domingo, 6 de febrero de 2011

Erastes del siglo XXI: los roles sexuales

En la Grecia Clásica era común el que los hombres tuvieran sexo con otros hombres, era un rasgo de virilidad, quizá no era tan común la misma práctica entre mujeres, pero entre varones se le asociaba a elementos sociales de poder y enseñanza. Los hombres de mayor rango, principalmente mayores en edad, eran los erastes, o quienes tenían un rol activo durante el acto sexual; los erómenos, por el contrario, solían ser más jóvenes y quienes debían ser sexualmente receptivos. Tal era la usanza y la tradición.
De esta manera, cada hombre tenía, si bien la oportunidad de mantener una sexualidad homoerótica a su antojo, también la obligación de ser erastes o erómenos según su rango, su edad y algunas otras circunstancias; era inalienable. Esto es que si un erómenos tenía a bien adoptar un papel activo en el coito, la sociedad al enterarse lo tachaba de insubordinado; y si a un erastes se le antojaba ser penetrado en el acto sexual por su compañero, la misma sociedad le volvía objeto de burla y escarnio. Finalmente, aún entre los griegos había una notoria intolerancia sexual.

Pero eso es lo que sucedía en aquél entonces, momento histórico en el que un hombre solamente tenía a su disposición una alternativa para buscar el placer homoerótico. Años ya han pasado a montones, y sin duda muchas cosas han cambiado conforme el tiempo ha transcurrido hasta traernos a nuestra época.

Vamos, en la sociedad moderna nuevamente es común que hombres tengan sexo con otros hombres, hecho que es palpable en los medios de comunicación y en la cotidianidad de las calles. Hay una creciente aceptación social que, empero, no alcanza aún a ser completa, y se reconoce paralelamente que también a las mujeres les apetece relacionarse eróticamente entre ellas, pero carecen, como en la Grecia Clásica, de la visibilidad social de la que ellos gozan.

Los hombres homosexuales o gay, suelen agruparse en dos categorías: pasivos (quienes durante el coito reciben la penetración) y activos (los que penetran), lo que hace referencia al tipo de conducta al que recurren durante el acto sexual. Para cada categoría la sociedad gay asocia una serie de atribuciones, es decir, en tanto que se espera que los hombres activos sean dominantes, se deja para los pasivos el ser sumisos; mientras los activos sean masculinos, los pasivos se mostrarían femeninos; etcétera. En este momento histórico cuando un hombre se identifica como gay, no es directamente víctima del escarnio social, principalmente en las grandes ciudades, pero lo es si reconoce públicamente ser pasivo, porque según San Pablo y otros intelectuales, quien debe se objeto de toda penetración sexual debe de ser la mujer.

Es una cuestión de prestigio y poder que impide el que un hombre usualmente activo, pruebe un rol pasivo: en un contexto donde los hombres están por encima de las mujeres, se estila que los gays masculinos estén por encima de los gays femeninos (en el caso de que la existencia de éstos últimos sea algo más que un prejuicioso mito). Así, el ghetto se estratifica a partir de una cuestión tremendamente sutil: el modo en que se disfruta de la sexualidad, emparejándonos sin empacho con la idiosincrasia de los antiguos griegos.

¿Qué hay con todo esto? Que si bien para los griegos ser erómenos o erastes era una atribución inalienable, obligatoria, que se proyectaba más allá de su elección personal, en la sociedad actual tendemos a asumir que ser pasivo y activo son calidades igualmente inalterables. Hay quien al considerarse activo teme explorar el rol pasivo por miedo a mellar su masculinidad, y que al encontrar un recurrente gusto por ser sexualmente receptivo, su forma de ser se afemine, se le note más el ser homosexual o, simplemente, se convierta en objeto de burla al hacerse público que al menos en alguna ocasión a él le agradó ser pasivo.

Por otra parte, entre el conjunto total de hombres en el mundo, hay personalidades específicas para las que el control es una meta muy atractiva por alcanzar; sentir el poder, en varias de sus manifestaciones, les es altamente gratificante. Esto es hablar de hombres con actitudes dominantes, que no necesariamente deban de modificar este rasgo en su forma de ser, pero que frecuentemente su anhelo de dominio les lleva en el terreno sexual a buscar un insistente papel activo que les permita dominar al otro (la tendencia leather es un útil ejemplo de lo anterior), volviendo el acto sexual en un velado juego de poderes.

El problema, ya sea que haya de por medio un temor a lesionar su masculinidad, la necesidad de dominio sobre el otro o un mero hábito sexual que le conduce a un hombre a ser siempre activo, surge cuando lo que se pierde es el impulso a explorar; dado que el éxito del placer sexual se deriva de la innovación y el ejercicio de la creatividad, el recurrir constantemente al mismo y único modo de obtener placer (nota que también incluye a quienes siempre buscan placer en la receptividad sexual) puede desgastar esa práctica y volver el sexo anodino, sin chiste y en una simple manera de aliviar la tensión sexual, pero sin el placer orgásmico de por medio.

Innovación es renovar la dinámica incluyendo nuevas posturas sexuales, experimentar otros roles, integrar elementos a la relación sexual como juguetes, comida, etcétera. Al faltar la innovación surge esta especie de tedio sexual que exalta el placer del sexo con desconocidos (si no innovas cambiando tu técnica, lo haces cambiando a tu compañero sexual) que hace de la relación sexual un acontecimiento novedoso y fresco de per se, en tanto que se mantenga nueva y fresca por sí misma.

El tip aquí no es, sin duda, dejar de tener sexo con desconocidos, sino cambiar y variar el estilo para enriquecer el acto sexual y no anclar la sexualidad en un solo rol, conformándose tan sólo con la mitad de las probabilidades de sentir placer. Afortunadamente, en tiempos recientes ha habido una mayor cantidad de hombres que se definen como inter, es decir, que encuentran placer tanto en el rol activo como en el pasivo durante el coito, y aunque probablemente el placer para ellos, o para cualquiera, será mayor con la estimulación del glande o de la próstata, según su gusto, no dudan en recurrir a todas las fuentes de éxtasis para alcanzar un orgasmo pleno.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

Erastes del siglo XXI: los roles sexuales

febrero 06, 2011 Hernan Paniagua
En la Grecia Clásica era común el que los hombres tuvieran sexo con otros hombres, era un rasgo de virilidad, quizá no era tan común la misma práctica entre mujeres, pero entre varones se le asociaba a elementos sociales de poder y enseñanza. Los hombres de mayor rango, principalmente mayores en edad, eran los erastes, o quienes tenían un rol activo durante el acto sexual; los erómenos, por el contrario, solían ser más jóvenes y quienes debían ser sexualmente receptivos. Tal era la usanza y la tradición.

De esta manera, cada hombre tenía, si bien la oportunidad de mantener una sexualidad homoerótica a su antojo, también la obligación de ser erastes o erómenos según su rango, su edad y algunas otras circunstancias; era inalienable. Esto es que si un erómenos tenía a bien adoptar un papel activo en el coito, la sociedad al enterarse lo tachaba de insubordinado; y si a un erastes se le antojaba ser penetrado en el acto sexual por su compañero, la misma sociedad le volvía objeto de burla y escarnio. Finalmente, aún entre los griegos había una notoria intolerancia sexual.

Pero eso es lo que sucedía en aquél entonces, momento histórico en el que un hombre solamente tenía a su disposición una alternativa para buscar el placer homoerótico. Años ya han pasado a montones, y sin duda muchas cosas han cambiado conforme el tiempo ha transcurrido hasta traernos a nuestra época.


sábado, 5 de febrero de 2011

El tema del sobrepeso en la actualidad

Platicaba un día con mi amigo acerca de cualquier cosa, cuando de repente saltó a la conversación la palabra gordo, y no es que sea una mala palabra, ni altisonante por demás, pero mi amigo se alebrestó ante la sola mención y protestó sintiéndose peyorativamente aludido. Mi amigo, quien por cierto tiene 31 años y es ganador de varios certámenes de culturismo, hasta hace algunos años estaba gordo, muy gordo. Que loco, ¿no?

Punto número uno: ¿Es válido decir que alguien es gordo o es mejor decir que está gordo? Vamos, “estar” gordo implica que se tiene sobrepeso, que la cintura mide cierta cantidad de jocosos centímetros extra y que probablemente los hábitos alimenticios le queden un poquito desordenados. Pero con estas características no decimos de quién se trata ni hablamos de su identidad, solo decimos que, sea quien sea, está gordo. Otro cantar es decir que alguien “es” gordo, la onda se vuelve más personal. Decir que se es algo, es definir con totalidad a la persona, y a pocas personas les gustaría ser definidas mediante un calificativo tan poco halagüeño como “gordo”, o “flaco” o “pecoso”, porque a todas luces somos más que eso. No son características relevantes que te digan como es uno en esencia, y cuando son usadas de esta manera, da la impresión de que no hay nada más trascendental respecto a alguien que el hecho de que está gordo.

Así que no es lo mismo estar gordo que ser gordo. Ontología para principiantes.

Punto número dos: ¿Te has puesto a pensar lo que para nosotros significa estar gordo? Imagínate un hombre gordo, de lonjas por demás generosas y una mujer igualmente rellenita, ambos desnudos y al filo del la excitación, teniendo sexo desenfrenadamente en el catre a la luz de las velas. ¿Qué pasó?, si eres como la mayoría de las personas, la idea de imaginar una situación así, probablemente te habrá un poco chocado; porque en nuestra cultura, a las personas con obesidad no se las visualiza teniendo sexo, como si el tener más curvas que la gente delgada le volviera a uno asexual. No hay cosa más castrante. Otra idea irracional ligada al sobrepeso en hombres y mujeres, es que los gorditos son simpáticos, de cajón, alegres, buenos amigos o gente en la que puedes confiar; no te los imaginas de pareja, y tan es así, que cuando en la tele o el cine vemos ese tan choteado squetch del rechazo amoroso estilo “no eres tu, soy yo…”, habitualmente se lo están diciendo, efectivamente, a un hombre con sobrepeso.

Un buen amigo me platicaba que cuando dejó de estar gordo, la gente a su alrededor le reclamaba el haber adelgazado; parecían no querer verle en otro estado que no fuese con sobrepeso, ni aceptar su libertad para dejar de ser un gordito. Se habían habituado tanto a verlo como le veían, que para muchos se volvió un conflicto el que dejara de ser la figura simpática, asexual y fraternal, nunca erotizante, que hasta entonces había sido. Presión social para mantenerte gordo… ¿Qué tal?

Hace algunos siglos, desde la Europa del medioevo hasta la China Imperial, la imagen de los hombres gordos evocaba suntuosidad, riquezas, lujos y derroche; la de las mujeres gordas, por su parte, aún hasta el Renacimiento implicaba excesos, lascivia, fertilidad y sensualidad voluptuosa. Y de repente llegó la modernidad que fue exaltando el culto a los cuerpos esbeltos, volviendo el ser delgado algo más que deseable e impulsando la constante creación de necesidades hacia ese sentido. Los gorditos dejaron de ostentar prestigio por el simple hecho de estar gordos, ahora era el turno de la gente delgada. Pero un buen día, en una de esas en que nadie presta la menor atención a lo que sucede, pasamos de buscar “ser” delgados a evitar “ser” gordos.

Suena esto a eso del vaso medio vacío, ¿verdad?

Desear estar delgado es ver de manera positiva la delgadez, sin más implicación. No hace, por sí mismo, que veamos mal a quienes no están delgados y promueve ciertas conductas que son racionales a favor de ese objetivo. La otra: evitar “ser” gordo o convertirse en “un gordo”, por el contra, es rechazar la idea de subir de peso y llevar a cabo cosas desesperadas, bastante irracionales, que nos aparten de ello; generan un miedo innecesario a la obesidad que arroja a la gente a las garras de tantas y tantas “dietas milagro” que sólo adelgazan la cartera y potencian el malestar en nuestro maltrecho organismo. Y a la par de esto, al rechazar la gordura se crea un estigma contra los gordos.

Vivimos el nacimiento de una moda contra la gente que está gorda. Ahora asociamos la obesidad con rasgos negativos como la flojera, la apatía, y otras adjetivaciones que nunca podríamos generalizar a todas y cada una de las personas con sobrepeso. Pero se les ha estereotipado dentro de una reduccionista confusión mediática, un malentendido llegado de escuchar a los organismos de salud que hablan en contra de la obesidad, esa enfermedad que viene con el sobrepeso extremo, pero jamás contra la gente, las personas que tienen sobrepeso y que, además, no necesariamente están enfermas de nada.

Lamentablemente México es un país en el que se nos da mucho la discriminación. Mucho. Y desde las calles hasta dentro de las instituciones los hombres o las mujeres con sobrepeso son víctimas de algún estigma, discriminación y la burla directa, en un mundo globalizado en el que la obesidad se va convirtiendo en un grave problema de salud pública. La obesidad llegará a convertirse en una pandemia.

Para el año 2013, México será un país de gordos. Es decir, los que hoy en día discriminan a la gente obesa, en un par de años serán a su vez discriminados. ¿Justicia poética? nop, se trata mas bien de una ausencia de sensibilidad general. No somos sensibles a nosotros mismos en la medida suficiente que nos lleve a cuidarnos y preservar tantito nuestra salud, y no somos sensibles a las otras personas para percibirlas con empatía y más allá de nuestros miedos. Porque en México, en China y en todo el mundo, cuando discriminamos, lo hacemos nada más por el miedo que nos despierta el otro. Piénsalo, es más fácil y tranquilizador creer que la obesidad le da sólo a la gente especial que tiene un montón de atributos indeseables, gente que no es como uno, evitando así pensar en la realidad que implica el que los propios hábitos alimenticios y de actividad física son tan malos como los de cualquiera y por ello también uno está en riesgo de caer en el sobrepeso. Ya no es tan sencilla la cosa cuando la vemos tan de cerquita, ¿no?

Pero mientras no hacemos consciencia, fomentamos una cultura que hace sentir mal a las personas que están gordas; con bromas, comentarios o, incluso sobreprotegiéndolos e ignorando sus necesidades reales, no conseguimos otra cosa que diluir su autoestima, generar en ellos enfermedades reales que no tenían y conflictos que nada más les complican la vida. ¿Te acuerdas de mi amigo el fisiculturista que dejó de comer para enajenarse en el gym? Y una cosa más, discriminando a la gente con sobrepeso le enseñamos a los demás como tratar a la gente que está gorda, y una vez que ellos lo aprenden, también les tratarán así de mal; y a nosotros, si en dado momento también llegamos a excedernos de peso.

Uno nunca sabe…

De cualquier manera, estar gordo no implica no estar sano. Como en todo, en la obesidad también hay niveles y matices, por eso es bueno estar al tanto del punto en que nuestro sobrepeso efectivamente implica un riesgo de adquirir diabetes, arterosclerosis e hipertensión arterial, y hasta donde no afecta el  buen funcionamiento de nuestro organismo.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

El tema del sobrepeso en la actualidad

Platicaba un día con mi amigo acerca de cualquier cosa, cuando de repente saltó a la conversación la palabra gordo, y no es que sea una mala palabra, ni altisonante por demás, pero mi amigo se alebrestó ante la sola mención y protestó sintiéndose peyorativamente aludido. Mi amigo, quien por cierto tiene 31 años y es ganador de varios certámenes de culturismo, hasta hace algunos años estaba gordo, muy gordo. Que loco, ¿no?

Punto número uno: ¿Es válido decir que alguien es gordo o es mejor decir que está gordo? Vamos, “estar” gordo implica que se tiene sobrepeso, que la cintura mide cierta cantidad de jocosos centímetros extra y que probablemente los hábitos alimenticios le queden un poquito desordenados. Pero con estas características no decimos de quién se trata ni hablamos de su identidad, solo decimos que, sea quien sea, está gordo. Otro cantar es decir que alguien “es” gordo, la onda se vuelve más personal. Decir que se es algo, es definir con totalidad a la persona, y a pocas personas les gustaría ser definidas mediante un calificativo tan poco halagüeño como “gordo”, o “flaco” o “pecoso”, porque a todas luces somos más que eso. No son características relevantes que te digan como es uno en esencia, y cuando son usadas de esta manera, da la impresión de que no hay nada más trascendental respecto a alguien que el hecho de que está gordo.

Así que no es lo mismo estar gordo que ser gordo. Ontología para principiantes.


domingo, 23 de enero de 2011

Mío, tuyo... y nuestro

Inicialmente, previo a que la historia de amor comience, tienes un grupo de amigos a los que ves con regularidad, una serie de actividades que te hacen sentirte contento contigo y ciertos hábitos que se vuelven tremendamente característicos de ti para los ojos de los demás. Luego, conoces al amor de tu vida.
Felizmente, inicias entonces la bella historia de una nueva relación de pareja, con el corazón inflamado y tu alma retacada de las más positivas expectativas; el enamoramiento fugaz da pie al amor y al compromiso, y paulatinamente tu pareja cobra mayor importancia en tu universo personal. El o ella se convierte en tu mundo. Ahora ya no sales tanto con tus amigos, ni tienes las mismas actividades que en otro momento te satisfacían, porque ahora sales con el; tu media naranja es hoy lo suficiente para cubrir todas tus necesidades y le confías la responsabilidad de seguirlo siendo. O con ella, el punto es que  tu pareja se convierte en todo para ti.

Esta es una historia de cuento de hadas, la pauta ideal para un taquillero guión de telenovela. En la secuela de esta historia, deviene necesariamente lo trágico: las miradas de amor son ahora caras largas, los temas para charlar se han terminado, el aburrimiento ha entrado en la dinámica mutua y lo que en un momento inspirara la más arrebatadora ternura, hoy no podemos ni verlo porque nos pone parados de pestañas: “¡ya no te soporto!”, ¿te suena familiar?

¿Qué fue lo que sucedió?

Pista número uno: Antes de que él o ella llegara para volverse el Romeo o la Julieta de tu existencia, tú ya tenías tu mundo de amigos definido, de actividades, de hobbies y hasta de costumbres. Cotidianamente cada quien se construye para sí mismo un entorno similar, todo un mundo para poder desarrollarse como persona integral y llegar a sentirse exitoso y pleno, o plena. El o ella, por su parte, antes de arribar a tu vida habían hecho exactamente lo mismo, tenían sus amigos, sus actividades, y un etcétera larguísimo conformando el mundo en el que habita. Pista número dos: Cuando miras sus ojos se te olvida el mundo, cuando el o ella mira los tuyos pasa la misma cosa, y cuando dejar de mirarse ya no se acuerdan de nada que no sea este o esta que ahora son el “amor de mi vida”. El error de muchas parejas es que se vuelven exclusivos uno del otro y excluyentes de todos los demás, dado que entra en juego la fantasía de que, cuando el amor es verdadero, el otro puede satisfacer todas y cada una de tus necesidades emocionales, lo que hace al argumento de “te vas con tus amigas porque no me amas lo suficiente”, un juicio peligrosamente erróneo.

Para conservar la salud de la dinámica de pareja, es indispensable que cada cual mantenga el contacto con su mundo; por mucha pasión que exista entre ambos miembros de la relación, jamás debe impedirse encontrar placer en otras compañías u otras actividades. Es a lo que podemos llamar: darse su espacio. Y teniendo cada quien su mundo, es decir, con los dos mundos previos y personales de cada uno, lo que evidentemente sigue es construir un tercero para los dos.

Vamos: mi mundo es el espacio que es solo mío y al que sólo a veces te invito para algunas salidas con mis amigos, conciertos, martes de café, tu mundo es el espacio que es sólo tuyo y al que a veces me invitas, en él te refrescas, reflexionas sobre nosotros y puedes ver nuestra relación en perspectiva, tal y como lo hago yo desde el mío. En tu mundo puede que incluso tu descanses de mí, como yo en el mio a veces necesito tomarme un descanso de ti. Y en el mundo de ambos es donde los dos tenemos el control y la injerencia de manera equitativa, ahí habita nuestra relación, y se compone de fragmentos de mi mundo y de tu mundo, tales como los amigos que se vuelven comunes, las actividades que los dos practicamos o los gustos que ambos tenemos, y de elementos que van surgiendo conforme crece la relación de pareja y que tiene que ver con ambos por igual. Cuando estos tres mundos orbitan sin colapsarse entre sí, la armonía en la dinámica de pareja se vuelve una constante.

La importancia de tener un mundo propio, ajeno a la influencia de tu pareja, es, a una primera instancia, que proporciona algo para compartir con el o ella, y algo acerca de qué conversar; en segunda instancia, es también una fuente de éxitos (éxitos sociales, laborales y demás) que dependen sólo de ti y tu esfuerzo, y que te dan la evidencia de ser alguien valioso e independiente, con lo cual apuntalas tu autoestima y minimizas las inseguridades que pueden llevarte a enfermar de celos; porque no importa lo que te digan, los celos no hacen juego con las relaciones de pareja. No es cierto que los celos sean una muestra de amor, solo denotan posesividad e inseguridad, y hablan más de quien los siente que de la persona a la que se dirigen. Vale la pena reflexionar en eso.

El respetar el mundo personal del otro es efectivamente la mejor manera de postergar la llegada del tedio y la rutina, sin embargo, no significa que jamás vayas a ser partícipe de éste. Que él o ella te integre o tu integrarle a las salidas con tus amigos o a tus actividades recreativas es una invitación a su mundo que refuerza la relación, es un acto de amor y consolida la pareja; pero deben recordar que finalmente es “su mundo” y “tu mundo”, y que se trata no’mas de una invitación, y que aún cuando las invitaciones sean tan  frecuentes como ustedes lo deseen, nunca dejarán de ser eso: visitas temporales, si te instalas en su mundo vas a apestar igual que el muerto y el arrimado. ¿Recuerdas ese dicho popular?

“Nuestro mundo” es el espacio que caracteriza a la pareja y su clave es la negociación: “a donde saldremos este fin de semana”, “de que color pintaremos la sala”, “cuando veremos a zutanito que es un amigo mutuo”, etcétera. Hay que cuidar de que este tercer mundo no se extienda y devore el territorio de los otros dos, para lo cual es necesario establecer ciertos límites: “los martes por la noche yo tomo café con mis amigos”, “no revuelvas el cajón derecho del escritorio que es donde guardo yo mis cosas” u otras situaciones. Lo cierto es que uno y otro o una y otra o uno y otra o como sea, son dos personas con un mismo proyecto en común: el de pareja, pero no dejan de ser individuos distintos con diferentes necesidades. Respetar lo “tuyo”, lo “mío” y lo “nuestro” se trata básicamente de eso: respeto; y no hay relación entre dos personas que sobreviva sin la existencia de este poderoso ingrediente.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

Mío, tuyo... y nuestro

enero 23, 2011 Hernan Paniagua
Inicialmente, previo a que la historia de amor comience, tienes un grupo de amigos a los que ves con regularidad, una serie de actividades que te hacen sentirte contento contigo y ciertos hábitos que se vuelven tremendamente característicos de ti para los ojos de los demás. Luego, conoces al amor de tu vida.

Felizmente, inicias entonces la bella historia de una nueva relación de pareja, con el corazón inflamado y tu alma retacada de las más positivas expectativas; el enamoramiento fugaz da pie al amor y al compromiso, y paulatinamente tu pareja cobra mayor importancia en tu universo personal. El o ella se convierte en tu mundo. Ahora ya no sales tanto con tus amigos, ni tienes las mismas actividades que en otro momento te satisfacían, porque ahora sales con el; tu media naranja es hoy lo suficiente para cubrir todas tus necesidades y le confías la responsabilidad de seguirlo siendo. O con ella, el punto es que  tu pareja se convierte en todo para ti.


martes, 18 de enero de 2011

Para bajar de peso, ¡cuidado con las dietas!

Hablar de nutrición se presta a muchos errores cuando no ubicamos bien lo que es una dieta, así que para prevenir futuros quebraderos de cabeza, hablemos un poco la dieta en singular y las dietas en plural.
Primero lo básico, lo que comemos son alimentos, y estos pueden ser de buen sabor algunos y otros de un gusto no muy agradable, pero todos ellos contienen moléculas de sustancias que nos son indispensables: los nutrimentos. Algunos nutrimentos son fuente de calorías, es decir, la energía que nuestro cuerpo necesita para seguir funcionando; nutrimentos son como los carbohidratos, las proteínas y los lípidos, ellos dan energía; otros son constructores e intervienen en la construcción y reparación de tejidos, como el calcio, el fósforo y nuevamente las proteínas y los lípidos. Hay un tercer grupo formado por las vitaminas, los aminoácidos esenciales y los minerales, que es llamado el de los nutrientes reguladores, porque influyen en la resistencia a enfermedades y facilitan casi todos los procesos que ocurren en nuestro organismo.

Si el interés es mantener a nuestro organismo sano, y probablemente lo es, necesitamos utilizar la comida de forma adecuada para obtener una alimentación equilibrada y variada que nos proporcione las cantidades necesarias de estos nutrimentos. Ese es el secreto de una buena nutrición y la clave para un envidiable estado de salud física y mental. Con la intensión de lograr una alimentación satisfactoria, las personas se alimentan según el tiempo del que disponen, los alimentos que tienen al alcance, sus gustos personales y sus creencias ideológicas. Todo esto determina la dieta que siguen.

Es una creencia errónea pensar que la dieta es un régimen restrictivo de alimentos que pueden o no ingerirse según lo determine un profesional; la dieta es lo que alguien suele comer cotidianamente: hay quienes se prohiben ingerir cerdo y por ello excluyen los embutidos de su dieta; otros comen poco y tienen una dieta pobre, dado que carecen del tiempo para preparar sus alimentos; y algunos más no tienen los recursos económicos para proporcionarse grandes menús, lo que evidentemente también empobrece su dieta. El factor común en la mayoría de los casos es que las personas improvisan la estructura de su dieta, según las limitaciones y ventajas con las que cuentan, en pocos casos se organiza la alimentación para volverla variada y equilibrada.

Por lo general cada alimento contiene varios nutrientes, pero ninguno los contiene todos; además el tipo y la cantidad de nutrimentos contenidos en determinado alimento pueden ser escasos. Por ejemplo, la leche contiene proteínas, grasas, carbohidratos, calcio, fósforo, rivoflavína y otras vitaminas del grupo B y vitaminas A y D, pero en cambio tiene muy poco hierro y muy poca vitamina C. La falta de un nutrimento no puede compensarse ingiriendo en exceso algún otro.

Por eso, para garantizar que nuestro organismo reciba todo lo que necesita, es aconsejable variar los alimentos. Si un día preparamos frijoles, es recomendable la próxima vez preparar sopa y la siguiente lentejas; si ayer compramos naranjas, mañana comprar manzanas. Así evitamos que, de comer frijoles durante un mes entero, nuestro cuerpo reciba sólo los nutrimentos contenidos en ésta leguminosa. No es necesario conocer con exactitud que vitaminas hay en cada alimento, que minerales o que aminoácidos, basta con hacer esta continua variación en la dieta para que recibamos lo suficiente de cada uno de ellos.

Y si ya variamos la dieta, sólo hace falta equilibrarla. La persona quien cada día come tacos al pastor, cena tacos al salir de su trabajo y compra tacos para ver el televisor con sus amigos una tarde de domingo, no sólo no esta dándole variedad, sino que tampoco la está equilibrando. Equilibrar lo que comemos significa ingerir proporcionadamente los alimentos altos en carbohidratos, como la fruta o las verduras; en proteínas, como la carne y los lácteos; y en lípidos, como los alimentos grasosos en general. Equilibrando nuestros alimentos prevenimos que un exceso de lípidos se cumule al interior de nuestras arterias dificultando la labor del corazón o causándonos la incómoda “llantita” alrededor de la cintura; igual que un innecesario incremento de proteínas que facilite la aparición de dolores musculares.

Con lo anterior en mente podemos analizar un par de regímenes que suelen gozar de gran popularidad entre las personas, pero su beneficio a la larga puede resultar muy cuestionable.

El vegetarianismo es un régimen dietético que organiza la alimentación excluyendo los productos animales. Se dice que este tipo de dieta alimentaria posee virtudes, que son difíciles de demostrar, como prolongar la expectativa de vida; sin embargo seguirla de forma estricta puede causar enfermedades carenciales como la anemia y algunos trastornos del sistema nervioso, que aparecen cuando hay un déficit de vitamina B12 y algunos minerales. Hay variedades, como la dieta lacto – vegetariana o la lacto – ovo – vegetariana que, al incluir la ingestión de huevos, leche y derivados, si cumple con los requerimientos nutritivos humanos.

La alimentación macrobiótica es un estilo de vegetarianismo mezclado con principios provenientes de la filosofía Zen – budista. En este tipo de dieta, tanto los nutrientes como los alimentos se clasifican en dos categorías: yin (femeninos) y yang (masculinos). Entre los primeros se encuentran, por ejemplo, los dulces, numerosos frutos y algunas vitaminas; entre los segundos están la carne, los huevos, etcétera. Según los principios de este régimen, es necesario un perfecto equilibrio entre alimentos yin y yang para liberar al organismo de los venenos que encierra y asegurar una vida saludable.

Este tipo de alimentación, introducida y divulgada por George Oshawa, consta de diez niveles dietéticos y en cada uno de ellos la persona va suprimiendo un grupo de alimentos, de modo que en las etapas iniciales se incluyen todavía sustancias de origen animal, pero en las finales sólo se consumen granos de cereales completos. Por eso la dieta macrobiótica no es recomendable, ya que no cubre los requerimientos mínimos de algunos minerales, de ciertas vitaminas y carece de proteínas de alto valor biológico. Al mismo tiempo, este régimen limita el agua de bebida, lo que además puede causar deshidratación y trastornos renales.

También podemos repasar algunas de los regímenes mas recurridos por la gente para reducir su peso: las llamadas dietas milagrosas, que no sólo no promueven una alimentación equilibrada y variada, sino que además ponen en riesgo la salud.

  • Dietas para perder 3 kilos o más en una semana: En general este tipo de dietas son poco efectivas porque fisiológicamente no es posible perder tres kilogramos de grasa corporal en una semana y lo único que consiguen que se pierda es agua y músculo, causando descompensación de sales y deshidratación, por no mencionar la pérdida de masa muscular.
  • Dieta de la luna: Es aquella dieta que consiste en tomar durante 3 días solamente agua natural cada primer día de la luna llena. Este tipo de dietas pueden ocasionar desmayos, fatiga y bajo rendimiento, ya que no se obtiene la energía suficiente proveniente de los alimentos, además de que lo perdido será recuperado inmediatamente al regresar a la alimentación normal.
  • Dieta de Beverly Hills: Este tipo de dietas consisten en consumir durante el día solo un tipo de fruta: Lunes – uvas, martes – sandía, etcétera. Al igual que otra clase de dietas en donde sólo se consume un solo tipo de alimento, éstas no proporcionan todos los nutrimentos que se necesitan para mantener las funciones del organismo.
  • Dietas altas en proteínas y bajas en carbohidratos: Son aquellas basadas en el consumo de alimentos de origen animal, que principalmente aportan proteínas, y grasas, como el chicharrón, la carne, los huevos, el queso, etcétera, y en las que se elimina el consumo de alimentos que contienen carbohidratos como los cereales y la fruta. Este tipo de dieta puede ser riesgosa para la salud, ya que al consumir en exceso proteínas y grasas, los niveles de colesterol y triglicéridos pueden aumentar y con ello la predisposición a desarrollar afecciones cardiovasculares. En cuanto a la falta de carbohidratos, ésta puede causar mareos, dolores de cabeza y dificultad para poner atención, ya que son la única fuente de energía que utiliza el cerebro para funcionar.

Por otra parte, hay alimentos solos que por alguna razón han sido asociados con consecuencias negativas al organismo, lo que ha llevado a quienes los consumen a hacerlo con una cierta culpa o a no consumirlos del todo. Aquí mencionamos algunas de estas creencias para tu consideración:

  • Se dice que el huevo aumenta mis niveles de colesterol: Se creía que consumir huevos durante la dieta diaria era dañino por el incremento de colesterol, sin embargo la Sociedad Americana de Cardiología señaló que se pueden consumir 2 huevos al día sin ese incrementar, además de que su consumo puede prevenir el riesgo de padecer cáncer de mama en las mujeres.
  • Beber agua durante la comida hace daño: Se dice que consumir agua durante la comida diluye los jugos gástricos y perjudica la digestión. Efectivamente si existe una dilución de los jugos gástricos pero no interfieren con la digestión, se puede beber agua en cualquier momento del día y durante las comidas, mejorando nuestra sensibilidad a los sabores de los alimentos.
  • Los mariscos son indigestos: En realidad son buenos para la salud siempre y cuando se consuman con moderación y bajo un régimen nutricional, ya que ayudan a prevenir la diabetes, cánceres, infartos y Alzheimer, además de ser ricos en zinc.
  • El café es dañino para el organismo: El café es una bebida muy funcional para el organismo siempre y cuando no se consuma en exceso. Esta bebida es capaz de prevenir el desarrollo de cáncer de colon, cálculos de vesícula, cirrosis hepática y Parkinson con el solo hecho de consumir 1 ó 2 tazas al día. Sin embargo sigue si ser recomendable para personas embarazadas, hipertensas y con reflujo gastroesofágico.
  • El vino durante la comida es para alcohólicos: Investigaciones recientes han demostrado que el consumo de una o dos copas de vino al día puede prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón y de próstata, además de que el vino durante las comidas es un excelente digestivo.
  • Si como muchos dulces me volveré diabético: Que una persona consuma azúcar en grandes cantidades no significa que desarrollará el padecimiento, pues éste se debe a la combinación de varios factores de riesgo como la herencia, el sedentarismo y el sobrepeso, sin embargo, el exceso de dulces provoca aumento de peso y por tanto incrementa las posibilidades de desarrollar diabetes. Pero, si ya se tiene la enfermedad, comer dulces desencadena un aumento en los niveles de glucosa, por lo que se recomienda a quienes la padecen mesurar su consumo.
    Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C