jueves, 19 de septiembre de 2019

No te derrumbes

Cuando una catástrofe sucede cerca de ti o te ocurre directamente a ti, tus pensamientos probablemente se van a enganchar con las circunstancias que te rodean. El peligro es que con ellos alimentarás las emociones de zozobra, desesperanza y miedo.

¡Para!

Da una palmada con tus manos y para, o grita DETENTE¡! y frena los pensamientos que pueden llevarte a emociones mas oscuras que nublen tu estado de ánimo y obstaculicen tus procesos de toma de decisiones.

Tendemos a futurizar, a creer que “esto” es lo peor que nos pudo haber pasado, y que ya nada será lo mismo… pero recuerda, nada dura para siempre: las cosas malas no duran para siempre, y las cosas buenas tampoco.

No es algo personal, probablemente no se trata de que la vida te esté castigando ni nada por el estilo, es solo que las cosas malas suceden, y hoy lamentablemente te sucedió a ti.

viernes, 13 de septiembre de 2019

¿Porqué es importante ser felices?

La primera vez que consideré estudiar psicología, yo creía que serviría para ayudar a las personas a ser felices. Después, simplemente me gustaba la psicología porque me explicaba un poco del cómo funcionábamos las personas.

Luego volví a conectar con el concepto aquél de la felicidad, y me acordé de lo lindo que sería eso de ayudar a la gente a ser feliz, y entonces quise hacerme psicoterapeuta.

Llevo pues, tantito más de 15 años dedicándome a la psicoterapia, y si he de confesarles algo, es que jamás nadie ha buscado mis servicios con el objetivo explícito de ser feliz.

¿Y luego, entonces?

Pues que parece que he tenido que irle vendiendo a la gente la perversa idea de que es mejor caminar hacia la felicidad, que tratar de huir de la depresión o de la ansiedad… con relativo éxito en mi labor de venta.

¿Te cae, que es más efectivo ir por la felicidad que pelearte contra la ansiedad? …así es, y te explicaré porqué.

¿Porqué es importante ser felices?

La primera vez que consideré estudiar psicología, yo creía que serviría para ayudar a las personas a ser felices. Después simplemente me gustaba la psicología porque me explicaba un poco del cómo funcionábamos las personas. Luego volví a conectar con la felicidad y me acordé de lo lindo que sería eso de ayudar a la gente a ser feliz, y entonces quise hacerme psicoterapeuta.

Llevo pues, tantito más de 15 años dedicándome a la psicoterapia, y si he de confesarles algo, es que jamás nadie ha buscado mis servicios con el objetivo explícito de ser feliz. ¿Y luego, entonces? Pues que parece que he tenido que irle vendiendo a la gente la perversa idea de que es mejor caminar hacia la felicidad, que tratar de huir de la depresión o de la ansiedad... con relativo éxito en mi labor de venta.

¿Te cae que es más efectivo ir por la felicidad que pelearte contra la ansiedad? ...yep.

Te desafío a no pensar en un oso pardo. Ya sabes, un gran oso que hace acrobacias sobre una pelota de colores, mientras la bola rueda sin ella poncharse ni el úrsido animal caerse al suelo. Te desafío a no pensar en el oso con su chaquetita roja como si fuera un ser humano, y un sombrerito marroquí con una borla dorada colgándole de un estambre. No, no pienses en un oso pardo. ¿Lo lograste?

martes, 27 de agosto de 2019

Extraviados en la fidelidad

3:30 a. m. y veo la noche deslizarse, llevándose lejos la posibilidad de que yo pueda dormir. La cabeza me da vueltas como a la niña del Exorcista… mas o menos, al menos yo no floto sobre la cama, y pienso en esto que tengo atorado entre sentimiento y pensamiento:

…estoy en terapia de pareja, yo soy el terapeuta, ellos no tienen sexo desde hace meses y por eso se miran como dos bulldogs a punto de decidir quien tira la primera mordida.

Ella, entre atisbos de feminismo, declara que no tiene porqué estar disponible para él, cuando el marido anda caliente; que ella no es un objeto sexual, un juguete suyo o una muñeca inflable, dice. Que su cuerpo es de ella y no de la pertenencia de nadie más. Yo le doy la razón, y en ese momento fugaz, el marido me odia.

Le doy la razón a ella, porque yo mismo no llevo 25 años perdiendo el tiempo dos horas diarias en el gimnasio para que otras personas pretendan procurarse placer a expensas de mi cuerpo… mío, de mi… para mí, desde mi.

Extraviados en la fidelidad

3:30 a. m. y veo la noche deslizarse, llevándose lejos la posibilidad de que yo pueda dormir. La cabeza me da vueltas como a la niña del Exorcista... mas o menos, al menos yo no floto sobre la cama, y pienso en esto que tengo atorado entre sentimiento y pensamiento:

...estoy en terapia de pareja, yo soy el terapeuta, ellos no tienen sexo desde hace meses y por eso se miran como dos bulldogs a punto de decidir quien tira la primera mordida. Ella, entre atisbos de feminismo, declara que no tiene porqué estar disponible para él, cuando el marido anda caliente, que ella no es un objeto sexual, un juguete suyo o una muñeca inflable, dice. Que su cuerpo es de ella y no de la pertenencia de nadie más, y yo le doy la razón, y en ese momento fugaz el marido me odia.

Yo le doy la razón a ella, porque yo mismo no llevo 25 años perdiendo el tiempo dos horas diarias en el gimnasio para que otras personas pretendan procurarse placer a expensas de mi cuerpo... mío, de mi... para mí, desde mi.

Igualmente, suyo, el cuerpo de ella para la satisfacción y bienestar de ella y de aquél, aquella o aquellos con quien le apetezca a ella compartir su erotismo, o no, que lo mismo es derecho suyo.

domingo, 25 de agosto de 2019

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La clave de la buena suerte

Recientemente leí ”The Luck Factor” de Richard Wiseman, y algo me quedó muy en claro: la inteligencia emocional da buena suerte. Es de buena suerte mantener una mente enfocada en lo que podemos controlar, evitando desgastarnos en cuanto no está a nuestro alcance.

Es de buena suerte confiar en que nuestra vida está en nuestras manos y que al menos, hay un 80% de posibilidades de alcanzar lo que nos hemos propuesto.

Es de buena suerte dejar de correr y conectar con nuestros sentidos en eso que vamos haciendo a cada momento, disfrutando los procesos por encima de los resultados.

También es de buena suerte mantener una actitud de apertura para conocer personas nuevas y establecer nuevas relaciones, nutrirlas y dar oportunidad de que agreguen valor inesperado a nuestra vida.

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La clave de la buena suerte

Recientemente leí ”The Luck Factor” de Richard Wiseman, y algo me quedó muy en claro: la inteligencia emocional da buena suerte. Es de buena suerte mantener una mente enfocada en lo que podemos controlar, evitando desgastarnos en cuanto no está a nuestro alcance.

Es de buena suerte confiar en que nuestra vida está en nuestras manos y que al menos, hay un 80% de posibilidades de alcanzar lo que nos hemos propuesto.

Es de buena suerte dejar de correr y conectar con nuestros sentidos en eso que vamos haciendo a cada momento, disfrutando los procesos por encima de los resultados.

También es de buena suerte mantener una actitud de apertura para conocer personas nuevas y establecer nuevas relaciones, nutrirlas y dar oportunidad de que agreguen valor inesperado a nuestra vida.

Es de buena suerte creer que todo tiempo futuro será mejor...