viernes, 14 de febrero de 2014

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Donde nace la fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad es la potencia requerida para materializar los cambios que pretendemos para nosotras o nosotros mismos y para nuestra vida. Se dice que cuando estamos bien motivados, la voluntad es mucha; pero cuando no, incluso el levantar un dedo nos cuesta horrores.

Al mismo tiempo, la imaginación es esa capacidad con la que todos los seres humanos estamos familiarizados, y que nos permite bocetar nuevas realidades y distintas alternativas de acción. Recordar es usar la memoria, imaginar es tomar un recuerdo y reelaborarlo desde diferentes perspectivas, cambiando las situaciones y dándole otros sentidos. Imaginar es tomar un elemento mínimo y construir historias completas, narrativas nuevas, aventuras sorprendentes.

La imaginación es también donde construimos expectativas y desde donde futurizamos. Los grandes proyectos personales son a primera instancia imaginados, después proyectados. Cualquier proyecto social es de inicio una imaginación.

La “idea” es la unidad mínima de la imaginación, y hay algo muy interesante con las ideas que tenemos, porque algunas tienen un peso propio y una forma tan específica que nos atraen a ellas para materializarlas, y cuando no lo hacemos nos frustramos. Una buena idea necesita ser platicada, compartida, ejecutada y aterrizada en la vida para cambiar la realidad.

La imaginación alimenta nuestra realidad a través de nuestros actos de voluntad; por ejemplo, si yo tengo la idea de que el idioma inglés es una lengua desagradable, el aprender a hablarlo me va a ser doblemente difícil que para otra persona que imagina cosas positivas acerca del mismo idioma, no tendré tanta voluntad para aprenderlo. A veces pasa que nos hemos imaginado cosas tan emocionantes para nuestro futuro, que lo último que queremos es quedarnos con las ganas, porque “quedarse con las ganas” es en sí mismo, el hecho de haber generado fuerza de voluntad y no permitirnos aprovecharla.

La fuerza de voluntad es el juguito que les sale a las buenas ideas, a esas ideas sólidas, emocionantes y con las que nos sentimos identificados. Cuando imaginamos una situación que sintoniza con nuestros valores, es necesario poner manos a la obra; y ese impulso es la fuerza de voluntad.

El gran inconveniente de la imaginación es que la tenemos muy desacreditada, ¿podría ser que fueras de esas personas que creen que la imaginación es nada más cosa de niños?, hay quienes piensan que cerrar los ojos y dedicarse a imaginar es una pérdida de tiempo, o que prestarle demasiada atención a nuestra imaginación puede conducirnos a la locura. En más de un sentido, la imaginación nos asusta, y la descartamos  afirmando que no es real. Pero lo cierto es que la imaginación es nuestra pre – realidad.

Supongamos que tienes una entrevista de trabajo importantísima y que te asusta mucho la posibilidad de no conseguir el puesto, imaginas al reclutador gritándote que te marches y que no le hagas perder el tiempo: “¿señorita, para que aplica a este puesto si es una incompetente?”, “¿caballero, en qué borrachera pensó que nos interesaríamos por usted?”. Cuando imaginamos escenarios catastróficos, nuestra fuerza de voluntad materializa realidades catastróficas.

Y lo bonito reside en que cuando imaginamos escenarios esperanzadores, materializamos realidades esperanzadoras, porque la realidad que vivimos es lo que construimos con nuestra voluntad, y si nos gustamos o no, si nos gusta nuestra realidad o no, es por como administramos esa fuerza.

Pero por alguna razón, mientras podemos imaginar escenarios catastróficos con absoluta espontaneidad y sin esfuerzo, los escenarios esperanzadores nos cuesta un poco más de trabajo.  Para hacernos la película donde el reclutador nos dice “será muy productivo el que usted se incorpore a nuestra empresa y le agradecemos que nos haya considerado en su proyecto profesional”, necesitamos manipular conscientemente la imaginación y construir estas expectativas que van a impulsar nuestra voluntad.

Si imagino escenarios catastróficos, debilito mi fuerza de voluntad. Si imagino escenarios esperanzadores, seré imparable.

Para operar de manera consciente mi imaginación, necesito primero observar cómo funciona cuando imagino escenarios catastróficos: probablemente son secuencias de colores vívidos, de sonidos claros y estridentes, con detalles muy definidos y una permanente sensación emocional que se ancla en mi cuerpo, estas imaginaciones aceleran mi ritmo cardíaco y me cortan el aliento.

Para imaginar escenarios esperanzadores que alimenten mi fuerza de voluntad, necesito visualizar entonces colores vívidos, sonidos claros, detalles definidos… la única diferencia es que deberé hacerlo de manera consciente y con total intención. Te apuesto a que con el tiempo, si lo haces las suficientes veces, empezarás a lograrlo de manera natural y espontánea porque se volverá un hábito nuevo.

¿Tienes una meta a la que te gustaría imprimirle más fuerza de voluntad?, imagínate alcanzándola, visualízate experimentando ya ese logro, imagina lo que te dirán las personas con quienes compartas ese éxito, lo que cambiará en tu vida como repercusión a ese objetivo alcanzado y las sensaciones emocionales y físicas que te generará la satisfacción por ese logro. Dalo por hecho, porque ya lo imaginaste.

Tu fuerza de voluntad nace de lo sólido que sea lo que tú te imaginas, vive tu imaginación como tu pre – realidad y moldea tu vida desde esta dimensión.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C
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Donde nace la fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad es la potencia requerida para materializar los cambios que pretendemos para nosotras o nosotros mismos y para nuestra vida. Se dice que cuando estamos bien motivados, la voluntad es mucha; pero cuando no, incluso el levantar un dedo nos cuesta horrores.

Al mismo tiempo, la imaginación es esa capacidad con la que todos los seres humanos estamos familiarizados, y que nos permite bocetar nuevas realidades y distintas alternativas de acción. Recordar es usar la memoria, imaginar es tomar un recuerdo y reelaborarlo desde diferentes perspectivas, cambiando las situaciones y dándole otros sentidos. Imaginar es tomar un elemento mínimo y construir historias completas, narrativas nuevas, aventuras sorprendentes.

La imaginación es también donde construimos expectativas y desde donde futurizamos. Los grandes proyectos personales son a primera instancia imaginados, después proyectados. Cualquier proyecto social es de inicio una imaginación.


miércoles, 15 de enero de 2014

La psicoterapia, hoy.

La psicoterapia es una disciplina que ha venido modificándose y adaptando con el paso de las décadas; existe tan en función de la sociedad, que cuando las sociedades cambian, lo mismo lo hace la psicoterapia y en este contexto, también el psicoterapeuta.

Su objetivo es proporcionar soluciones a los problemas cotidianos, y al mismo ritmo en la sociedad cambia la definición de “problema” o “salud”, y la manera de abordar las dificultades, también cambia y se adaptan las premisas de la psicoterapia. No es necesario abundar mucho en el cómo hace cincuenta años algo podía ser un grave problema y hoy apenas un asunto simple y habitual de la vida cotidiana. Los valores de las sociedades evolucionan, como también lo hacen nuestros intereses, expectativas y recursos personales de los que echamos mano para afrontar la vida.

Pero frente a esta evolución incontenible, cuando hablamos de la psicoterapia los referentes que tenemos más a la mano son las viejas usanzas y los viejos modelos de hacer terapia: un diván, un hombre con barba expresándose en monosílabos, y el prolongado etcétera que a cada quién se le puede ocurrir. La vieja psicoterapia no es apetecible para los valores de hoy en día, por eso y con esas imágenes pasadas de moda, muchas personas descartan la psicoterapia como una posibilidad útil.

Hoy en día no buscamos quién nos diga que hacer o nos juzgue desde una postura de superioridad, tampoco nos interesa demasiado hablar interminablemente sin recibir ninguna retroalimentación. Así era la vieja psicoterapia y funcionaba para esa sociedad que fuimos alguna vez. Obvio, ya no.

Antaño aplicaba muy bien el chiste de que “la psicoterapia es la única profesión donde el cliente nunca tiene la razón”. Hoy no reímos tanto con esta broma.

En la actualidad existen cerca de doscientos modelos distintos de psicoterapia, hablo de los reconocidos, al menos: terapia gestáltica, cognitiva – conductual, sistémica, conductista, racional – emotiva, de redecisión, programación neutro – lingüística o psicodinámica entre muchas otras. Cada una de ellas tiene su propia manera de operar y construir el cambio, pero hoy todas comienzan a alinearse en un nuevo enfoque donde lo que “funciona” se impone sobre lo que “no funciona”, donde los recursos de la persona son tan o más importantes como el problema, y donde la persona es experta en su propia vida. Ahora en la psicoterapia sucede que desde el diálogo se construyen mejores realidades.

Por eso, la psicoterapia es algo distinto a los clichés que todavía vemos en los programas de televisión, en los que por razones de entretenimiento, se estereotipan tanto al o a la psicoterapeuta, como a la tremenda diversidad de personas que se apoyan en este servicio.

Con el auge del desarrollo humano como concepto que se ha independizado propiamente de la psicoterapia, la psicoterapia ha desarrollado metodologías muy puntuales para no solo curar heridas emocionales o resolver temas pendientes del pasado, sino también para auxiliar en los procesos de toma de decisiones, para desarrollar habilidades como la creatividad, el empoderamiento, la inteligencia social o sexual y el liderazgo, autoestima, y etcétera, o simplemente conocerse mejor a una o uno mismo.

La psicología como ciencia humana, y la psicoterapia como disciplina profesional, han necesitado aterrizar sus prácticas en la vida cotidiana para ser de utilidad y mantenerse vigentes en la sociedad moderna (o postmoderna), para eso tuvieron que resignificar e incorporar profundamente las nuevas nociones de humanismo, espiritualidad y practicidad. Porque, ¿de qué serviría toda una teoría freudiana si no puede aterrizarse en el día a día?

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

La psicoterapia, hoy.

enero 15, 2014 Hernan Paniagua
La psicoterapia es una disciplina que ha venido modificándose y adaptando con el paso de las décadas; existe tan en función de la sociedad, que cuando las sociedades cambian, lo mismo lo hace la psicoterapia y en este contexto, también el psicoterapeuta.

Su objetivo es proporcionar soluciones a los problemas cotidianos, y al mismo ritmo en la sociedad cambia la definición de “problema” o “salud”, y la manera de abordar las dificultades, también cambia y se adaptan las premisas de la psicoterapia. No es necesario abundar mucho en el cómo hace cincuenta años algo podía ser un grave problema y hoy apenas un asunto simple y habitual de la vida cotidiana. Los valores de las sociedades evolucionan, como también lo hacen nuestros intereses, expectativas y recursos personales de los que echamos mano para afrontar la vida.


jueves, 12 de diciembre de 2013

El fantasma de las navidades pasadas

Navidad es una de esas conmemoraciones que divide opiniones: están quienes no pueden esperarse a decorar el arbolito con sus luces, escarcha y esferas, y están quienes rechazan aquella compulsión consumista con la que identifican estas fechas. Lo mismo están las personas que encuentran la navidad muy ajena, porque la asocian a una religión que no les atañe, que quienes sufren una depresión que los tortura de principio a fin del Guadalupe – Reyes. 

¿A qué se debe esta depresión navideña que atrapa a no pocas personas durante diciembre?

A decir verdad, las razones son muchas, por ejemplo: la cotidianidad del ser humano está muy sujeta a ciclos, y la vida misma obedece a este hábito ancestral. Por eso, muchas personas con enfermedades terminales suelen fallecer en vísperas de año nuevo, dejando a sus familiares y amigos con el recuerdo de “aquella navidad en la que se nos fue el Tío Crispín”. Por ello, las navidades subsecuentes quedarán impregnadas con tantito de esa pérdida lamentable, y dependerá mucho de qué tan bien se haya elaborado el duelo, es decir, aceptado y resignificado la pérdida del Tío Crispín, para poder disfrutar de las navidades futuras.

Que la navidad nos recuerde con pesar a las personas queridas que han muerto en años anteriores, es indicio de que todavía no aceptamos bien a bien su partida, y es recomendable visitar a un tanatólogo para que nos ayude a desprendernos de esa carga que aún pesa sobre nuestros hombros.

El fantasma de las navidades pasadas

diciembre 12, 2013 Hernan Paniagua
Navidad es una de esas conmemoraciones que divide opiniones: están quienes no pueden esperarse a decorar el arbolito con sus luces, escarcha y esferas, y están quienes rechazan aquella compulsión consumista con la que identifican estas fechas. Lo mismo están las personas que encuentran la navidad muy ajena, porque la asocian a una religión que no les atañe, que quienes sufren una depresión que los tortura de principio a fin del Guadalupe – Reyes. 

¿A qué se debe esta depresión navideña que atrapa a no pocas personas durante diciembre?

A decir verdad, las razones son muchas, por ejemplo: la cotidianidad del ser humano está muy sujeta a ciclos, y la vida misma obedece a este hábito ancestral. Por eso, muchas personas con enfermedades terminales suelen fallecer en vísperas de año nuevo, dejando a sus familiares y amigos con el recuerdo de “aquella navidad en la que se nos fue el Tío Crispín”. Por ello, las navidades subsecuentes quedarán impregnadas con tantito de esa pérdida lamentable, y dependerá mucho de qué tan bien se haya elaborado el duelo, es decir, aceptado y resignificado la pérdida del Tío Crispín, para poder disfrutar de las navidades futuras.

Que la navidad nos recuerde con pesar a las personas queridas que han muerto en años anteriores, es indicio de que todavía no aceptamos bien a bien su partida, y es recomendable visitar a un tanatólogo para que nos ayude a desprendernos de esa carga que aún pesa sobre nuestros hombros.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El dilema disfuncional de la Familia Ideal

Desde la década de los setenta ha habido una tremenda difusión a lo que los medios de comunicación primero, y después los programas gubernamentales han definido como la familia ideal. En las series de televisión hemos visto agrupaciones familiares donde, salvo algún que otro conflicto intrascendente, todo es armonía, amor y colaboración: la familia Ingalls en su casita de la pradera, los Adams que aunque un poco locos, bastante “funcionales”, y etcétera. No es difícil prolongar esta lista de aquél entonces, hasta la serie animada de “Padre de Familia” que dejará de transmitirse en el 2014.

El modelo de la familia ideal nos ha vendido, y nosotros nos hemos comprado, la sentencia de que para que una familia sea funcional, necesita incluir una mamá, un papá y al menos dos hijos para que se hagan compañía mutuamente, que según porque los hijos únicos crecen traumatizados. La familia ideal puede incorporar uno o ningún perro al grupo, según sea el gusto. Con este bombardeo cultural, en Latinoamérica y especialmente aquí en México, hemos asumido peligrosamente que una familia sin estos elementos es una familia incompleta y disfuncional.

Y no solamente atribuimos que para que una familia funcione debe contar con todas estas piezas; porque además, cada integrante de la familia ideal tiene una función específica que cumplir: el papá trabaja y trae dinero, la mamá cocina y cuida de la casa, el hijo es responsable de cuidar a su hermana y la hija ayuda a la mamá a servir la comida y ver que se le ofrece a su hermano. Y de nuevo, si hay alguien que no cumpla con la labor prescrita dentro de la familia, la familia entera recibe la etiqueta de disfuncional. ¿La mamá trabaja y el papá no encuentra un empleo?, ¿la hija sale a jugar fútbol americano y llega toda batida a casa?, ¿el hijo le ha dado por meterse al ballet?

Con esta carga de exigencias sociales, tendemos a olvidar que la función de una familia es aportar y contribuir a que personas de bien se incorporen en nuestra sociedad. Por eso es verdad que la estabilidad familiar es importante, o que lo que aprendemos en la familia determina como nos relacionaremos con las personas y las instituciones cuando seamos mayores, y así. Pero ¿qué es una familia disfuncional?

Según el modelo de la familia ideal, obviamente una familia disfuncional es toda aquella familia que no se apegue al patrón ideal. Y entonces uno sale a las calles buscando un ejemplo satisfactorio de “familia ideal” y regresa a casa si haber encontrado ninguna. Eso querría decir que lo habitual y cotidiano en las familias es ser disfuncionales; y en parte es correcto.

No se trata de que por formar parte de una familia donde los papás se han separado, o donde el hijo menor se hace cargo de la casa, todos estén condenados a la disfuncionalidad. Subrayo, no se trata de eso: el modelo de la familia ideal no es la clave de la armonía o la funcionalidad. La clave para una familia funcional es que cada familia encuentre su propia y única manera de funcionar, la manera de organizarse que más les acomoda y el estilo para comunicarse que mejor les resulta.

En cualquier ocasión en que una familia trata de seguir los patrones que otra familia mantiene para relacionarse, en ese momento empezarán a tener conflictos; básicamente porque el contexto que rodea a una, es bien distinto al contexto de todas las demás. No importa si a los Gutiérrez les funciona muy bien esa manera de hacer las cosas, a los Hernández no les va a resultar, porque ellos tienen que encontrar su propia manera.

¿Cómo saber si estamos funcionando? En primera instancia, olvidémonos de perseguir al fantasma de la familia ideal, ese solamente funciona en los cuentos modernos de las telenovelas mexicanas. Y eso a veces.

Sabrás que tu familia está funcionando cuando las reglas que se ponen para relacionarse, son reglas que se mantienen y no cambian de la noche a la mañana; es decir, no está padre si lo mismo que en su momento mereció un castigo, hoy causa indiferencia o incluso celebración.

Sabrás que tu familia funciona si los roles están definidos para cada quien según su edad, posición en la familia y recursos personales, pero esos roles se originan en el contexto de la familia, no de estereotipos donde “por ser el hombre tiene que traer dinero” o “por ser mujer no sale de la cocina”. Cuando los hijos regañan a los papás, por ejemplo, podemos intuir probablemente que los roles se han invertido.

Sabrás además que la comunicación no está funcionando en tu familia cuando las emociones se van quedando estancadas; es decir, cuando llegas a casa y todos están enojados en mayor o menor grado, cuando están más o menos nerviosos o asustados, tal vez tristes o etcétera. Las emociones fluyen conforme fluye la comunicación; por eso, si notas que a la dinámica emocional de tu familia ya se le trabó las velocidades, pregúntate de qué asunto importante no están hablando.

Vamos, que si en tu familia van a cambiar las reglas, es importante que hablen acerca de eso y puntualicen las razones de ese cambio y el modo en que se va a abordar eso mismo en el futuro. Los acuerdos son así también: si hoy acordaron hacer las cosas de cierto modo y en determinado momento ese acuerdo ya no funciona, en lugar de cambiar el acuerdo espontáneamente, háblenlo y planteen mediante una nueva negociación, una nueva estrategia.

La familia suele ser una estructura social jerarquizada, donde cuando hay hijos, ellos van abajo y papás y mamás van arriba; los adultos por su mayor experiencia de vida y amplitud al evaluar las circunstancias tienen derecho de veto y mayor opinión en la toma de decisiones. Está bien que involucremos a los niños en el proceso de decidir, pero es muy estresante para ellos hacerse responsables de las decisiones desde los recursos que tienen que, por ser niños, todavía son poquitos.

Todas las familias tienen lo necesario para funcionar, y estadísticamente, son más las familias que funcionan que las que no lo hacen. Una familia donde falta el papá, puede ser una familia muy funcional; también lo puede ser una familia con dos mamás o con dos papás; una familia sin papás, o una donde en vez de papás hay abuelos y etcétera. Lo funcional no depende de quiénes conforman la familia, sino la calidad de la comunicación entre sus integrantes y su capacidad para adaptar su organización según los retos que como familia van afrontando.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C