lunes, 2 de abril de 2012

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De pañales, biberones... y gays

Para muchos, los niños son una bendición en la vida; pero para otros y otras, son una franca pesadilla. Hay quienes se sienten en la obligación de tener hijos para sentir que han tenido una vida “completa”, y hay para quienes ser madre o padre no es, de plano, una opción que les interese. ¿Tú ya lo has considerado?

En la decisión de tener o no un hijo, entran en juego innumerables factores como el del género, la orientación sexual, el estilo de vida o los estereotipos sociales. A muchas mujeres de treinta o más años, probablemente les sea familiar la presión del reloj biológico que les urge a ser mamás, si es que no lo han sido ya. Es algo entre fisiológico y cultural. Los hombres no tenemos una urgencia biológica por ser padres, pero hay quienes necesitan serlo para sentirse plenos. En paralelo, nuestra sociedad espera que si eres heterosexual, la paternidad o maternidad formen parte importante de tu proyecto de vida; pero si eres lesbiana, gay o trans, por ejemplo, se asume que tus intereses existenciales van por otro lado.

Ese es el peso de los estereotipos, que lo queramos o no, impactan incluso en la manera en que nos miramos a nosotros mismos y nos planteamos proyectos a futuro: dado que las personas gays “no hacen familia”, no nos permitimos tomar en serio la paternidad o maternidad como un plan para nuestro futuro. ¿Pero quién dijo que no nos interesa hacer familias?, ¿quién dice que no las tenemos ya?; ¿porqué habrías de ser un mal ejemplo solamente porque eres lesbiana?, ¿porqué pensar que no te tomarás tu paternidad en serio porque eres gay? A este respecto, los psicólogos del desarrollo tienen claro que un niño o una niña con un solo papá, o con dos mamás, puede crecer plenamente sin carencias afectivas ni emocionales, y para quienes les preocupe, puede además desarrollar una orientación sexual autónoma e independiente de la de sus progenitores. No hay razones, desde los términos de su orientación o identidad sexual, por las que una persona no deba criar una hija o un hijo.

Se dice que todo niño necesita nacer bajo el cuidado de unos padres que mantengan entre sí una buena relación romántica; también eso es falso. Si bien es correcto pensar que a nadie le favorece crecer en un ambiente de gritos y sombrerazos, no hay que confundir lo que es una pareja romántica, con ser pareja parental: la primera es una relación definida por el romance y el interés mutuo, independiente de cualquier tercera persona. La pareja parental, en cambio, se define por la existencia de esa tercera persona: un hijo o hija, o varios. Dos personas pueden elegir dejar de romancear entre sí, pero si son responsables, no pueden elegir dejar de compartir el rol de padres, porque en la parentalidad su compromiso no solo es mutuo, sino centrado en el hijo que eligieron procrear: un hombre gay puede hacer pareja parental con una chava para tener un hijo, por ejemplo,  y no sería necesario que pretendieran ser una pareja romántica; habría entre ellos una relación parental frente a la que habrán de encontrar los modos y estrategias para organizarse y ser una familia, aunque sus vidas románticas sean independientes.

Así está la cosa. Si en tu caso tienes esta cosquillita, date tiempo de valorar tus opciones; considerar que es un compromiso de por vida, que puede ser fabuloso y a la vez desgastante, que puede valer mucho la pena, y etcétera. Date la oportunidad de tomarte enserio como candidata a mamá o candidato a papá, y no te niegues la oportunidad de evaluarlo solamente porque no eres heterosexual.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C
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De pañales, biberones... y gays

abril 02, 2012 Hernan Paniagua
Para muchos, los niños son una bendición en la vida; pero para otros y otras, son una franca pesadilla. Hay quienes se sienten en la obligación de tener hijos para sentir que han tenido una vida "completa", y hay para quienes ser madre o padre no es, de plano, una opción que les interese. ¿Tú ya lo has considerado?

En la decisión de tener o no un hijo, entran en juego innumerables factores como el del género, la orientación sexual, el estilo de vida o los estereotipos sociales. A muchas mujeres de treinta o más años, probablemente les sea familiar la presión del reloj biológico que les urge a ser mamás, si es que no lo han sido ya. Es algo entre fisiológico y cultural. Los hombres no tenemos una urgencia biológica por ser padres, pero hay quienes necesitan serlo para sentirse plenos. En paralelo, nuestra sociedad espera que si eres heterosexual, la paternidad o maternidad formen parte importante de tu proyecto de vida; pero si eres lesbiana, gay o trans, por ejemplo, se asume que tus intereses existenciales van por otro lado.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Una pareja de mentiritas

Existen dos factores muy relacionados entre sí dentro de las dinámicas de pareja: el primero es el de una continua exigencia de honestidad, y el otro es la creencia equivocada de que si el amor es puro, ambos deben compartirlo todo. En realidad ambos factores son exigencias que generan la expectativa inalcanzable de que es posible vivir dentro de una total transparencia y sin fronteras entre ambos.

Y no. Los seres humanos necesitamos desarrollar diferentes aspectos de nuestra identidad como nuestra individualidad o nuestras relaciones de forma simultánea; no basta que nos avoquemos intensamente al desarrollo de alguno de esos aspectos cuando otros los dejamos descuidados, porque al final nos sentiremos igualmente incompletos o incompletas como si no hubiéramos evolucionado en lo absoluto. Y la identidad es, fundamentalmente el modo en que nos definimos como personas; algo parecido a la explicación que hacemos de quién, porqué y de qué manera voy siendo.

Así, un aspecto de la identidad relevante para este texto es mi individualidad (el yo): lo que soy a partir de mi mismo y mis propias expectativas, mi proyecto de vida, mis valores personales, mis metas. Otro aspecto es mi identidad como pareja (el nosotros), o sea: mi proyecto de pareja que comparto contigo, mis expectativas hacia ti, lo que creo que esperas de mí. El reto es desarrollar simultáneamente mi identidad como individuo y mi identidad como pareja, sin descuidar en ningún momento cualquiera de ellas. Cuando estando en pareja doy mayor énfasis a mi individualidad, probablemente mi pareja sea más celoso o celosa hacia mí, porque puede que no me perciba suficientemente involucrado en la relación; cuando doy mayor prioridad a mi identidad de pareja que a mi individualidad, lo esperaré recibir todo en reciprocidad y probablemente generaré expectativas altísimas.
Con el tiempo, quien vive más su relación desde el “nosotros” que desde el “yo”, termina extrañándose con mucha nostalgia a sí mismo o a sí misma, añorando los pasatiempos que tenía, las amistades que frecuentaba, etcétera; y entonces extrañará todo cuanto dejó de ser. Quien vive su relación más desde el “yo”, no logra consolidar un trabajo en equipo que le permita hacer de su relación un territorio confortable en el cual confiar, no consigue establecer una asociación en equipo y aunque emparejado, permanece sintiéndose solo o sola y en aislamiento.
Lo óptimo es un equilibrio entre mi vivencia de la relación tanto desde el “yo”, como desde el “nosotros”. Cuando este balance no es posible dentro de la dinámica de la pareja, cuando el “nosotros” se impone a la experiencia individual de ambos, es cuando cobra fuerza la fantasía de que es posible y deseable compartirlo todo y que no puede haber nada desconocido para ti en el mundo de aquél o aquella a quien tanto amas. Entonces, con esta premisa nos volvemos invasivos y buscamos ir cada vez más y más adentro en la intimidad del otro, llegando a asumir actitudes de posesividad y agresión: queremos, por ejemplo, saber a toda costa a dónde va, por cuánto tiempo, porqué no nos lleva, con quién va y todo un inquisitivo etcétera. Además buscamos su contraseña de Facebook, le echamos un ojo a la bandeja de mensajes en su celular y obviamos cualquier otra muestra de respeto hacia su espacio personal.
Cuando la dinámica de pareja se tuerce de esta forma y el “nosotros” termina aplastando las mutuas individualidades, alguno de los dos responde con estrategias para delimitar y diferenciar su espacio personal: la comunicación asertiva es la mejor manera. Mediante la asertividad podemos expresar nuestra necesidad de nuevos límites u otras reglas de interacción cuando las que hay dejaron de ser suficientes. El ideal sería que los dos integrantes de la relación pudieran hablar de lo que les molesta, desde su propio punto de vista, sin que el otro o la otra encuentre en lo que oye una agresión o el material para una confrontación. Eso sería lo ideal.
En lo estadístico, sin embargo, lo ideal es más bien lo más inusual; si bien es correcto afirmar que la buena comunicación es la vacuna contra muchos males que enfrentan las parejas, muy frecuentemente no aceptamos el punto de vista ajeno y queremos imponer a toda costa nuestra propia perspectiva. No escuchamos, no buscamos entender lo que nuestra pareja nos dice; y ante la imposibilidad de ser escuchado, la comunicación se interrumpe indefinidamente.
Rota la posibilidad de comunicarse, pero todavía siendo interrogado o interrogada acerca de qué, cómo, hasta cuándo y con quién haces las cosas, la única alternativa es mentir. A veces, lamentablemente, la mentira es el último bastión de la individualidad, una estrategia poco recomendable para la sobrevivencia de la propia intimidad. Hay muchas parejas para las que es preferible una mentira, que un saludable “no te metas”.
Entonces, si en la relación no hay respeto a la intimidad del otro y le exigimos honestidad plena para que no se permita escondernos nada, la respuesta más probable de su parte será mentir. Le cachamos entonces las primeras mentiras, y por eso le observamos más y le interrogamos más, lo que hace que se defienda con más mentiras de las que luego tampoco podrá salir después. Presionamos más y genera más mentiras que harán que a nuestra vez presionemos más y así, hasta el infinito. ¿Qué tal con el círculo vicioso? La solución está, en lo que aprenden a comunicarse de manera más clara, directa y sin actitudes defensivas o agresivas, está en retirarse cada cual a su esquina y dejar de presionar. Las mentiras irán desapareciendo conforme dejemos de invadir su espacio (real o simbólico: sus pertenencias, cuentas en Internet, o las cosas de las que elige no platicarnos) y conforme crezca nuevamente la confianza. Eso solo ocurre cuando asumimos que la otra persona tiene derecho a vivir una vida independiente, absolutamente independiente de uno; además de la vida que comparte en pareja con nosotros.
Mi individualidad más nuestra relación; un balance cotidiano: nuestro espacio compartido más nuestras espacios individuales. ¿Le culparías por mentir si descubrieras que sus mentiras son una respuesta al tipo de relación que han construido?; si no reestructuran su dinámica, probablemente así como hoy miente ella o él, así mañana también estarás mintiendo tu. Vale la pena considerarlo, ¿no es así?
Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

Una pareja de mentiritas


Existen dos factores muy relacionados entre sí dentro de las dinámicas de pareja: el primero es el de una continua exigencia de honestidad, y el otro es la creencia equivocada de que si el amor es puro, ambos deben compartirlo todo. En realidad ambos factores son exigencias que generan la expectativa inalcanzable de que es posible vivir dentro de una total transparencia y sin fronteras entre ambos.

Y no. Los seres humanos necesitamos desarrollar diferentes aspectos de nuestra identidad como nuestra individualidad o nuestras relaciones de forma simultánea; no basta que nos avoquemos intensamente al desarrollo de alguno de esos aspectos cuando otros los dejamos descuidados, porque al final nos sentiremos igualmente incompletos o incompletas como si no hubiéramos evolucionado en lo absoluto. Y la identidad es, fundamentalmente el modo en que nos definimos como personas; algo parecido a la explicación que hacemos de quién, porqué y de qué manera voy siendo.


El camino a la asertividad

La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y quiere decir “afirmación de la certeza de una cosa”, de ahi se puede deducir que una persona asertiva es aquella que afirma con certeza y seguridad en lo que dice. La asertividad en términos generales, es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás; por supuesto, su premisa fundamental es que toda persona, tú, ella, ellos o yo, poseemos derechos básicos.

Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se diferencia y se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la agresividad y la pasividad. Suele definirse como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Es también una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

En torno a este tema se suele hablar de unos “Derechos asertivos”, que son precisamente los principios a los que tenemos derecho al entrar en contacto con las y los demás; finalmente ser asertivo es tener la capacidad para expresar o transmitir lo que se quiere, lo que se piensa o se siente sin incomodar o herir los sentimientos de la otra persona, y estoy principios surgen de esa consideración:

1. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.

2. Derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.

3. Derecho a ser escuchado y tomado en serio.

4. Derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.

5. Derecho a decir “no” sin sentir culpa.
 
6. Derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “no”.

7. Derecho de opinión, idea o línea de acción.

8. Derecho a cometer errores.

9. Derecho a pedir información y ser informado.

10. Derecho a obtener aquello por lo que pagué.

11. Derecho a ser independiente.

12. Derecho a decidir qué hacer con mis problemas, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas.

13. Derecho a tener éxito.

14. Derecho a gozar y disfrutar.

15. Derecho a mi descanso y aislamiento.

16. Derecho a superarme, aun superando a los demás.

Aprender a desarrollar una comunicación asertiva es imprescindible para desarrollar relaciones sanas con los demás y de las que podamos recibir estímulos que nos ayuden a ser mejores con los demás y sobre todo, con nosotros mismos. Así que la asertividad en un sentido práctico no es otra cosa que el hacernos valer y respetar, decir lo que pensamos y opinamos sin temor a las represalias, eso si, haciéndolo siempre con elegancia y desde una posición de respeto máxima. Frecuentemente cuando evitamos decir lo que pensamos, lo hacemos porque queremos eludir el conflicto que la comunicación honesta podría ocasionar; pero al final del día, no haber sido asertivos causa un malestar mayor que el que hubiéramos afrontado con el conflicto que nos preferimos ahorrar.

Es imprescindible considerar que la asertividad no es un conjunto de estrategias para eludir los conflictos; pensar esto implicaría en primera instancia que la conducta asertiva es una conducta de evasión, cuando en realidad lo es de afrontamiento, y también que los conflictos son indeseables, cuando es precisamente mediante ellos como obtenemos oportunidades para evolucionar y estrechamos nuestros vínculos con los demás. La asertividad es el medio para lograr crecimiento a partir de los conflictos.

Ser asertivo se basa en coger lo que es tuyo. La típica escena que refleja muy bien la asertividad es cuando por ejemplo, pedimos una Coca – Cola y el camarero nos trae una Pepsi, nosotros por vergüenza y falta de asertividad decimos: “no pasa nada” y nos bebemos nuestra Pepsi para no molestar al camarero. La parte totalmente desproporcionada y contraria a esta escena sería que esa misma persona en vez de pedir educadamente que le traigan la Coca – Cola que ha pedido, empiece a gritar e insultar al camarero. En medio de ambas reacciones está la respuesta asertiva: “no pasa nada caballero, por favor llevese esta Pepsi y traigame la Coca – Cola; gracias”.

Ser asertivo no es ser maleducado y mucho menos agresivo, pero tampoco se trata de solicitar lo que necesitamos con mil excusas de pormedio y pidiendo perdón ante la ineludible necesidad de solicitar lo que queremos. Por eso, para practicar la asertividad debemos ser muy precisos pero elegantes al hablar, dándole importancia a nuestras necesidades, pero sin dejar de expresar respeto por nuestro interlocutor. Una persona asertiva no duda de lo que dice, dado que se comunica con certeza. La comunicación asertiva se basa en transmitir de forma clara, concisa, rápida y con contundencia lo que queremos, dándole mayor posibilidad a nuestro mensaje de ser entendido y aceptado.

De lo anterior se entiende que antes de expresarte de manera clara, necesitas saber con claridad qué es lo que quieres expresar y cómo vas a presentarte en el momento en el que te expresas. De ser posible, antes de ser asertivo, date un instante de honestidad contigo mismo o contigo misma: ¿qué es lo que necesitas?, ¿qué esperas que la otra persona haga para solucionarlo?, ¿Qué concepto  quieres que tu interlocutor tenga de ti mientras habla contigo? Si tu tienes para ti esta claridad, vas a poder proyectarla a la persona con la que hables, él o ella en mucho, va a responder a tu propia expectativa de la solicitud que le harás: si tu crees que accederá, tu manera de comunicarte será una, y distinta a la que tendrás si piensas que te dará una negativa, serás quizá más abierto o abierta, hablarás de manera más fluída o con mayor desenfado, lo que facilitará la empatía de tu interlocutor haca ti y su consiguiente disponibilidad.

Así que, si sientes que te van a decir que no o que saldrás perdiendo en la negociación, antes de pensar cómo le venderás la idea a esa persona, piensa en cómo te la venderás a ti mismo o a ti misma, y por qué razón mereces satisfacer esta necesidad que tu tienes. Por principio de cuentas, si piensas que recibirás un “no”, le predispondrás a negarse ante lo que sea que le estés pidiendo.

Otro ejemplo de comunicación no asertiva sucede cuando el camarero nos pregunta “¿que desea?”, y le respondemos “pues verás, no lo tengo del todo decidido; por una parte, verás, lo que yo quiero exactamente y espero que puedan traérmelo es algo que me quite la sed, ya sabes, tal vez una Coca – Cola, ¿me entiendes lo que quiero?”. Este mensaje kilométrico se entiende: lo que queremos es una Coca – Cola, pero para pedirla nos hemos tardamos casi cinco minutos;  además le hemos dado tantas vueltas a la pregunta, que es probable que el camarero se haya retirado confundido y al rato regrese trayéndonos una Pepsi.

La sencillez es elegante: “quiero una Coca – Cola, por favor”.  Esta afirmación es asertiva y no deja un lugar a la confusión.

El ejemplo del camarero y la Coca – Cola es muy elemental, pero el mismo principio se extiende a incontables ámbitos de la vida; por ejemplo, el estudiante que necesita pedirle a su  profesor que le permita entregar el trabajo más tarde que el resto de sus compañeros. En esta situación, una comunicación no asertiva hará que el profesor deseche la solicitud.

Una forma de abordar al profesor es: Disculpe profesor. Verá, no sé si podré presentar el trabajo que pidió, tengo muchas cosas que hacer y no se si me va a dar tiempo; puedo intentarlo si quiere,  pero la verdad creo que no puedo porque va a estar bien difícil,  por eso le pido que por favor, si no le es mucha molestia, me haría el favor, por favor, de entregarlo un poquito más tarde.

Otra manera es ésta: Hola profesor, no me es posible entregar el trabajo a tiempo. El motivo es que tengo 2 trabajos de historia también para mañana, y en la tarde tengo una cita con el médico que también me quitará mucho tiempo. Por eso, le pido que me deje presentarle este trabajo puntualmente el próximo jueves.

¿Cuál es la manera en que te gustaría que alguien te pidiera algo importante? En la primera opción, vemos que el estudiante pierde la mayor parte del tiempo en pedir perdón, titubear, redundar y prestar excusas, y al final termina siendo vaga la urgencia de su demanda. En la segunda opción el estudiante es más concreto al expresar lo que necesita y plantear los motivos de su demanda, además da una alternativa para la situación, él dice: no se lo entrego hoy, sino el jueves entrante.

Una clave de asertividad para estos casos es puntualizar qué queremos, los motivos (ojo, no las excusas) de lo que necesitamos y la alternativa o alternativas de solución que podemos plantear. Nada más. Si lo que queremos lo expresamos de manera rebuscada e incluso descalificando nuestra propia petición, probablemente quien nos escucha se impacientará y decidirá decirnos que no, aún antes de que hayamos terminado de hablar.

Pese a que la comunicación asertiva tiene un porcentaje alto de eficiencia, no olvidemos que no hace magia, aumenta nuestro éxito pero no nos asegura que obtendremos respuestas positivas el 100% de las veces; sin embargo, su uso consuetudinario marca una diferencia significativa en el momento en que logramos o no alcanzar nuestras metas. Eh aquí algunas técnicas y trucos que te pueden permitir salir avante de algunas situaciones donde mantenerte asertivo o asertiva puede ser complicado:

1. Rendición simulada: consiste en mostrarnos de acuerdo con los argumentos de nuestro interlocutor pero sin abandonar nuestra postura; puede parecer que cedemos, pero solo tomamos impulso. Es útil en negociaciones de todo tipo. Ejemplo: “Entiendo cómo te sientes y estoy seguro que yo vería las cosas del mismo modo, pero pienso que sería oportuno considerar otros enfoques”. Su ventaja es que quien discute con nosotros ya no se siente tan confrontado o confrontada, ni tan a la defensiva.

2. Ironía asertiva: ante una crítica agresiva o fuera de tono, no debemos responder en el mismo tono a nuestro interlocutor; podemos buscar maneras de responder sin abandonar nuestra postura de calma, y posiblemente también con una elegante ironía: “no sabía que me percibías de ese modo, muchas gracias por compartirlo”. Con esta estrategia ahogamos lo que podía haber sido una discusión acalorada que podría desviarnos del tema que se debate.

3. Movimientos en la niebla: tras escuchar los argumentos de la otra persona podemos favorecer la empatía aceptándolos y parafraseándolos, pero agregando lo que defendemos. Es parecido a la rendición simulada pero incorporamos con ella nuestras propias ideas: “Entiendo lo que dices, y pienso que podríamos también hacer lo otro simultáneamente”. De este modo nuestro interlocutor se sentirá escuchado y que entendemos sus argumentos, y ademas probablemente se mostrará mas accesible para aceptar los nuestros.

4. Pregunta asertiva: en ocasiones es necesario iniciar haciendo una paráfrasis, para luego obtener información más precisa con la cual fortalecer nuestra argumentación: “dice que no te convence mi idea, pero ¿qué es lo que no te gusta exactamente?”. Con esta pregunta asertiva declaramos nuestro interés por lo que nuestro interlocutor argumenta, y recabamos información más profunda acerca de lo que no le agrada de nuestra postura.

5. Acuerdo asertivo: en ocasiones tenemos que admitir los propios errores, dado que no hacerlo empeoraría las cosas. En este caso se puede procurar alejar esa falla de nuestra personalidad. Ejemplo: “si, como una circunstancia excepcional, llegué tarde esta mañana”. Con ella empiezan a establecerse pequeños acuerdos para dar paso a los que son más significativos; además nos permitimos ser quien cede primero sin que implique una pérdida real para la negociación.

6. Ignorar: al igual que la ironía asertiva, es una herramienta a utilizar en caso de interlocutores “violentos” o alterados. En este caso se procura retrasar la conversación para otro momento donde ambos estén en buena predisposición para el diálogo. Ejemplo: “creo que ahora estás un poco alterado. Lo mejor es que te tranquilices y hablemos cuando estés calmado”. Es una táctica extrema que resulta especialmente útil cuando uno mismo está a punto de perder la calma.

7. Romper el proceso de diálogo: cuando se quiere cortar una conversación se pueden utilizar los monosílabos y la comunicación breve para mostrar desacuerdo, desinterés, etc.  La utilidad de esto radica en los momentos en los que tenemos prioridades distintas y queremos expresar que no es el mejor momento para la conversación. Ejemplo: “no pinta mal”, “si”, “quizás”, “si no te importa hablamos luego”.

8. Disco rayado: no tiene por qué significar que tengamos que repetir la misma frase todo el tiempo, lo cual es de poca educación. Me refiero a repetir nuestro argumento tranquilamente, empleando distintas palabras y sin dejarnos despistar por asuntos poco relevantes. Ejemplo: “si, pero lo que yo digo es…”, “entiendo, pero creo que lo que necesitamos es…”, “la idea está bien pero yo pienso que…”. Es una estrategia adecuada cuando lo que pretendemos es no perder terreno y no consideramos prudente ceder.

9. Manteniendo espacios: cuando uno da la mano no es raro que te cojan el brazo. En estos casos hay que delimitar muy claramente hasta dónde llega un punto negociado. Ejemplo: “sí, puedes utilizar la sala de reuniones pero para coger el proyector primero debes hablarlo con administración”. De este modo delimitamos los aspectos en los que estamos dispuestos a ceder, sin que esto implique que perdamos el control de la negociación.

10. Aplazamiento: en una reunión es buena idea llevar un papel o cuaderno donde tomar notas. En este caso podremos anotar consultas o críticas para abordarlas en otro momento y así no alejarnos del objetivo del momento. Ejemplo: “tomo nota para hablarlo en la próxima reunión”.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

El camino a la asertividad

La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y quiere decir "afirmación de la certeza de una cosa", de ahi se puede deducir que una persona asertiva es aquella que afirma con certeza y seguridad en lo que dice. La asertividad en términos generales, es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás; por supuesto, su premisa fundamental es que toda persona, tú, ella, ellos o yo, poseemos derechos básicos.

Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se diferencia y se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la agresividad y la pasividad. Suele definirse como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Es también una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.


lunes, 27 de febrero de 2012

Los 3 caminos a la seducción

En el antiguo arte de la seducción, cada quien se hace sus mañas, y tomando en cuenta que la primavera esta a la vuelta de la esquina, todos y todas vamos desempolvando nuestro arsenal erótico para lograr las mejores conquistas sexuales del año. ¿Estás lista o listo para la cacería?

Efectivamente, es en primavera cuando el cuerpo humano responde mejor a los estímulos sexuales, pero es un hecho que no todos le respondemos igual a lo mismo: yo respondo mejor a lo visual, puede que tu más a lo auditivo, y alguien más a lo kinestésico. Cada persona va habituándose a favorecer alguno de sus sentidos en la tarea de conectar con el mundo a su alrededor, particularmente el oído, la vista y el movimiento físico (lo kinestésico), y de ahí también obtiene fuentes de placer y gozo.

Más despacio: si cuando vas al cine te fijas más en los efectos especiales que en la banda sonora de la película, eres definitivamente más visual que auditivo; pero si lo más emocionante de ella fueron las secuencias de acción que el argumento o su propuesta estética, entonces lo tuyo es más kinestésico. ¿Y tu pareja cómo es? Una chica auditiva disfruta mucho escuchando música, alguien más visual frecuentaría museos de arte; el kinestésico se la pasa en acción, quizá bailando o ejercitándose, porque le causa placer moverse.

Llevémoslo ahora al terreno de la seducción: ¿cómo seduces a alguien que has notado, se apoya más en lo visual? A él o ella le seduces a través de sus ojos, con la mucha o poca ropa que llevas, con el tono de las luces donde están, con los colores que hay en la habitación. A alguien auditivo le atrapas con palabras o con música. Para los kinestésicos y las kinestésicas está directamente el contacto físico, pero sutil: baila con ellos, dales un masajito, acompaña la conversación con una caricia o dos, lánzate a hacer ejercicio con ellos, etcétera.

En el desarrollo de juegos sexuales también conviene distinguir entre lo visual, lo kinestésico y el estilo auditivo: quien es visual posiblemente le agradará verte con algún disfraz como de enfermera, podría ver películas eróticas mientras tiene sexo contigo o pasarlo muy bien cuando le regales un striptease. Para alguien kinestésico podrías permitirle tocarte en el preludio al acto sexual, quizá mediante un masaje, quizá dárselo tu; quizá si aguantan, una lucha erótica sea excelente preludio, o un baile con sus cuerpos suficientemente pegaditos.

¿Probarías vendarle los ojos y acariciarle con plumas a lo largo y ancho de su anatomía?, podrías emplear velas especiales que no están hechas de parafina (sino de aceite aromático que no causa quemaduras) para generar sensaciones cálidas sobre su piel. A quien es auditivo podrías vendarle los ojos y decirle cosas al oído; o poner música sensual en el ambiente. ¿Qué tal llamarle a medio día y platicarle con un cachondo lujo de detalles lo que planeas hacer esta noche cuando le veas?, jugar a la hot-line o usar lenguaje “sucio” también puede ser una buena alternativa.

¿Y tú?, si ya ubicaste de cuáles maneras podrían seducirte, ¿qué tal si le hicieras algunas sugerencias a tu pareja en turno?; sin lugar a dudas también se vale ponerse flojito o ponerse flojita y disfrutar. Si tu pareja en turno no tiene idea de cómo llegarte y hacerte sentir bonito, aquí tienes una forma de explicarle de que manera puede ingeniárselas para seducirte.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C