miércoles, 8 de agosto de 2012

Los amigos: tu familia de elección

Hagamos un pequeño juego: cierra los ojos e imagina que han pasado diez años y estás en casa, sentado a la mesa cenando con tu familia. Visualízate, todavía con los ojos cerrados, sintiéndote completamente a gusto, dentro de lo que en toda su extensión puedes llamar hogar; es tuyo, te sientes acompañado y es esa compañía, la de tu familia, la que te hace sentirte fuerte, seguro y poderoso o segura y poderosa. ¿Listo? Abre los ojos y recorre con tu mirada a quien o quienes te acompañan en la mesa. ¿Esta tu pareja sentada por ahí?

La mayor parte de quienes hacen este ejercicio, efectivamente no incluyen a su pareja en la visualización, pues por alguna razón no le consideran como parte de su familia o como su familia en sí; cosa curiosa si consideramos que es con él o con ella con quien construirán un proyecto que presumiblemente habrá de durar toda la vida.

¿Qué es la familia? La actualidad es un momento social en el que los viejos esquemas están siendo desechados para abrir paso a otros nuevos, más ajustados a nuestras necesidades modernas y más realistas. El concepto de familia es uno de ellos. Hasta hace algunas décadas, el modelo familiar estaba integrado por un papá, una mamá, dos o más hijos y hasta un perro de nombre coqueto; pero de repente las mujeres y los hombres descubrieron que el divorcio se valía cuando la situación en la pareja se volvía insostenible, y entonces surgieron familias de un papá, uno o más hijos y un perro, o de una mamá el lugar del papá. También sucedió que jamás existió un papá y quedamos con una mamá soltera, los hijos y el perro, o que la mamá se enamora de su mejor amiga y entonces quedan dos mamás, los hijos y el perro, quizá dos papás; o mejor aún, un papá, una mamá, dos hijos y ningún perro.

Pareciera entonces que no hay en el mundo dos familias iguales: con un papá o dos o ninguno, con dos mamás o solamente una o también ninguna, más de un hijo o ni uno, un perro, dos o la perrera completa, quizás un gato o un dragón de Komodo, hijos naturales, adoptados o la suegra entrometida que no se regresa a su casa, el amigo que llegó hace cinco años para quedarse supuestamente solo unos meses y etcétera; todas estas son posibilidades de un modelo de familia con dinámicas de interacción bien específicas para cada uno. Cada ejemplo que se te ocurra puede, a su vez, ser el modelo de una familia perfectamente funcional.

Entonces, ¿qué es una familia? De lo anterior queda en claro que se trata de un grupo de personas, dos o más, unidos por fuertes lazos entre sí, vínculos emocionales que hacen a cada uno significativo para el otro. Hay interés mutuo, solidaridad, empatía y apoyo, además de planes compartidos que evolucionan a la par de los proyectos de vida de cada quien. Usualmente se trata de personas que comparten un mismo techo, pero no hay una regla que determine que siempre deba ser así. Y finalmente, su finalidad es formar, por así decirlo, un equipo para enfrentar los avatares de la vida. En la familia las personas encuentran el impulso para seguir adelante y pueden estar unidos por lazos de sangre, pero puede también no ser así.

De familias hay muchos tipos, mas para lo que concierne a estas líneas, diremos solamente que existe la familia biológica por un lado y la familia de elección por el otro. Ambas importantes, pero cada cual en su respectiva etapa de la vida.

La biológica es por la que se dice que uno nunca escoge a su familia; es el núcleo social donde naciste: usualmente con un papá y / o una mamá, quizá hermanos o hermanas y a veces también un participante extra como la abuelita, el tío, o ve tú a saber. A través de ella aprendes cómo funciona el universo, conoces los axiomas fundamentales de la vida e identificas el sitio que te toca entre los demás mortales. En esencial durante tu infancia o adolescencia, pero llegado el momento de la independencia, la familia biológica ya no es suficiente.

La familia de elección es la que surge después; es un círculo de confianza al que vas introduciendo, una por una, a las personas que son especiales para ti: como algunos de tus amigos, a tu pareja y a uno que otro selecto miembro de tu familia biológica. La construyes a pulso, con base a un constante ejercicio de ensayo y error, para constituir alrededor de ti el santuario social donde habrás de guarecerte para cobrar fuerzas, crecer y sentirte apoyado, aunque no necesariamente existan lazos de mutua consanguineidad. Esto es especialmente trascendental para chavos gays y chicas lesbianas que requieren de un escenario social en el cual expresar con libertad su estilo de vida homoerótica; por eso no es de extrañar que en el ambiente gay los amigos cumplan una función en extremo relevante, pues constituyen para uno su familia de elección.

Y en las familias hay roles. Cuando se trata de una familia biológica, a todos nos queda claro cuál es el papel que se espera cumpla el papá, o la hermana mayor, pero en el caso de las familias de elección, ¿cómo saber que papel le corresponde a cada quién? En este caso, el tipo de rol estará determinada por la cercanía que cada uno tiene con respecto a ti: hablábamos de un círculo de confianza, donde en el centro estás tú, cerca del centro están quienes son más importantes para ti, como tu pareja o tu mejor amigo, por ejemplo. Quiénes están más próximos al centro tienen vínculos más estrechos contigo y hay un mayor compromiso recíproco, y mayor intimidad, lo que determina el tipo de relación que sostendrán contigo y el importante papel que cumplen en tu familia de elección. Sin embargo, algo que suele estropear la dinámica dentro de los círculos familiares, tiene que ver justamente con cuáles integrantes de tu familia de elección ubicas más cercanos al centro. Cuando, por ejemplo, tienes una pareja y a él o a ella no le permites aproximarse lo suficiente, cuando sí se lo permites a un amigo o a tu mamá, por ejemplo, entonces estarás destinando el puesto de mayor compromiso e intimidad a esa persona y no a tu pareja, quien no podrá relacionarse contigo como debiera, en su calidad de compañero o compañera, porque entre su puesto dentro del círculo y tú, está otra persona a quien ubicaste más próxima al centro. Es en esas ocasiones, cuando llegan los reclamos del estilo: “…es que nunca me das mi lugar!”, ¿te suena conocido?

Échale un ojo al círculo de confianza donde está tu actual familia de elección, ya esté integrada por dos personas, cinco, veinte o cincuenta; date cuenta de quienes mantienes lejos, en la periferia, y a quienes tienes cercanos al centro: ¿están en el lugar donde deben?, considera que mientras más alejados estén de ti, será menor lo que puedas esperar de ellos; mientras que con los más próximos compartirás mayor apoyo y compromiso. Dibujar un círculo en papel y ubicar en él los nombres según como sientas que correspondan, siempre puede ser de gran utilidad; si crees que hay alguien a quien tienes olvidado porque aparece más cerca de la periferia, casi afuera de tu círculo, pero en realidad te gustaría tener más próximo a ti, entonces guarda tu hoja de papel y consigue su número telefónico. Nunca es tarde para pasar más tiempo con la familia.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

Los amigos: tu familia de elección

Hagamos un pequeño juego: cierra los ojos e imagina que han pasado diez años y estás en casa, sentado a la mesa cenando con tu familia. Visualízate, todavía con los ojos cerrados, sintiéndote completamente a gusto, dentro de lo que en toda su extensión puedes llamar hogar; es tuyo, te sientes acompañado y es esa compañía, la de tu familia, la que te hace sentirte fuerte, seguro y poderoso o segura y poderosa. ¿Listo? Abre los ojos y recorre con tu mirada a quien o quienes te acompañan en la mesa. ¿Esta tu pareja sentada por ahí?

La mayor parte de quienes hacen este ejercicio, efectivamente no incluyen a su pareja en la visualización, pues por alguna razón no le consideran como parte de su familia o como su familia en sí; cosa curiosa si consideramos que es con él o con ella con quien construirán un proyecto que presumiblemente habrá de durar toda la vida.

¿Qué es la familia? La actualidad es un momento social en el que los viejos esquemas están siendo desechados para abrir paso a otros nuevos, más ajustados a nuestras necesidades modernas y más realistas. El concepto de familia es uno de ellos. Hasta hace algunas décadas, el modelo familiar estaba integrado por un papá, una mamá, dos o más hijos y hasta un perro de nombre coqueto; pero de repente las mujeres y los hombres descubrieron que el divorcio se valía cuando la situación en la pareja se volvía insostenible, y entonces surgieron familias de un papá, uno o más hijos y un perro, o de una mamá el lugar del papá. También sucedió que jamás existió un papá y quedamos con una mamá soltera, los hijos y el perro, o que la mamá se enamora de su mejor amiga y entonces quedan dos mamás, los hijos y el perro, quizá dos papás; o mejor aún, un papá, una mamá, dos hijos y ningún perro.


martes, 31 de julio de 2012

Desatanizando la Infidelidad

Cuando sostienes una relación romántica con alguien, de vez en cuando surgen los conflictos y las desavenencias, los malentendidos, las conjeturas y otros extraños fenómenos que pueden llevar a la pareja a su final en uno de los momentos más inesperados de la relación. Aceptémoslo, hoy en día es mucho más sencillo mandar al pepino una relación consolidada de lo que era cuando nuestros abuelos flirteaban entre ellos en los alrededores del viejo kiosco de alguna concurrida alameda. ¿Qué ha cambiado?, han cambiado una serie de factores que en la actualidad vemos como obvios e irrelevantes, pero que en conjunto marcan una diferencia sustanciosa: ya no hay un estigma tan dominante contra la persona que se divorcia, ya no tememos “tanto” ser padres o madres solteras, ya no es “tan” mal visto estar soltero o soltera después de los treinta, y etcétera.

Hoy en día es más sencillo terminar y empezar nuevas relaciones, y por eso las relaciones han generado nuevas estrategias para mantener su estabilidad, a veces aun a costa de los integrantes de la pareja en cuestión; estrategias como la negociación y los acuerdos, como el vivir separados, tener mascotas que alivianen el estrés dentro de la pareja y, por qué no, también como la infidelidad.

Durante siglos hemos considerado la infidelidad como el verdugo de las relaciones de pareja, señal inequívoca de que el amor ha terminado y en su lugar queda solamente la traición y el abandono. Incuestionablemente, pudo haber sido así en algún momento, pero como dije, hoy en día el escenario es distinto.

Supongamos que en una pareja las respectivas jornadas laborales han empezado a comerse los tiempos de ambos para convivir con calidad, o supongamos que ha nacido un hijo al interior de la pareja y el otro integrante de la relación se siente hecho o hecha a un lado; puede suceder que la monotonía y el tiempo hayan vuelto de ambos un par de extraños, o puede que habiendo cambiado de intereses o de mutuas idiosincrasias ya no se sientan tan conectados. La reacción a la antigüita hubiera sido aguantarse, hacer de tripas corazón y sacrificar la propia satisfacción a favor de la pareja, porque “…una como quiera, pero ¿y las criaturas?”, pero hoy ya no sentimos la obligación de quedarnos donde no estamos a gusto, o donde no nos sentimos valoradas o valorados. Así que el primer impulso para solucionar la cosa es terminar con la relación.

Pero frecuentemente sucede que aun amamos, o mínimamente nos cae bien el fulano o fulana con quien estamos en pareja, y aunque dentro de la relación encontramos carencias que nos impiden sentirnos felices, de todos modos elegimos no romper. Pero las carencias ahí están, y a veces uno no encuentra el camino para hablar de ellas y resolverlas; puede que no haya la confianza o no se dé el momento. Entonces elegimos resolverlo sin la intervención del otro o de la otra. Esta última decisión frecuentemente conduce a una misma salida: la infidelidad propiamente dicha.

En casos como estos, que no son poco frecuentes, la relación externa a la pareja satisface las necesidades no atendidas formalmente por la relación, pero sin la necesidad de romper con la pareja. Es una relación auxiliar a la de pareja cuya función irónicamente es preservarla: reducir la tensión que generan las disfunciones cotidianas para que estas carencias pierdan relevancia y la relación continúe. ¿Cuánto durará la infidelidad?, tanto como duren esas carencias dentro de la pareja o la infidelidad sea descubierta.

En el ciclo de vida de las parejas, a todas ellas les llega un momento en que estas carencias aparecen, especialmente en los momentos en que la relación transcurre de una etapa de vida a otra (cambio de trabajo o domicilio, irse a vivir juntos o separarse, adoptar, embarazarse, cumplir cuarenta años, treinta, cincuenta o etcétera); llegadas las carencias y las necesidades insatisfechas, el mejor abordaje es abrirse a la comunicación clara de nuestra vivencia de la relación. Comunicación implica expresar cómo me va en mi relación contigo, e implica a la vez que seas receptiva o receptivo para entender lo que me ocurre. Si la comunicación no es viable, la probabilidad de que aparezca la infidelidad se incrementa.

Entonces ¿la infidelidad no es el final de la relación?, no necesariamente; ¿la infidelidad tiene algo que ver conmigo?, tampoco. La infidelidad frecuentemente es una respuesta a la dinámica de la pareja en su conjunto y no un producto de la forma de ser de alguno de los miembros de la relación.

Ok, es innegable que también existen personas especialmente propensas a las infidelidades; pero estos casos, que son minoría, no están evidentemente reflejados dentro de este texto. Como sea, hay que considerar esto la próxima vez que evaluemos una infidelidad; evita evaluarla como lo hubieran hecho nuestros abuelos, date chance de sopesar todos los factores y aquello que “verdaderamente importa”. Quizá sirva para no tomárnosla tan tremendamente a pecho y hacer decisiones más firmes al respecto de nuetsra relación.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

Desatanizando la Infidelidad

julio 31, 2012 Hernan Paniagua
Cuando sostienes una relación romántica con alguien, de vez en cuando surgen los conflictos y las desavenencias, los malentendidos, las conjeturas y otros extraños fenómenos que pueden llevar a la pareja a su final en uno de los momentos más inesperados de la relación. Aceptémoslo, hoy en día es mucho más sencillo mandar al pepino una relación consolidada de lo que era cuando nuestros abuelos flirteaban entre ellos en los alrededores del viejo kiosco de alguna concurrida alameda. ¿Qué ha cambiado?, han cambiado una serie de factores que en la actualidad vemos como obvios e irrelevantes, pero que en conjunto marcan una diferencia sustanciosa: ya no hay un estigma tan dominante contra la persona que se divorcia, ya no tememos “tanto” ser padres o madres solteras, ya no es “tan” mal visto estar soltero o soltera después de los treinta, y etcétera.

Hoy en día es más sencillo terminar y empezar nuevas relaciones, y por eso las relaciones han generado nuevas estrategias para mantener su estabilidad, a veces aun a costa de los integrantes de la pareja en cuestión; estrategias como la negociación y los acuerdos, como el vivir separados, tener mascotas que alivianen el estrés dentro de la pareja y, por qué no, también como la infidelidad.

Durante siglos hemos considerado la infidelidad como el verdugo de las relaciones de pareja, señal inequívoca de que el amor ha terminado y en su lugar queda solamente la traición y el abandono. Incuestionablemente, pudo haber sido así en algún momento, pero como dije, hoy en día el escenario es distinto.


domingo, 8 de julio de 2012

Fantasmas de tus decisiones pasadas

La forma en que tomamos decisiones depende en parte de nuestra personalidad, así como del estado de ánimo que tenemos y el grado de presión que sentimos en el momento de hacer nuestra elección.

Simultáneamente, el contexto en el que debemos decidir impacta mucho la claridad con la que elegimos la mejor alternativa, por ejemplo ¿sabías que cuando hemos dormido mal somos mucho más influenciables y eso afecta negativamente nuestra toma de decisiones?, igualmente nuestra autoconfianza. Por eso, si un día te levantas sintiéndote un flan mal cuajado porque no dormiste bien, o de plano ese día no te gustas ni tantito, evita tomar decisiones importantes.

Por definición, una decisión es la elección  significativa entre dos o más alternativas. Para muchas personas, la dificultad de tomar una decisión concreta, estriba en que al elegir la alternativa A, debemos renunciar a la alternativa B; pero ¿qué pasa si la B era la mejor?, ¿qué pasa si me equivoco?

En toda decisión hay de primera instancia la pérdida de todo aquello que no elijo, las alternativas a las que renuncio al hacer mi elección son elementos que probablemente jamás formarán parte de mi vida, y si bien tampoco en el pasado formaron parte, eso no impide que al no elegirlas ya empecemos a extrañarlas.

Fantasmas de tus decisiones pasadas

La forma en que tomamos decisiones depende en parte de nuestra personalidad, así como del estado de ánimo que tenemos y el grado de presión que sentimos en el momento de hacer nuestra elección. Simultáneamente, el contexto en el que debemos decidir impacta mucho la claridad con la que elegimos la mejor alternativa, por ejemplo ¿sabías que cuando hemos dormido mal somos mucho más influenciables y eso afecta negativamente nuestra toma de decisiones?, igualmente nuestra autoconfianza. Por eso, si un día te levantas sintiéndote un flan mal cuajado porque no dormiste bien, o de plano ese día no te gustas ni tantito, evita tomar decisiones importantes.

Por definición, una decisión es la elección  significativa entre dos o más alternativas. Para muchas personas, la dificultad de tomar una decisión concreta, estriba en que al elegir la alternativa A, debemos renunciar a la alternativa B; pero ¿qué pasa si la B era la mejor?, ¿qué pasa si me equivoco? En  toda decisión hay de primera instancia la pérdida de todo aquello que no elijo, las alternativas a las que renuncio al hacer mi elección son elementos que probablemente jamás formarán parte de mi vida, y si bien tampoco en el pasado formaron parte, eso no impide que al no elegirlas ya empecemos a extrañarlas. Frecuentemente luego de tomar una decisión, imaginamos con pesar cómo hubiera sido nuestra vida de habernos quedado con la alternativa B, que nunca se vio tan atractiva como ahora que la hemos descartado.


jueves, 14 de junio de 2012

Lo que no se dice en la pareja

Imagina que tengo una caja de zapatos pintada de negro y que la he agitado enfrente de ti, haciendo sonar el montón de cosas que lleva adentro. Imagina que sabes que me la pase toda la semana juntando cosas para meterlas ahí con dedicación, y te he contado que algunas de ellas son muy interesantes, y que algunas incluso te van a sorprender.  Entonces la pongo sobre la mesa, a tu alcance y me dispongo a enseñarte su contenido. Desamarro el listón con que la cerré, le quito la cinta adhesiva y en el camino me acuerdo y te comento que algunas de esas cosas te serían muy útiles. Pero de repente cambio súbitamente de opinión y la vuelvo amarrar, la quito de la mesa y me la llevo de ahí. ¿Con qué emociones vas a quedarte tú después de este evento?

Ahora imagina que este ejercicio de expectativas e incertidumbres se hace cotidiano. Verás a tu pareja transformarse lentamente y terminar haciendo lo que jamás antes hubiera hecho: jaquear tu cuenta de correo, colocar un spyware en tu computadora o contratar un detective privado, como a la antigüita.  Suena muy extremo, pero aunque no lo creas esta dinámica es habitual en ciertas y enloquecedoras relaciones de pareja. En términos generales, la fórmula es: guárdate información que tu pareja necesita porque él o ella asume que es algo importante y en cada momento en que puedas, suéltale datos aislados acerca de eso que ya se sabe que callas, pero nunca la información completa. Así, él o ella no podrá tomar decisiones respecto a la relación o a su propia vida hasta que sienta que están todas las cartas sobre la mesa, y con eso le mantendrás en un estado de congelamiento desesperante tanto como tú lo desees.

Pero como nadie puede aguantar una situación como esta por mucho tiempo; por eso notarás que tu pareja tratará de conseguir la información por sí misma y te preguntará de ello con mayor obstinación cada vez, pretendiendo convencerte o coercionarte para que sueltes la sopa. Y si no aplica el abordaje directo, es posible que revise las conversaciones en tu celular o entre a tu cuenta de Facebook para obtener por sí misma o por sí mismo las respuestas que necesita. La premisa básica es que el no saber algo importante causa una terrible incertidumbre.

Consecuentemente, la incertidumbre origina celos, agresión, desconfianza; por no mencionar la invasión a la intimidad.

En lo cotidiano, frecuentemente tenemos miedo de abordar desde la comunicación clara y directa determinados temas que creemos que nuestra pareja tomará mal o no sabrá entender; y entonces a la vez que no lo hablamos, nuestra comunicación no verbal deja entrever que hay algo preocupante que no estamos diciendo. Nuestra pareja quedará libre de inventarse las historias que desee al respecto de esta información que no le damos, y en algunos casos va a imaginarse lo peor, según si sus inseguridades personales están lo suficientemente cerca para sugerirle los escenarios más catastróficos detrás de tu silencio.

A veces callamos lo importante porque no queremos lastimarle, y a veces callamos porque ante la posibilidad de provocar su enojo, no queremos salir lastimados. Pero en uno u otro caso la relación se vulnera. En las relaciones de pareja los y las participantes están tan emocionalmente cerca, que lo que no decimos forma una zona oscura que denota que ahí hay algo, aunque no pueda verse lo que es; esto efectivamente es un llamado a la honestidad y la confianza en la relación, pero no necesariamente una invitación a compartirlo todo.

En cualquier relación interpersonal se vale no estar a gusto con cómo se desarrollan las cosas, se vale que queramos ser tratados o tratadas de forma distinta e incluso, se vale no querer continuar con la relación. Cuando la situación es de este tipo, hay que hablarlo, porque es algo que concierne a los involucrados en esa relación. Siempre hay una forma y un momento para hacerlo, y si el momento jamás llegara y no tuviéramos la lucidez para clarificar cuál sería la “mejor forma de decirlo”, concéntrate simplemente en comunicarlo; considera que siempre hace más daño no decirlo y dejar a que lo que callábamos se vuelva evidente por si mismo.

Si lo que te agobia es algo personal y no deseas compartirlo por las que sean tus razones, entonces puedes decirlo, delimitando el terreno de lo que no estás comunicando: “si, si ocurre algo pero no tiene que ver contigo; quizá pueda contártelo después, pero por ahora prefiero no hacerlo”. No tienes que ir por la vida compartiéndolo todo, se vale que guardes aspectos de tu vida en tu intimidad, y recordarle esto a los demás es un buen ejercicio de establecimiento de límites; solo recuerda, si lo que callas incumbe a tu relación, la otra persona tiene derecho a saberlo, de lo contrario la incertidumbre convertirá tu relación en un pequeño infierno.

Este texto lo redacté desde un escenario hipotético en el que eres tu quien tiene el control de lo que se dice o deja de decirse; una situación en la que es tu pareja quien recibe el peso de la incertidumbre. Hazme ahora un favor y vuelve a leerlo, pero esta vez asumiendo que le escribo a tu pareja conminándole a que administre adecuadamente la información que te proporciona acerca de su relación contigo. Imagina que sentirías tú si supieras que hay algo que parece importante y de lo que nadie te dice nada, imagina lo que harías.

-¿Sabes cómo dejar un gallego en suspenso durante 24 horas?
-…mañana te digo.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C