jueves, 9 de mayo de 2013

¿De qué animal te enamoras?

¿Te ha tocado ser pareja de alguien que al final resulto ser “todo un animal”? Seguramente si; la verdad es que en esto del amor cada quien tiene su propio estilo de relacionarse y de estar en pareja. Por eso, y sólo para entretenernos un rato, a continuación tomaré este fenómeno como pretexto y te voy a presentar el muy distintivo perfil de siete animales distintos, algunos más animales que otros, y entre los cuales seguramente alguno va a resultarte sospechosamente familiar.

Al final, vale la pena preguntar, ¿te recuerdan especialmente a alguien que conociste, o simplemente recuerden a ti, en algún momento de tu vida? Vamos, que que para serte honesto, algunos de estos sin duda, me recuerdan a mi.

El Gorila: Si te es atractiva la idea de un novio fuerte, varonil y que te proteja constantemente, que te haga sentir importante y se preocupe por ti, podemos recomendarte nada menos que al Gorila. Traído directamente de las junglas más profundas, este espécimen tan dominante es la mejor alternativa para quienes se dejan impresionar por los machos a la antigua usanza, es el epítome de la masculinidad galante, pendiente de tus necesidades y celosillo. Pero es a mediano plazo un arma de doble filo con la que deberás tener cuidado.

Conforme la confianza avanza y la cotidianidad se impone, conviviendo con El Gorila descubres que la protección que originalmente te caía tan simpática, con el tiempo se convierte en posesión (¿a dónde vas?, ¿con quién vas?, ¿porqué vas?), dominio y una radical invasión a tu espacio y a tus tiempos. El Gorila puede ser un hombre violento si no logra contenerse, que grita y manotea cuando se le acaban los argumentos en una discusión, hace críticas agresivas y no tolera la frustración con facilidad.

Si resulta que aceptaste nuestra recomendación e iniciaste una relación con un gorila, deberás de marcarle límites desde el principio y dejarle claro que si bien te gusta sentir protección, no es agradable ser subyugado. Deberás encontrar el justo medio entre tener un carácter sólido, pero sin violencia, para no convertirte entonces tú en El Gorila.

El Pavo Real: Si en lugar de un caballero feo, fuerte y formal, lo que buscas es más bien alguien de corte metrosexual, que sea avant garde y le hable de tú a todos los publirrelacionistas de los antros y fiestas de moda, podemos presentarte al Pavo Real. Él es el hombre encantador con quien puedes salir y pasarlo espectacular; divertido, hiper social, amiguero, incansable y buena copa. La pasarás muy bien con este animal, solo ten cuidado de no quedar en medio de su público y él, pues para este caballero lo más importante es ser el centro del universo y hacer que todo acabe por girar en torno a él.

Puede que se lleve con tus amigos mejor de lo que tú mismo jamás lograste, o puede que te sientas disminuido frente a su encanto exorbitante; pero al final, siempre tu autoestima acaba por los suelos mientras que coincidentalmente la suya ha crecido todavía más. No te extrañe, pues los pavoreales si no cuidan sus impulsos de ser el centro de la atención, se vuelven egoístas, esclavos de la moda y verbalmente violentos. ¿Cómo es esto?, bueno, si te suena la frase: “no se que hago yo contigo”, o “mira, el sí es guapo”, entonces claramente ya te has conseguido tú, tu propio Pavo Real.

El Gato: Este es un hombre al que le fascinan los lujos, las comodidades y el placer; y es precisamente al placer al que suele darle más peso que a la razón o el sentido común. No es raro ver al Gato clavado en alguna adicción hacia al tabaco, alcohol o incluso al sexo, pues, repito: a él le motiva el placer, y estará ahí donde pueda encontrarlo y en toda ocasión en la que tenga oportunidad.

Con él la pasas bien si buscas con quién compartir lujos y placeres, orgías, drogas y etcétera; sin embargo, ya a este nivel, el Gato puede ser un poco primitivo, no se detiene a construir un proyecto de vida o de pareja, porque, básicamente: no va para ningún lado. Es poco estratégico porque no tiene objetivos sólidos. En el amor busca casi con exclusividad lo inmediato y placentero o la excitación corporal, por eso, si te enamoras de un Gato, considera la posibilidad de que la relación será principalmente sexual,  y se irá lejos cuando sea atraído por nuevos placeres en otro lado.

El encanto del Gato es que nadie sabrá estimularte como lo hace él, vivirás una sucesión de buenos momentos inolvidables y siempre te sorprenderá su habilidad para hacer del hedonismo un arte. Pero a mediano o largo plazo te preguntarás ¿qué más?; a veces una sucesión de buenos momentos no alcanzan para construir con ellos una historia.

El Perro: ¿Prefieres un galán tierno, inofensivo y solícito? Tenemos al animal perfecto para ti: el Perro es el tipo de pareja que te va a dejar tomar todas las decisiones, el te delega todo, no te contradice y siempre te responderá: “si mi vida”, “a donde tu quieras” o “lo que sea está bien”. El problema es que no se involucra en la construcción del proyecto de pareja y al final te deja todo el paquete a ti; lo que a la larga deja de ser tan gracioso.

Se trata de un hombre que fue hecho estrictamente con base en los moldes sociales, habituado a ser lo que los demás esperan de él; por eso hace sus elecciones sin un criterio personal y generalmente acaba por seguir los proyectos que otros le imponen. Ocioso es decir que resulta un hombre súper dependiente de su familia, amigos y de su pareja; posiblemente en ese orden. Si eres alguien a quien le gusta compartir las decisiones y la relación en general, y en partes iguales, descubrirás que un Perro es lo que menos necesitas, además de que nunca estarás seguro si esta contigo por decisión propia o por miedo a quedarse solo.

Es el tipo de animal que va a procurar sentirse útil a cambio de ser aceptado. Su encanto consiste en que hará lo imposible por evitar el conflicto, y si a ti se te da eso de mantener el control en cada momento, entonces vas a ser justo el roto que necesita este descosido.

El Polilla: No, este animal no se come tu ropa ni tus muebles. El Polilla es solamente un poco disperso, le encanta el brillo de las cosas nuevas tales como un auto nuevo, un celular nuevo, una relación nueva, una camisa nueva y cosas así. Si no se cuida de sí mismo, este hombre, al que no le es sencillo eso de esforzarse, termina siendo un ser inconstante, superficial y voluble; su problema, por eso, es que sufre mucho de soledad, pues difícilmente se vincula con la gente o se involucra en proyectos a mediano o largo plazo.

Deja por ahí muchos asuntos sin concluir, abandona sistemáticamente mucho de lo que inicia, y va acumulando una creciente frustración que resuelve adquiriendo más cosas, personas o situaciones nuevas. Pero es una ilusión, en realidad con esa estrategia no resuelve nada. Su ventaja es que cualquier malestar, desde la tristeza hasta la soledad, parece desaparecer cuando estrena, pero a la larga sus problemas regresan y debe buscar con desesperación algo novedoso que lo vuela a estimular.

Por eso debes de mantenerte en constante renovación ante este animal que se aburre con facilidad, debes permanentemente proponiendo actividades estimulantes, lugares interesantes, etcétera. ¿Suena estresante y cansado sostener una relación asi?, sip… lo es.

El Avestruz: Puede que hayas tenido ya una relación así y quieras repetir, porque el Avestruz es un animal difícil de olvidar, una vez que has tenido una relación con él. Encerrado en sí mismo e instaladísimo en su zona de confort, El Avestruz es una persona que no desea, para nada, meterse en mayores problemas, y cuando se avecina un conflicto su único recurso es meter la cabeza en tierra hasta que el problema haya pasado, o sea tan tremendamente tarde para resolverlo, que ya no dependa de él.

No te preocupes, en realidad no hará un agujero en tu sala. Su estrategia es echarte la bolita para que tú te hagas cargo del dilema, mientras él le da largas al asunto con muy buenos pretextos, como: “tengo muchísimo trabajo”, o “si lo haré, pero en cuanto llegue el fin de semana”; y si de lo que se trata es de dar inicio a una relación, probablemente sea, en efecto, alguien tan increíblemente ocupado que no tendrá chance ni de verte, pero se trata nada más de otra evasión.

¿Cuál es el encanto del Avestruz?, en él encontrarás de inicio una persona que no se inventa conflictos, que no vive con agobio o se estresa fácilmente. Pero a la larga descubrirás que este animal tan alivianado, en realidad no se estresa con nada, y vas a tener que ser tu quien se agobie por los dos.

El Piojo: Con éste terminamos. El Piojo es la clase de animal al que en los bajos mundos, y en el juego de la lotería, se le conoce como El Chichifo. Su proyecto de vida se basa en una vida sin esfuerzos, y su proyecto de pareja consiste en refugiarse dentro de una relación en la que pueda acomodarse con total dependencia. Si se lo permites y él no se da cuenta de lo que está haciendo, acabarás siendo tú quien cocine, ponga la mesa, lave la vajilla y hasta le mastique la comida, mientras él te comenta que no sabe donde le pusiste sus pantuflas.

El nivel de explotación al que te puede someter un Piojo es extremo, desde pseudo esclavizarte, hasta dejarte en la bancarrota. Sería sencillo evitar relacionarte con un hombre así, de no ser porque son encantadores, tremendamente carismáticos y halagadores, todo calculado para que al final termines satisfaciendo lo que ellos necesitan de ti. Te sangran poco a poco hasta que no queda mucho más, y entonces toman tranquilamente sus cosas y se van en busca de otra persona  a quién explotar. A ellos no se les da bien la lealtad, se han habituado demasiado a concebir las relaciones desde un parámetro netamente utilitario.

Pero nuevamente, entre los rotos y descocidos, El Piojo va a ser irresistible para personas que les gusta ejercer el poder dentro de sus relaciones de pareja, porque dentro de la premisa de “el que paga manda”, él va a dejarte someterle siempre y cuando te encargues de sus satisfacciones, cuantas quiera que estas sean.

Y así las cosas en el zoológico de las relaciones de pareja, donde frecuentemente lo que te hace aproximarte, puede ser a la larga justamente el rasgo que te distancie de la relación. ¿A ti que te atrae de una persona?, ¿sentir protección de su parte, o que se sepa divertir, o tal vez que te haga sentirte muy relevante en su vida?, tal vez te atraiga alguien que sepa disfrutar del momento, o que jamás se preocupe por absolutamente nada. Cada quien somos clientes de un animal diferente.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

¿De qué animal te enamoras?

mayo 09, 2013 Hernan Paniagua
¿Te ha tocado ser pareja de alguien que al final resulto ser “todo un animal”? Seguramente si; la verdad es que en esto del amor cada quien tiene su propio estilo de relacionarse y de estar en pareja. Por eso, y sólo para entretenernos un rato, a continuación tomaré este fenómeno como pretexto y te voy a presentar el muy distintivo perfil de siete animales distintos, algunos más animales que otros, y entre los cuales seguramente alguno va a resultarte sospechosamente familiar.

Al final, vale la pena preguntar, ¿te recuerdan especialmente a alguien que conociste, o simplemente recuerden a ti, en algún momento de tu vida? Vamos, que que para serte honesto, algunos de estos sin duda, me recuerdan a mi.

El Gorila: Si te es atractiva la idea de un novio fuerte, varonil y que te proteja constantemente, que te haga sentir importante y se preocupe por ti, podemos recomendarte nada menos que al Gorila. Traído directamente de las junglas más profundas, este espécimen tan dominante es la mejor alternativa para quienes se dejan impresionar por los machos a la antigua usanza, es el epítome de la masculinidad galante, pendiente de tus necesidades y celosillo. Pero es a mediano plazo un arma de doble filo con la que deberás tener cuidado.


miércoles, 17 de abril de 2013

¿La homosexualidad se cura?

En los primeros días de mayo del 2008, se llevó a cabo en la Ciudad de México un congreso auspiciado por quienes sostienen que la homosexualidad es curable si eres alguien que no está a gusto con su sexualidad homoerótica. La propuesta es que si una mujer u hombre padecen de esto que comúnmente identificamos como falta de aceptación, puede someterse a un abordaje terapéutico que “le cure su homosexualidad”.

Antes de formular cualquier juicio acerca de esto, ya sea a favor o en su contra, analicemos bien de qué se trata.

Por mucho tiempo la homosexualidad fue considerada un trastorno psicológico y se asumía que toda persona homosexual tenia, por default, una serie de problemas emocionales y de personalidad derivados de su erotismo hacia personas de su mismo sexo. Hubo científicos a quienes esta idea les sonaba rara, como le pasó a una doctora en psicología llamada Evelyn Hooker. Esta mujer heterosexual tenía, según se dice, muchos amigos homosexuales, quienes a partir de la cercanía con ella y el contacto frecuente, la llevaron a dudar que efectivamente todos los homosexuales estuvieran enfermos. Así que para salir de dudas, habló con algunas universidades para conseguir los fondos suficientes parra llevar a cabo una investigación acerca de la relación entre homosexualidad y enfermedad mental.

Obtuvo los fondos y puso manos a la obra. Para su investigación formó dos grandes grupos de hombres, uno de puros heterosexuales y otro solamente de hombres homosexuales, y a cada miembro de ambos grupos le administró una serie de pruebas psicológicas como las manchas de tinta del test de Rorschach, mediante el que la personalidad del sujeto queda reflejada de forma suficientemente detallada a partir de lo que dice ver en esta colección de imágenes ambiguas. Con herramientas como ésta, compuso el perfil psicológico de cada uno de los voluntarios. El conjunto total de perfiles psicológicos lo llevó al análisis de un experto equipo de psicólogos y psiquiatras para que a partir de la descripción de la personalidad de cada sujeto, ellos distinguieran de entre todos, cual perfil correspondía al de un hombre homosexual y cuál al de uno heterosexual.

Los expertos no fueron capaces de distinguir los perfiles psicológicos de uno u otro grupo: cuando encontraban una personalidad que les sonaba homosexual por contar con rasgos neuróticos, paranoides o etcétera, resultaba ser que pertenecía a un hombre heterosexual, y cuando creían estar frente a un perfil equilibrado y bien adaptado, en breve se enteraban que le correspondía a un hombre homosexual que vivía abiertamente su homoerotismo. Así que de esta experiencia experimental, Evelyn Hooker extrajo las siguientes conclusiones: primero, que la homosexualidad en sí misma no existe como entidad clínica, porque sus formas de manifestación son tan variables como las de la heterosexualidad; que la homosexualidad simplemente es una desviación del modelo sexual concebido culturalmente como lo “psicológicamente normal”; y finalmente, que el papel que desempeñan las diversas expresiones eróticas y afectivas, no es relevante para el desarrollo de la personalidad.

Con esto, a la homosexualidad dejó de considerársele una enfermedad mental, a partir de evidencias empíricas concretas y no solamente por influencia del sentido común o los prejuicios de algunos involucrados o la presión política de grupos activistas. Entonces, ¿hay algo que se deba curar?, ¿o es sólo un planteamiento retrógrada fundamentado en la discriminación y la negación de la diversidad humana por parte de mentes nubladas por el prejuicio y la ignorancia?

A manera de argumentum ad verecundiam, permíteme hacer una pausa y mencionarte algunas figuras históricas que fueron o son efectivamente bisexuales u homosexuales: Lord Byron, Hans Christian Andersen, Virginia Woolf, Frida Kahlo, Arthur Rimbaud, Andy Warhol, Michel Foucault, Truman Capote, Julio Verne, Alan Turing, Chavela Vargas, James Cook, George Michael, James Dean, Alejandro Magno, Gustave Flaubert, Sócrates, San Agustín, Donatello, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Salvador Dalí, Oscar Wilde, Federico García Lorca, Alejandro Magno, Pedro Almodóvar, Tennessee Williams, Christian Dior, Jodie Foster, Ricky Martin, Ellen Page, Elton Jhon, Ian McKellen, Tiziano Ferro, y por supuesto, Ellen DeGeneres. ¿Te parece a ti una lista de personas trastornadas?

Pues efectivamente hay algo por curar en torno a la homosexualidad. Quienes invitan al público mexicano a participar en este congreso sobre el tratamiento que cura la “atracción al mismo sexo no deseada”, atinan en acotar su propuesta en la falta de aceptación de la propia homosexualidad, que efectivamente es una realidad para muchos hombres y mujeres homosexuales.

Cuando una persona le atribuye a su propio estilo erótico, ya se trate de alguien bisexual, homosexual o etcétera, connotaciones negativas, a la vez que reconoce en sí mismo o misma una serie de necesidades afectivas esperando ser satisfechas (como le sucedería a cualquier ser humano), va a negarse a satisfacerlas del todo al creer que dejarse llevar por estos impulsos le volverá una persona mala, reprobable e inmerecedora de la aprobación de los demás. Caer en este peligroso error es comprarse el boleto a una vida de frustración que con el tiempo será tierra fértil para el desarrollo de una larga cadena de patologías: depresión, baja autoestima, neurosis, desmotivación generalizada, conductas adictivas y demás enfermedades en torno a la homosexualidad que pueden ser sanadas con trabajo psicoterapéutico, pero que sin duda conviene más prevenirlas.

Sin embargo hay un gran error cuando se sugiere que la “atracción al mismo sexo no deseada” puede curarse curando la homosexualidad, la que ya está claro que no es una enfermedad y por tanto no necesita ser curada. Es por esa razón que el modelo de intervención terapéutica propuesto por el congreso promete que sólo un tercio de las personas tratadas desarrollarán la atracción heterosexual; es decir, que es más probable obtener cruz en un tiro de moneda al azar, que “curarse” por este medio. Cuando se dice que es obtenido un cambio en la tercera parte de las personas intervenidas, subyace la evidencia de que el cambio psicológico obedece más a características individuales de los sujetos que a las que corresponden a la propia terapia.

Se hace mención de otra tercera parte del grueso de las personas sometidas a este tratamiento, que disminuye sus “comportamientos homosexuales”, pero no desarrollan una sexualidad distinta que justifique la reducción de estos comportamientos. De ello se concluye que este modelo terapéutico tiene entre sus objetivos enseñar a la persona a reprimirse y a habituarse a dejar insatisfechas sus necesidades afectivas, lo que en general es contrario a cualquier planteamiento psicológico a favor de la salud emocional.

Entonces, ¿la psicoterapia puede ayudarnos con el conflicto en torno a ser homosexual? Sí puede. Es positivo y significativamente útil buscar que un psicoterapeuta te eche la mano para construir tu sexualidad, pero solamente en tanto que la terapia, cualquiera que sea su modelo teórico, te ayude a asimilar y aceptar tus necesidades afectivas, no a cambiarlas. El punto de partida es único y contundente: tienes derecho de sentir afecto (o amar) a quien elijas y del modo en que lo elijas; lo cual ni es malo ni bueno, simplemente es una parte de ti que debe ser respetada.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

¿La homosexualidad se cura?

abril 17, 2013 Hernan Paniagua
En los primeros días de mayo del 2008, se llevó a cabo en la Ciudad de México un congreso auspiciado por quienes sostienen que la homosexualidad es curable si eres alguien que no está a gusto con su sexualidad homoerótica. La propuesta es que si una mujer u hombre padecen de esto que comúnmente identificamos como falta de aceptación, puede someterse a un abordaje terapéutico que "le cure su homosexualidad".

Antes de formular cualquier juicio acerca de esto, ya sea a favor o en su contra, analicemos bien de qué se trata.

Por mucho tiempo la homosexualidad fue considerada un trastorno psicológico y se asumía que toda persona homosexual tenia, por default, una serie de problemas emocionales y de personalidad derivados de su erotismo hacia personas de su mismo sexo. Hubo científicos a quienes esta idea les sonaba rara, como le pasó a una doctora en psicología llamada Evelyn Hooker. Esta mujer heterosexual tenía, según se dice, muchos amigos homosexuales, quienes a partir de la cercanía con ella y el contacto frecuente, la llevaron a dudar que efectivamente todos los homosexuales estuvieran enfermos. Así que para salir de dudas, habló con algunas universidades para conseguir los fondos suficientes parra llevar a cabo una investigación acerca de la relación entre homosexualidad y enfermedad mental.


miércoles, 13 de marzo de 2013

La comunicación en pareja

¿Cuándo fue la última vez que discutiste con tu pareja? Es muy probable que en esa ocasión, una vez resuelto el conflicto, alguno de los dos se haya jurado jamás volver a pelear. Pero sucederá, porque los conflictos son algo común a todas las dinámicas de pareja y una fabulosa oportunidad de consolidar la relación cuando son abordados con madurez por los dos involucrados.
Por supuesto, esto no hace de los conflictos algo deseable; nadie piense que para mejorar la forma en la que te relacionas con tu pareja, habrá que inventarse religiosamente un conflicto cada martes por la mañana. Si se les puede evitar, bienvenido; si no, recurrir a estrategias derivadas de una buena comunicación, como la empatía o la negociación, pueden no sólo salvar el día, sino el destino de tu relación.

¿Quién de los dos tiene la culpa de las broncas en pareja? Ok, si bien es cierto que cada cual debe hacerse cargo de su cincuenta por ciento de la responsabilidad frente a los conflictos, también es correcto decir que buena parte de esas broncas se originan en la educación que tú y tu compañero recibieron cuando niños. Me explico: cuando eres chavo, tienes a tu disposición los juguetes y accesorios más “adecuados” según cada caso: ropita azul si eres niño, tus carritos, muñecos de acción, balones y pistolas de juguete; vestiditos en rosa pastel si eres niña y tu kit completo para maquillarse, cocinitas, hornitos, estufitas y hasta una regordeta muñeca que balbucea cuando la acuestas.

Así a ellas prematuramente les enseñan a atender al marido y a ellos a ser competitivos frente a los otros de su género.

Para los niños los juegos de contacto, para las niñas todo lo que es artístico y delicado; y para el acaso en que quedara alguna duda, están los cuentos de hadas que ayudan a ejemplificar cuál es el lugar que a las unas y los otros les corresponde en sociedad: a las princesas del cuento se las rescata, en tanto que de los caballeros se esperan valerosas batallas. Ambas son dos verdades tantas veces repetidas y en tantas versiones distintas, que ya nadie las cuestiona ni por accidente. Entonces ellos crecen y ellas también; ellas convencidas de que su lugar es cuidando de alguien, y ellos teniendo claro que deben de proveer y proteger, quedando vetado así para las unas ser atendidas, y para los otros ser alguna vez protegidos. Fin de la discusión.

Así, mientras él sale a buscar comida, ella se queda en casa cocinando, teniendo más hijos y atendiendo a los que ya están; este es un modelo tradicional y evidentemente heterosexual al más puro estilo de Aldous Huxley y su imaginario mundo feliz, donde la gente tendía a ser más feliz mantener el status quo que por satisfacción real. Esta forma de relacionarse, con cada quien en su papel, ha sido una enseñanza transmitida desde tiempos muy antiguos, en los que sí era necesario que toda interacción social se tradujera en mas niños para incrementar la población, cosa que sería de mucha utilidad a pueblos como el hebreo, que necesitaba grandes ejércitos para defenderse de las naciones invasoras, o para los romanos, que requerían ejércitos inmensos para expandir su imperio.

Y si bien en todas las culturas el homoerotismo entre hombres y mujeres siempre estuvo presente y no necesariamente castigado, los líderes sociales de antaño debieron regularlo coartando la libertad individual para favorecer el crecimiento poblacional. Fue en esta época en la que el concepto de sexualidad quedó asociado al de reproducción y el de familia al de pareja heterosexual. Sin embargo los tiempos cambiaron, desapareció obviamente la necesidad de incrementar el número de habitantes y dejo también de ser obligatorio salir a la guerra cada semana; el mundo dejó de ser un sitio tan hostil, por lo que dejó de requerirse este modelo de pareja tan funcional solo en el momento y escenario en que surgió, pero nadie se ocupó en actualizarlo ahora que carece de una razón de ser.

El mensaje se transmitió generación tras generación hasta llegar a nosotros, y es aquí y ahora que sucede, que luego de los vestidos en rosa pastel o los trajecitos azules, los juegos de cocina, las pelotas y los cuentos de hadas con todo y príncipes y princesas, que los chavitos crecen para darse cuenta un día de que a él le gustan los niños y que a ella le van mejor las chavas. Es así cuando empiezan los problemas que se manifestarán cuando él o ella integren una relación de pareja con alguien que probablemente también recibió una educación heterosexual que le preparó para otro tipo de relaciones. Ambos, luego de conocerse, iniciarán un recorrido de ensayo tras error hasta encontrar la fórmula exacta para convivir en armonía.

Una primera pregunta: ¿Las parejas homosexuales tienen mayor probabilidad de desarrollar conflictos que las heterosexuales? Pese a lo que puedas imaginarte, definitivamente no; sin embargo los conflictos que debes atender cuando andas con alguien de tu mismo sexo, surgen directamente de tratarse de dos chavas que fueron educadas para cuidar de otro, pero no para dejarse recibir cuidados, o de un par de hombres que crecieron para proteger a otros, pero no para ser protegidos. ¿Como consigues que las dos piezas embonen? Si la educación que recibimos y los ejemplos de los que entonces eran adultos fuesen todo cuanto determina nuestro éxito o fracaso en una relación, francamente en lo amoroso no tendríamos demasiado futuro.

Afortunadamente seguimos aprendiendo, y no hay mejor maestro que la propia relación. ¿Por dónde buscar? La pista para lograr una relación de pareja armónica y equilibrada se encuentra en la comunicación con el otro, es decir, conocer a primera instancia el modo en que él o ella, si eres chava, concibe una dinámica entre dos personas a este nivel de intimidad. ¿Espera él, dado que es un hombre, dominar en la relación?, ¿espera ella encargarse por entero del cuidado de la pareja?; conocer las expectativas del otro y compartir con él o ella las propias, sirve para poner en claro qué proyecto tiene cada uno, pues como un proyecto que es, es indispensable que ambos tiren de la carreta en la misma dirección, como un equipo.

Los proyectos, ya se trate del proyecto de vida, del profesional o el de pareja, una vez definidos sigue modificándose conforme crecemos, vamos aprendiendo y maduramos a través de nuestras experiencias; así que no debe resultarte extraño que lo que en un momento era para ambos un hecho a futuro, ahora haya cambiado para ajustarse a lo que uno u otro o ambos viven en el momento actual. Por eso es que, en este mismo marco, la definición de pareja es algo que los dos habrán de mantener como un tema recurrente a lo largo de la vida, definiéndola y redefiniéndola para estar seguros de que cuando los dos hablan de ustedes, estén hablando de lo mismo.

Pero la chamba no se termina ahí. Uno de los grandes problemas de las relaciones heterosexuales es que el hombre asume que conoce lo que está bien para ambos, por lo cual decide unilateralmente y, en el mejor de los casos, posteriormente informa a su compañera de los resultados. En una relación homoerótica puede recurrirse a una estrategia semejante, causando consecuentemente el distanciamiento en la pareja. En lugar de esto, lo más conveniente es que permanezcas al tanto de las necesidades de tu chavo o de tu chava, al mismo tiempo que debes estar súper consciente de las tuyas; son dos tareas simultáneas que sobre la marcha se vuelven sencillas de manejar. Como lo es tu proyecto de pareja, las necesidades tuyas y suyas también son cambiantes y deben de ser algo sobre lo que se hable o se pregunte en cualquier situación en la que haga falta.

Así, comunicación es hacer preguntas para saber, y es también expresar lo que sentimos cuando todavía nadie ha preguntado.

Ahora que, tampoco hay que abusar; comunicación no es tratar de saber a cada minuto donde anda, con quien, qué hace y cómo. Hay que dejarse mutuamente respirar y darse cada quien su espacio, porque el modelito de telenovela en el que ambos están juntos como muégano mutante y no necesitan de nada ni nadie más, no es que este pasado de moda, es simplemente que jamás funcionó. Si bien siendo pareja cada uno es dependiente del otro, cada cuál debe ser capaz de mantener un vínculo independiente con el universo.

Hay tres mundos para la pareja: un mundo es el que te corresponde a ti, en el que están tus amigos, tus actividades profesionales y los hobbies que no compartes con tu pareja; otro es el suyo, con sus amigos, actividades y sus hobbies, y sólo a veces te invita a participar de él, como tu a veces le invitas a entrar al tuyo; ninguno está obligado a compartirlo si no tiene ganas de hacerlo. Un tercer mundo es el que ambos han construido durante el desarrollo de su relación, que incluye a veces el espacio donde viven o simplemente conviven, las amistades que se hicieron comunes, el negocio que ambos abrieron, etcétera. Lo que define y limita cada mundo es la comunicación: decir con franqueza lo que queremos compartir y lo que de plano no, así corresponda a su mundo o al tuyo, asumiendo que no hay obligaciones de por medio.

Pero, a todo esto, ¿porqué en algún momento todos buscamos tan afanosamente iniciar una relación de pareja? La respuesta la encuentras en el rollo de la realización personal. Cada ser humano, hombre o mujer, gay o hétero, busca alcanzar todas sus potencialidades para las que esta destinado; nos involucramos en proyectos que retan nuestra inteligencia, en actividades que ponen a prueba nuestra condición física, en situaciones que nos exponen a nuestras emociones, y todo con el objetivo de trascender nuestros límites y entonces lograr la satisfacción completa de uno mismo. Sin embargo frecuentemente necesitamos de los demás para crecer en este sentido, por eso hacemos amistad con otros y, efectivamente, en su momento nos afanamos en la búsqueda de una relación de pareja.

Todos necesitamos realizarnos de diferentes maneras, y esto es parte de la razón por la que surge una de las broncas más recurrentes entre las parejas de chavas o de chavos: la competencia. Es común escuchar que para un hombre poderse realizar, necesita mantener una familia, ser tosco y masculino, siempre ser proveedor y promiscuo, porque “así son los hombres”. Por otra parte, para una mujer realizarse debe ser comprensiva, femenina y cuidar de los suyos porque “ya sabes como son las mujeres”. Todos hemos escuchado este rollo que se repite hasta el hartazgo, y en mayor o menor grado nos lo hemos creído, integrándolo a nuestra manera de entender al mundo; de modo que si te detienes a pensar sobre como es un hombre de “a de veras”, muy probablemente se te ocurra imaginártelo muy rudo o agresivo.

Es difícil encontrar a una persona gay ajena a esta influencia; por eso cuando dos hombres se juntan en una relación, viven dudando poder realizarse como tales, pues se cree por inercia que uno debe de dominar al otro. Igualmente sucede con dos chavas en pareja, una tendiendo a ser maternal y la otra también. A veces es chido preguntarse: ¿como vamos a realizarnos mi chavo y yo como hombres?, ¿dónde está nuestra realización como mujeres?, ¿necesito yo realizarme específicamente como hombre?, o ¿qué es lo que realmente necesito?, y luego compartir estas reflexiones con nuestra pareja y escuchar lo que tiene que decir al respecto.

Cuando no afrontas directamente estas preguntas, así como la respuesta con completa franqueza, corres el riesgo de llevar tu relación hacia una dinámica de competencias, donde uno buscará reafirmar su calidad de hombre sobre la de su pareja (reduciendo la realización del otro consecuentemente), o su calidad de mujer, cuando son chavas, sobre la de su compañera. Este bache en la relación se nota mucho más cuando él trata de ser el que decide, quien gana más dinero, o incluso a quien se le nota menos su homosexualidad; o entre ellas, cuando una trata de convertirse en la fuente única de satisfacción para las necesidades de la otra, coartando a la larga su libertad y volviéndose tremendamente asfixiante para la pobre chava. Simplemente unos y otras se dejan llevar por lo que todos aprendimos, y tratan de cumplir con el rol que de niños nos fue inculcado; creyendo que su felicidad depende de que cumplan con estos papeles.

Entre las parejas que no consiguen salvar este obstáculo, puedes encontrarte con que un miembro de la relación cede, concediendo la supremacía al otro con la intención de preservar la armonía entre los dos; pero también puede ser que en lugar de ceder se embarque de lleno en la dinámica y vuelvan de la competencia una manera permanente de relacionarse. En cualquiera de los casos, la competencia invariablemente se convierte en violencia, sin importar si es una pareja de chavos o de mujeres; violencia que puede manifestarse con golpes, insultos, silencios o actitudes que paulatinamente crecen la distancia entre ambos, hasta que se fractura la relación.

Y si, evitar esto no son enchiladas, pero vale la pena lograr una relación donde uno y otro sean iguales, valgan lo mismo para los intereses de la pareja y tengan cada cual el mismo poder de decisión en la elección de posibilidades; al cabo ninguno está solo, se tienen mutuamente, y como ya lo dijimos antes: son un equipo que trabaja por sacar adelante su proyecto de pareja. Una estrategia que puede servir fabulosamente es la negociación, es decir, comunicar cada quien sus necesidades y juntos encontrar una solución que satisfaga a ambos.

Vamos, un ejemplo de lo anterior: supongamos que eres un chavo de los que les encanta ser protectores y tu pareja es igual; entonces ambos se toman la tarde y platican a fondo sobre esto, hasta identificar la situación en que cada quién se percibe a sí mismo vulnerable y así ponen en claro en que momentos le toca a uno proteger y en cuales le toca al otro ser protegido, acto seguido se comprometen los dos a dejarse apoyar ¡y listo!, no pelearán por ser el superhombre porque cada quién tendrá su oportunidad de serlo. Inténtalo este fin de semana y nos cuentas cómo te fue.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

La comunicación en pareja

marzo 13, 2013 Hernan Paniagua
¿Cuándo fue la última vez que discutiste con tu pareja? Es muy probable que en esa ocasión, una vez resuelto el conflicto, alguno de los dos se haya jurado jamás volver a pelear. Pero sucederá, porque los conflictos son algo común a todas las dinámicas de pareja y una fabulosa oportunidad de consolidar la relación cuando son abordados con madurez por los dos involucrados.

Por supuesto, esto no hace de los conflictos algo deseable; nadie piense que para mejorar la forma en la que te relacionas con tu pareja, habrá que inventarse religiosamente un conflicto cada martes por la mañana. Si se les puede evitar, bienvenido; si no, recurrir a estrategias derivadas de una buena comunicación, como la empatía o la negociación, pueden no sólo salvar el día, sino el destino de tu relación.

¿Quién de los dos tiene la culpa de las broncas en pareja? Ok, si bien es cierto que cada cual debe hacerse cargo de su cincuenta por ciento de la responsabilidad frente a los conflictos, también es correcto decir que buena parte de esas broncas se originan en la educación que tú y tu compañero recibieron cuando niños. Me explico: cuando eres chavo, tienes a tu disposición los juguetes y accesorios más “adecuados” según cada caso: ropita azul si eres niño, tus carritos, muñecos de acción, balones y pistolas de juguete; vestiditos en rosa pastel si eres niña y tu kit completo para maquillarse, cocinitas, hornitos, estufitas y hasta una regordeta muñeca que balbucea cuando la acuestas.

viernes, 22 de febrero de 2013

Hombres y violencia de género

Cuando se toca el tema de “violencia de género”, la conversación tiende habitualmente a irse del lado de las mujeres, que son víctimas de nuestras estructuras tan rígidas de lo que es ser mujer en nuestra sociedad.

Violencia de género, grosso modo, consiste en limitar el desarrollo de una persona por el solo hecho de que la gente a su alrededor, mantiene (o mantenemos, kimosawe) unas expectativas distintas hacia ella: unas que ni tienen que ver son sus propios deseos, necesidades o historia de vida, sino más propiamente, con lo que nos apetece para ella por el solo hecho, en este caso, de que es mujer.

Cuando se trata de las mujeres, nuestra sociedad les impone jornadas laborales que son más semejantes a lo que vivían los esclavos en tiempos de la colonia, que a lo descrito en la Ley Federal del Trabajo; hoy en día, además de cuidar de los niños, educarlos y hacer las labores cotidianas del hogar y responsabilizarse del mantenimiento de la casa, debe también hacer la vida cómoda para su marido, lavarle, plancharle, cocinarle los alimentos, porque eso es lo que todos y todas esperamos de ella.