, importando poco si era pasivo frente a una mujer o con otro hombre.
    Esta noción, que era muy propia de las sociedades patriarcales y / o guerreras, en que se atribuyen al varón roles dominantes en lo sexual, económico y político, no es exclusiva de la sociedad romana, pero su difusión a través de la cultura y el derecho romano ha dejado una sólida impronta que prevalece en nuestras sociedades hasta nuestros días y que explica parte de las actitudes que mantenemos hacia las sexualidades no ortodoxas y hacia la afectividad, incluso no catalogada homosexual, entre varones.

    Poco después llegó el buen San Pablo, un hombre cero progresista, que apoyó muchos de los argumentos romanos como si fueran palabra del señor y declaro que la mollities, o pasividad masculina, era una grave falta en la cada vez más amplia escala de pecados de la carne, y la comete cualquier varón que permite que su cuerpo sea empleado por otra persona, ya sea hombre o mujer, para obtener placer. Este tabú hacia la pasividad en el varón, que lo “degrada” del lugar preferencial entre los géneros al “nivel inferior que le corresponde a la mujer”, se ha mantenido firme hasta nuestros días, nada más que las palabras cambiaron: en determinados lugares de México y Latinoamérica el homosexual es el hombre que es penetrado por otro, no el que penetra, a quien recibe la penetración se le llama “pasivo” y se le ve en una escala inferior al “activo” que ejecuta la penetración.

    Frente a las premisas contra la búsqueda del placer o la equivalencia entre sexualidad y reproducción, la prohibición contra la pasividad del hombre es el factor de mayor peso en el mantenimiento de la homofobia; es por esta razón que la mayor parte de críticas a la homosexualidad aludan a la figura del hombre que se feminiza, y también por la que la homosexualidad masculina causa mayor revuelo que la femenina. Otra evidencia del tabú hacia la pasividad masculina está en el discurso social, donde los chistes y anécdotas de humor hacen burla del hombre “dominado”. La feminización del hombre despierta el rechazo de homosexuales y heterosexuales por igual: cuando el hombre gay abre su sexualidad homoerótica a sus padres, el principal temor de éstos es que su hijo desarrolle conductas notorias de “afeminamiento”; cuando dos grupos de hombres gay se confrontan, surge espontáneamente una jerarquización donde los más femeninos quedan en la base y los más masculinos se instalan arriba de la jerarquía.

    En la homofobia se asume que el hombre homosexual esta renunciando a su lugar en la jerarquía de género, quedando “a nivel de las mujeres” (se asume también que en consecuencia esto invertiría el orden social) y mereciendo el escarnio público por tal “degradación”. De este modo se asocia el mito de la superioridad del varón, con la homofobia; de hecho, la homofobia es un mecanismo de control que previene que muchos hombres se muevan en esta estructura de poder, pues saben que renunciar a su postura privilegiada en la jerarquía de género les hará receptores de la desacreditación y el escarnio.

    La gran pregunta después de esta reflexión es: ¿cuando obedeces a tus prejuicios, identificas cuál es la premisa que los motiva? La mayoría de nosotros mantenemos rasgos homofóbicos, independientemente de nuestra orientación sexual, porque guardamos premisas acerca de cómo debe de vivirse la sexualidad, asumiendo que hay una manera que es la adecuada para todos de vivirla. ¿Tu identificas cuales son las premisas detrás de cada uno de tus prejuicios? Es probable que sea un tema más relevante el qué haces con tus prejuicios, que el hecho mismo de que los tengas; y es posible que conociendo tus propias premisas, puedas elegir mejor actuar o no obedeciendo tus prejuicios o decidir, incluso, descontinuarlos. La chamba es tuya.

    Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C