viernes, 5 de septiembre de 2014

El mito del sexo sin compromiso

Por Mario Alberto Reyes/ Agencia NotieSe

El no involucramiento de las emociones durante las relaciones sexuales fortuitas es una falacia, porque no obstante los cuerpos se liberan de la ropa, simultáneamente se visten de anhelos, expectativas y deseos que conducen a un aislamiento de la realidad en el que los individuos se pertenecen mutuamente y dejan de sentirse solos, señaló el psicólogo Hernán Paniagua.

Explicó que contrario a las expectativas de mucha gente que busca sexo sin establecer compromisos, por lo menos siempre está presente el relacionado con tener relaciones sexuales con la persona contactada, porque en caso de negarse, surgirán las reclamaciones y el recordatorio del compromiso de acostarse con ella.

Paniagua, quien es responsable del Departamento Académico de Anodis Consejería, definió como “una realidad” que en el ambiente gay las personas se sienten “tremendamente solas”, motivo por el cual las relaciones sexuales constituyen un paliativo. Mencionó que una de las causas de la adicción al sexo, podría estar basada en la asociación entre el acto sexual y el contacto físico interpretado como muestra de afecto y aceptación.

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El mito del sexo sin compromiso (Publinota)

Por Mario Alberto Reyes/ Agencia NotieSe

El no involucramiento de las emociones durante las relaciones sexuales fortuitas es una falacia, porque no obstante los cuerpos se liberan de la ropa, simultáneamente se visten de anhelos, expectativas y deseos que conducen a un aislamiento de la realidad en el que los individuos se pertenecen mutuamente y dejan de sentirse solos, señaló el psicólogo Hernán Paniagua.

Explicó que contrario a las expectativas de mucha gente que busca sexo sin establecer compromisos, por lo menos siempre está presente el relacionado con tener relaciones sexuales con la persona contactada, porque en caso de negarse, surgirán las reclamaciones y el recordatorio del compromiso de acostarse con ella.


viernes, 6 de junio de 2014

Homosexualidad: hoy en día

junio 06, 2014 Hernan Paniagua
[Documento de la American Psychiatric Association, extraído de http://www.sexovida.com/psiquiatria/apa.htm]

En Diciembre 1998, se emitió una declaración de posición con respecto a que la American Psychiatric Association (A. P. A.) se opone a cualquier tratamiento psiquiátrico, tal como terapia “reparadora” o de conversión, que se base sobre asumir que la homosexualidad per se es un desorden mental o en el supuesto que el paciente debería cambiar su orientación sexual homosexual (ver Apéndice1). Con esto la A. P. A. se unió a muchas otras organizaciones profesionales que se oponen o son críticas con las terapias “reparadoras”. La siguiente Declaración de Postura se explaya y elabora sobre la declaración emitida a fin de dirigirse más a preocupaciones públicas y profesionales sobre terapias dirigidas al cambio de orientación o identidad sexual del paciente. Aumenta la declaración de 1998 más que reemplazarla:

En el pasado, definir a la homosexualidad como una enfermedad atrincheraba el oprobio moral de la sociedad con las relaciones entre el mismo sexo. En el clima social actual, declarar que la homosexualidad es un desorden mental surge de los esfuerzos para desacreditar una creciente aceptación de la homosexualidad como variante normal de la sexualidad humana. Consecuentemente, la cuestión de cambiar la orientación sexual se ha politizado mucho. La integración de gays y lesbianas al cauce principal de la sociedad Americana encuentra la oposición de aquellos que temen que tal integración esté mal moralmente y sea dañina para la trama social.


martes, 27 de mayo de 2014

Discriminación en el Ghetto; la homofobia Gay

mayo 27, 2014 Hernan Paniagua
Según la Real Academia de la Lengua Española, discriminar es dar un trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Estos caballeros de la academia no tuvieron a bien incluir a los motivos sexuales de discriminación en su definición, pero el etcétera nos autoriza a meterle lo que queramos. A fin de cuentas, para discriminar hacen falta solo las ganas, aunque no tengamos ningún motivo.

La homofobia es, efectivamente, un tipo de discriminación que se deriva de las actitudes que una persona tiene hacia la orientación sexual que no es heterosexual. En la actualidad no es algo que pueda presentarse abiertamente en la calle o algún otro espacio público, particularmente en las grandes ciudades donde discriminar abiertamente se ha convertido algo “políticamente incorrecto” que despierta la desaprobación de quienes se rigen por las buenas costumbres y lo más básico de la urbanidad. Claro, esto no implica que la conducta homofóbica haya desaparecido, solo se ha encubierto: la gente discrimina en voz muy baja, o cuando están entre gente de confianza que, se asume, es heterosexual.

Este reprobable fenómeno se da entre personas heterosexuales aun pese a la censura social y, por irónico que parezca, también entre homosexuales. Dentro de la comunidad gay, la discriminación no esta mal vista ni se la censura; de hecho se la aplaude dentro del formato del llamado perreo.

martes, 22 de abril de 2014

Cuéntame un cuento... sin sangre

abril 22, 2014 Hernan Paniagua
“...y entonces, su mamá advirtió a Caperucita: toma el camino largo y no te detengas para que llegues antes de oscurecer, evita el camino corto porque ahí acecha el lobo feroz, y si te encuentra te va a comer y no volveremos a verte…”
I.

De manera muy desenfadada podríamos hablar de dos momentos históricos para los cuentos de hadas: uno marcado por la creatividad de Charles Perrault y los hermanos Grimm, y otro que se define por la narrativa moderna de Walt Disney.

En el primer momento, los cuentos para niños estaban plagados de escenas de horror, muerte y sangre al más puro estilo de Quentin Tarantino; y posteriormente ya no, gracias al toque de Disney. A los niños de la actualidad les horrorizaría saber que en un principio la sirenita no solo pierde su voz, sino que el príncipe nunca la pela y ella termina sola y disolviéndose en espuma sobre las olas del mar.


viernes, 4 de abril de 2014

La necesidad de vincularnos

Los seres humanos pasamos la mayor parte de nuestras vidas buscando pertenecer a algo, desde complejas religiones con las cuales identificarnos, hasta una empresa donde trabajar, una familia o una pareja con la cual caminar por la vida. Ya se trate de grandes sistemas sociales o pequeños, a las personas no nos gusta quedar aisladas, porque somos animales sociales que en épocas muy tempranas descubrimos que nuestra sobrevivencia está en los números.

Y así como fue al principio de los tiempos, lo sigue siendo hoy en día en la vida de cada uno de nosotros y nosotras: queremos pertenecer. Buscamos incorporarnos a la vida de los demás y recíprocamente, incorporar a los demás a nuestra vida volviéndonos mutuamente significativos. A eso le llamamos “relaciones”, y cotidianamente solemos afirmar que no hay cosa más complicada que eso.


¿Qué es lo que vuelve complejas las relaciones interpersonales?


jueves, 13 de marzo de 2014

El desgaste emocional de un /a cuidador/a

Los cuidadores primarios son personas que mantienen el contacto humano más estrecho con un paciente incapacitado o enfermo. Su principal función es satisfacer diariamente las necesidades físicas y emocionales del paciente, mantenerlo vinculado con la sociedad y proveerle afecto. Su trabajo adquiere gran relevancia para las personas que rodean al enfermo, especialmente a medida que progresa la enfermedad.

Además de brindar atención directa al paciente, los cuidadores juegan un papel crucial en el mantenimiento y cohesión de la familia.

La Historia de un Cuidador Primario

“Cuando mamá enfermó”, dice un cuidador, “me di cuenta de que alguien de su edad no puede ya vivir sola; y como en ese momento no tenía trabajo ni ningún otro compromiso, me pareció lo más oportuno mudarme con ella para cuidarla y que tuviera compañía. A mis hermanos les pareció buena idea también, y acordamos que me pasarían un dinero cada mes para comprar las medicinas de ella y apoyarme económicamente.”

Así comienza esta historia cuando la vejez llega a la familia, a veces acompañada de enfermedades crónicas u otras circunstancias que merman la calidad de vida y autonomía del adulto mayor, haciéndolo vulnerable para enfrentar los quehaceres cotidianos. Pagar a una enfermera o enfermero de planta es algo que pocas familias pueden permitirse.