martes, 19 de noviembre de 2013

Prohibido hacer sus necesidades

La mayor parte de los hombres homosexuales que viven su sexualidad de manera clandestina, fantasea en algún momento con poder expresar su erotismo de forma abierta y frente a la aceptación de las personas con quienes convive, particularmente las que le son emocionalmente significativas.

Básicamente, salir del clóset es estructurar alrededor de uno un estilo de vida que sea congruente con sus necesidades afectivas y sociales, es decir, si quiero ser novia de otra mujer, serlo; si quiero ir a bares gays sin temor a ser pillado, hacerlo.

En general a todos nos gustaría poder hacer lo que nos viene en gana sin restricciones, pero a veces no es del todo posible debido a normas, códigos o prejuicios sociales.

En ocasiones los límites son reales y válidos, como los que se refieren a portar armas en la calle, matar a tus congéneres, violar los derechos de otra persona o etcétera; y otras veces están sustentados en una percepción del modo en que el mundo “debiera” ser a partir de presupuestos morales e ideas claramente descontextualizadas, o más bien, fuera de tiempo (por no decir retrógradas).

A esta segunda categoría, la de las limitaciones retrógradas, pertenecen las restricciones para las mujeres acerca de abordar o no a un pretendiente con intenciones sexuales, los límites acerca del grado en que un hombre puede mostrar sus sentimientos y permitirse actuar en consecuencia de éstos, o un sin fin de otros de impedimentos impuestos. Todos tenemos presente al menos una decena de normas que nos vemos forzados a seguir sin que haya una lógica funcional o práctica detrás de ellas.

Se dice: “los hombres no pueden hacer pareja con otros hombres; lo natural es que se hagan novios de mujeres que los quieran y formen una familia” Este es un discurso que hasta nuestros días suena sin enfrentar tanto cuestionamiento como quizás debiera, y es arrojado a la cara de las personas gay como un argumento incuestionable para negar a todo homosexual el derecho de satisfacer su necesidad afectiva homoerótica.

Si hubiera que contra – argumentar, podríamos decir que en la naturaleza la homosexualidad existe muy recurrentemente, entre los monos, los perros, los delfines, las hienas, etcétera, e incluso sucede que en la misma naturaleza hay hasta transexualidad, porque ni a Nemo ni a los otros peces payaso, por dar un ejemplo, les molesta lo más mínimo pasar de macho a hembra, cada que sus necesidades así se los demandan.

Algo así puede argumentarse cuando tratan de negarte el derecho a expresar tus emociones y actuar en consecuencia de tus sentimientos, pero, la verdad es que finalmente no estas obligada u obligado a argumentar nada.

Los españoles dicen: “a palabras necias, oídos sordos”; ¿que más necio hay, que el tratar de obligar a alguien a amar de una forma y no de otra?, u obligarle a moverse de determinada manera más masculina o a vestir de un modo que no es el que él o ella prefieren.

¿Con que palabra definirías el acto de forzar a otra persona a obedecer mis valores personales, expectativas y creencias? Probemos con esta palabra: Violencia.

La violencia consiste en negar a alguien la posibilidad de satisfacer sus necesidades. Es violento quien impide que alguien coma, quien no deja ser feliz a otra persona, quien no le permite satisfacer su necesidad afectiva, o quien le coarta sus posibilidades para evolucionar como ser humano.

La violencia ejercida sobre los demás, repercute categóricamente en la salud de quien es violentado, ya en el ámbito físico (manifestándose como moretones, fracturas, desnutrición o lo que se te pueda ocurrir), en el social (que se ve cuando la persona es aislada del contacto con sus amigos, familia y demás), o en el emocional (identificado por sentimientos de tristeza y frustración marcando a la persona y generando una baja autoestima y sólidos impedimentos para su realización personal).

Cuando la violencia aparece, lo hace empleando argumentos que invariablemente carecen de validez, lo que a su vez es una excelente manera de detectar una situación violenta. Todos podemos ser generadores o receptores de la violencia, porque, finalmente, vivimos en una cultura que exalta el uso de la fuerza para evitar cualquier esfuerzo dirigido a la negociación o el diálogo.

Entonces, efectivamente vivimos en una cultura violenta.

Nos desarrollamos en una sociedad en la que es sencillo negarles a los otros la posibilidad de hacer cuanto necesitan hacer, el derecho inherente a todo ser humano de satisfacer sus necesidades en vías de constituirse como un ser pleno y satisfecho de sí mismo; y eso nos devuelve al origen de este texto, porque para que exista una persona que violenta a otra, es necesario que haya otra que permita ser violentada.

En las paredes de algunos barrios en mi ciudad, se lee la leyenda: “Prohibido hacer sus necesidades!!”, ¿cómo es que no salta a la vista la violencia contenida en esta frase? Bueno, es que nos hemos habituado a mensajes como este y porque nos son familiares, hemos dejado de cuestionarlos.

Si alguien sostiene que careces del derecho para satisfacer tus necesidades, cuales quiera que sean; las afectivas, por ejemplo; quizá porque da la casualidad de que en tu caso estas necesidades son distintas al de la mayoría estadística de personas, lo único que ese alguien necesita para privarte de tu libertad es que le des la razón de alguna manera, que de alguna manera también tu creas que no tienes el derecho de alcanzar lo que necesitas.

¿Qué te hace falta para creer en la validez de tus propias necesidades?

Tu necesidad de sentir lo que sientes, de expresar lo que piensas, de nutrirte en la manera concreta o simbólica en que te es menester. Tus necesidades son válidas y genuinas, lo que es materia de negociación es el modo en que las satisfaces, ya sabes, satisfacerte sin negar la posibilidad de satisfacer sus necesidades a otros, porque entre las personas como en las naciones, el respeto al derecho ajeno es algo que algunos pensadores mexicanos ya han atesorado en su momento.

En el espacio intermedio entre las necesidades de los otros y las propias, reside el diálogo y la negociación, ¿cómo le haremos para negociar nuestros intereses de modo que todos ganemos?; ¿están ellos dispuestos a negociar?, ¿lo estoy yo?

En una sociedad que avanza, no se vale afirmar que esta prohibido hacer sus necesidades.

Prohibido hacer sus necesidades

noviembre 19, 2013 Hernan Paniagua
La mayor parte de los hombres homosexuales que viven su sexualidad de manera clandestina, fantasea en algún momento con poder expresar su erotismo de forma abierta y frente a la aceptación de las personas con quienes convive, particularmente las que le son emocionalmente significativas. Básicamente, salir del clóset es estructurar alrededor de uno un estilo de vida que sea congruente con sus necesidades afectivas y sociales, es decir, si quiero ser novia de otra mujer, serlo; si quiero ir a bares gays sin temor a ser pillado, hacerlo. En general a todos nos gustaría poder hacer lo que nos viene en gana sin restricciones, pero a veces no es del todo posible debido a normas, códigos o prejuicios sociales.

En ocasiones los límites son reales y válidos, como los que se refieren a portar armas en la calle, matar a tus congéneres, violar los derechos de otra persona o etcétera; y otras veces están sustentados en una percepción del modo en que el mundo “debiera” ser a partir de presupuestos morales e ideas claramente descontextualizadas, o más bien, fuera de tiempo (por no decir retrógradas). A esta segunda categoría, la de las limitaciones retrógradas, pertenecen las restricciones para las mujeres acerca de abordar o no a un pretendiente con intenciones sexuales, los límites acerca del grado en que un hombre puede mostrar sus sentimientos y permitirse actuar en consecuencia de éstos, o un sin fin de otros de impedimentos impuestos. Todos tenemos presente al menos una decena de normas que nos vemos forzados a seguir sin que haya una lógica funcional o práctica detrás de ellas.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Adictos a despedirnos

noviembre 08, 2013 Hernan Paniagua
Conforme pasan los años, vamos volviéndonos expertos en despedir a personas de nuestra vida, pero no alimentamos la capacidad de darle la bienvenida a personas nuevas.

Crecen las intolerancias, abundan las manías. Cada vez nos hacemos mas solemnes, formales y buscamos tener la razón a costa de cualquiera.

Tenemos derecho a poner nuestro ego frágil por encima de cualquier relación, pero pensémoslo: ¿dentro de treinta años quién será una mejor compañía, el amigo que me ha acompañado durante tanto tiempo, o este ego que hoy defiendo como si no hubiese un mañana?

La diferencia entre la vejez digna de ser vivida, y una contaminada por el abandono y la soledad, estriba hoy en saber hacer ese recorrido bien acompañadas y acompañados.

Echa tus barbas a remojar...

domingo, 29 de septiembre de 2013

¿Somos emocionalmente responsables?

En teoría, los seres humanos nos asociamos en grupos para hacernos la vida saludablemente más sencilla, al igual que otros integrantes del reino animal. De ahí nacen nuestras relaciones interpersonales: las de amistad, familiares, de pareja, negocios y etcétera. En teoría, pero en la práctica sucede que una parte importante de las relaciones que construimos, es fuente diaria de tensiones y angustia para nosotros.

¿A qué se debe esto, que tanto nos lleva a afirmar lo complicadas que son las relaciones interpersonales? Es fácil dar la respuesta: construimos expectativas inalcanzables hacia las otras personas y a la vez asumimos que ellos y ellas tienen expectativas que tampoco vamos a poder alcanzar. Y si, decirlo es fácil; lo complicado es llevar esto de algún modo a la práctica.

Las expectativas inalcanzables son el primer obstáculo para construir relaciones saludables, entendiendo “saludables” como esas que me enriquecen emocionalmente, que reflejan una versión positiva de mí y que plantean un escenario ideal tanto para desarrollarme, como para contribuir al desarrollo de la otra persona.

Lo saludable de las relaciones, entonces, se extravía cuando pretendo hacerme cargo de las emociones de alguien más, o igual, cuando espero que alguien más se haga cargo de mis propias emociones; en cualquiera de los casos, todas o todos los involucrados salen perdiendo: como en cada ocasión donde que pretendo que alguien me haga feliz, que culpo a otra persona por ponerme triste, o que me lavo las manos librándome de culpa al afirmar que tal o cual individuo me hizo enojar. En cada uno de estos ejemplos me niego la posibilidad de relacionarme saludablemente, dado que estoy responsabilizando a otro de mis emociones, o viceversa: me acredito responsabilidades cuyo cumplimiento no está en mis manos.

Así que, como corolario, cada vez que alguien con quien mantienes un vínculo afectivo te responsabilice de sus emociones, muy seguramente lo vas a pasar mal.

Si me lanzo a la tarea de responsabilizarme por las emociones de alguien más, estaré caminando una ruta de fracasos y frustraciones que al final me ocasionará un mal concepto de mí; y me generará un mal concepto de los demás cuando a mi vez, delego en ellas o ellos la responsabilidad de mis emociones. He aquí la manera ideal para convertir nuestras relaciones con las y con los demás, en un total calvario. ¿Qué hay de esas veces en que estamos escondiéndonos para que fulanita no vea que salimos con el chico que le cae tan mal?, ¿cuál es el costo emocional de siempre cuidar a zutanito, porque tiene pánico de estar solo?, ¿cuántas veces nos hemos callado lo que necesitamos decir o hacer, con tal de no hacer sentir mal a menganito?

Asumir que existe una relación causal directa entre lo que alguien siente y lo que yo hago, es no tomar en cuenta la capacidad de tomar decisiones de esa persona, quien es un ser racional y, al menos tentativamente, un ser maduro para el manejo de sus propias emociones. Así que, si bien no se trata de ser cínicos ante el despliegue emocional de quienes están a nuestro alrededor, es harto recomendable asumir nuestras responsabilidades sin eximir a los demás de su propia responsabilidad.

Así que, para que nuestras relaciones enriquezcan nuestra vida, tenemos que asumir que cada quien es capaz de resolver sus propios estados emocionales, sin importar cuánta sea la tristeza que sintamos, o cuánto el enojo; si no encaro mis propias emociones, no podré aprender a identificarlas e interactuar con ellas. Vamos, que esto es importante: si yo juego a resolver las emociones de los demás, no aprenderé nada útil acerca de mis emociones y estoy impidiendo que esa persona desarrolle cualquier aprendizaje acerca de las suyas. ¿Qué tal?

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C

¿Somos emocionalmente responsables?

En teoría, los seres humanos nos asociamos en grupos para hacernos la vida saludablemente más sencilla, al igual que otros integrantes del reino animal. De ahí nacen nuestras relaciones interpersonales: las de amistad, familiares, de pareja, negocios y etcétera. En teoría, pero en la práctica sucede que una parte importante de las relaciones que construimos, es fuente diaria de tensiones y angustia para nosotros.

¿A qué se debe esto, que tanto nos lleva a afirmar lo complicadas que son las relaciones interpersonales? Es fácil dar la respuesta: construimos expectativas inalcanzables hacia las otras personas y a la vez asumimos que ellos y ellas tienen expectativas que tampoco vamos a poder alcanzar. Y si, decirlo es fácil; lo complicado es llevar esto de algún modo a la práctica.

Las expectativas inalcanzables son el primer obstáculo para construir relaciones saludables, entendiendo “saludables” como esas que me enriquecen emocionalmente, que reflejan una versión positiva de mí y que plantean un escenario ideal tanto para desarrollarme, como para contribuir al desarrollo de la otra persona.


jueves, 13 de junio de 2013

¿Qué es lo que tu ciber - perfil dice de ti?

En la comunidad gay y progresivamente, cada vez más fuera de ésta, actualmente son muchos los hombres y mujeres que día con día se suscriben en Internet o mediante aplicaciones para teléfonos inteligentes a sitios de contactos en busca de ligue. Acceden con su nombre de usuario, ingresan su contraseña y revisan quienes han visitado y respondido a su perfil. En este escenario virtual no son pocos los sitios que brindan este servicio y suele ocurrir con frecuencia que quien tiene elaborado su perfil con foto en alguno, lo tiene también en varios sitios más. Las ventajas en torno a la economía de esfuerzos y tiempo son evidentes, pero ¿qué es lo que realmente un perfil dice de ti?

Contextualizándonos, es oportuno decir que “perfil” es la descripción de uno mismo que tu redactas en un espacio personalizado, dentro del sitio y con el fin de que los otros usuarios lo puedan ver y conocer algo de ti; usualmente uno incluye el tipo de persona que busca, el tipo de relación que le apetece y una, dos o más de entre sus mejores fotografías. Cuando ese perfil resulta atractivo e interesante, los demás van a responder dejándote mensajes que puedas leer la próxima ocasión en que ingreses al sitio; cuando no es atractivo, el buzón de mensajes permanecerá vacío.

Con un vistazo general a la extensa colección de perfiles, es evidente que no hay dos iguales; aunque probablemente sí puedas encontrar una misma fotografía en varios perfiles, por eso es aconsejable firmar las imágenes que subes en tanto que el sitio te lo permita. Una vez familiarizado o familiarizada con la diversidad, puedes detenerte a leer lo que unos u otros usuarios escriben de sí mismos. Ahí es donde la variedad se extingue. Muchos perfiles inician con la frase: “es difícil describirse a uno mismo”, y de esa manera se evitan un ejercicio mínimo de introspección, argumentando en seguida que responderán a todas las preguntas que lleguen a su buzón de mensajes. Usualmente no funciona esta estrategia, porque cuando no sabes nada de alguien, seguramente no tendrás ninguna duda o interés hacia esa persona.

Hay los que se extienden a lo largo y ancho de su perfil expresando a detalle cómo ven la vida, te cuentan sus valores éticos y morales y profundizan en derroteros existenciales que se acomodan más a una tarde de café que a la brevedad pragmática de un sitio de contactos. También están quienes se explayan regañando a los usuarios de los otros perfiles porque son muy superficiales o porque no lo son en absoluto, porque son muy femeninos o porque son más masculinos; en fin, que por hablar de los demás te quedas sin saber nada del que suscribe tales líneas, salvo que se trata de alguien indudablemente intolerante. Luego, están los peores: los agresivos, ellos se merecen un párrafo aparte.

Tristemente, no son pocos los perfiles que en pocas o muchas palabras discriminan a quienes no comparten un determinado estilo de comportarse, pertenecen a un dado grupo social o tienen, incluso, algún grado de estudios o de ingreso económico distinto al usuario de ese perfil. Por supuesto que es oportuno explicar en tu espacio, qué tipo de persona buscas o cuál no te cae bien para nada, pero los matices entre lo que simplemente informa o hiere a quien lee tu texto, están en las palabras que eliges. Una sola palabra, siendo peyorativa, puede convertir un perfil en un texto no solamente discriminador, sino también violento y quie tiende a alejar a las personas. Ten esto en cuenta la próxima vez que explores los perfiles, y probablemente reconocerás algunos que te conducen efectivamente a sentirte agredido, tal vez enojado.

Y hay otros que encuentran un equilibrio entre platicar cómo son y qué es lo que buscan.

Cuando redactas un perfil personal para alguno de estos sitios, es importante hablar de ti, describiendo aspectos positivos de tu personalidad que consideres atractivos, o las cualidades que son tu fuerte; debes incluir alguna que otra de tus gracias físicas, también eso te servirá de mucho. Es cierto que vivimos en una cultura donde hablar bien de uno mismo es una especie de tabú, pero a veces es positivo, además de sano, el ser capaces de reconocer nuestras propias fortalezas con la misma facilidad con la que podemos reconocer las de alguien más. Cuando te presentas a alguien, en vivo o mediante un perfil en la red, es precisamente una de esas veces.

Como sea, hagas lo que hagas, jamás hables mal de ti. Ya habrá posteriormente, tiempo para que menciones tus defectos de alguna forma o se noten por ellos mismos; pero este no es, ni remotamente, el momento para que los saques a colación. Recuerda que estás haciendo una especie de labor de venta.

¿Cómo es el tipo de persona que buscas y para qué? Ten claridad en este aspecto, en medida de lo posible. No emplees adjetivos que puedan ser agresivos para alguien, porque ese tipo de mensajes solamente atraerán la atención de otra persona agresiva, y en este contexto, “agresivo” es un claro sinónimo para “violento”. No querrás una cita con alguien violento, ¿cierto?

Deja claro qué es lo que quieres: sexo, amistad, etcétera, pero cuida de ser congruente. Si en tu perfil declaras no estar buscando sexo, tus fotos o tu nombre de perfil no deben de enviar el mensaje contrario. Sé directo, así como cuando buscas una entrevista de trabajo, tu objetivo es conseguir una primera cita, igual tratarás de obtener tu primer encuentro con el dueño o la dueña del perfil que llamó tu atención; en esa primera cita podrás compartir todos los rollos existenciales que traigas en la cabeza, las canciones y poemas que te gustan o los viajes por el mundo que alguna vez hiciste, hasta entonces; mientras tanto invierte el espacio de tu perfil en dar respuesta a las preguntas ¿cómo eres?, ¿qué te gusta? y ¿qué buscas?

Los sitios de contactos te pueden acercar a muchas personas que muy probablemente no habrías conocido de otra forma, implican la oportunidad para tener sexo con gente absolutamente distinta o para iniciar desde cero nuevas relaciones de amistad o de pareja, en el país en el que estás o, ¿porqué no?, en cualquier otro. Es tan bueno un espacio en la web como la barra de algún bar o el semáforo en rojo de cualquier calle. No te limites a ninguna alternativa: no te convenzas de que quienes hacen uso de estos espacios virtuales carecen de habilidades para socializar, porque no suele ser verdad, ni vayas a pensar que es más fácil o eficaz ligar por Internet de lo que resulta hacerlo de persona a persona. Cada situación tiene sus pros y sus respectivos contras.

Explora, sorpréndete intentado maneras distintas. Te garantizo que con diversificando tus estrategias sociales, tu entorno se enriquecerá significativamente y lo pasarás mucho mejor.

Una psicoterapia de enfoque humanista y sistémico, diverso y sensible al género: T+C
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¿Qué es lo que tu ciber - perfil dice de ti?

En la comunidad gay y progresivamente, cada vez más fuera de ésta, actualmente son muchos los hombres y mujeres que día con día se suscriben en Internet o mediante aplicaciones para teléfonos inteligentes a sitios de contactos en busca de ligue. Acceden con su nombre de usuario, ingresan su contraseña y revisan quienes han visitado y respondido a su perfil. En este escenario virtual no son pocos los sitios que brindan este servicio y suele ocurrir con frecuencia que quien tiene elaborado su perfil con foto en alguno, lo tiene también en varios sitios más. Las ventajas en torno a la economía de esfuerzos y tiempo son evidentes, pero ¿qué es lo que realmente un perfil dice de ti?

Contextualizándonos, es oportuno decir que “perfil” es la descripción de uno mismo que tu redactas en un espacio personalizado, dentro del sitio y con el fin de que los otros usuarios lo puedan ver y conocer algo de ti; usualmente uno incluye el tipo de persona que busca, el tipo de relación que le apetece y una, dos o más de entre sus mejores fotografías. Cuando ese perfil resulta atractivo e interesante, los demás van a responder dejándote mensajes que puedas leer la próxima ocasión en que ingreses al sitio; cuando no es atractivo, el buzón de mensajes permanecerá vacío.