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Karma 4: Ley del Crecimiento

¿Te acuerdas del #Karma?, si... esa filosofía que te invita con 12 diferentes argumentos a cultivar una armonía cordial con la vida, el universo y todo lo demás. El Karma pues, tiene entre sus enseñanzas la llamada Ley del Crecimiento, que entre las 12 que son, viene siendo algo así como la Ley número 4.

¿Porqué alguien como tu servidor que se dedica al Desarrollo Humano, tendría que interesarse por esta ley del Karma?, pues la respuesta es bastante simple: porque el desarrollo humano es por definición crecimiento.

Todos estamos continuamente creciendo, aunque no sea muy evidente: algunas personas crecen en lo financiero, otros en lo espiritual o en lo familiar, y cada quien en algún sentido. Parte del cambio que le da forma al universo, es precisamente crecer, y ese desarrollo puede darse de manera estratégica y consciente, o impulsiva... como la enredadera, que básicamente va creciendo a lo menso.

La Ley del Crecimiento dice entonces, que si tu quieres que tu mundo mejore, eres tu quien debe empezar por mejorar; y eso casualmente es algo que los terapeutas y coaches van a repetir hasta el cansancio: no tienes control sobre la voluntad de los demás para cambiar, el único cambio que está en tu poder, es el que realizas desde y sobre ti misma o para ti mismo.

Así que proponerte cambiar hasta que alguien más lo haga primero, es una expectativa inútil y una total falta de empoderamiento, básicamente porque le estarías delegando el poder de tu crecimiento a otra persona, situación, país, flor o fruto.

Si la filosofía del Karma está en lo correcto, entonces cuando identifiques algo que no marcha bien a tu alrededor, pregúntate qué puedes cambiar en tu persona para que tu acción sea la primera ficha del efecto dominó que deseas provocar. Lo mismo, en el desarrollo humano te dicen que el cambio está en ti; comprométete con tu propio crecimiento e inspirarás el cambio en las personas más próximas a ti, y ellas a su vez a sus personas más cercanas...

¿Te gustaría que tu pareja cambiara sus hábitos?, pregúntate de qué manera tus propios hábitos promueven en la otra persona eso mismo que te desagrada... ah!, porque hombres necios que acusais a las mujeres sin razón, diría doña Juana... y mujeres necias... y así.

No es que la responsabilidad del cambio de otra persona esté en tus manos, por supuesto, pero vivimos en sistemas humanos, y en esta forma de organizarnos nadie puede cambiar sin que los demás a su alrededor igual cambien para ajustarse a ese cambio. ¿Recibirías mentiras con igual frecuencia si invadieras menos su intimidad?, ¿esa persona explotaría menos si le dieras mayor espacio para resolver sus emociones?

La pregunta queda sobre la mesa: ¿qué puedes hacer tu para estimular el crecimiento a tu alrededor?

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