Vivir para trabajar

que la muerte pierda su asquerosa puntualidad
que cuando el corazón se salga del pecho
pueda encontrar el camino de regreso
que la muerte pierda su asquerosa
y brutal puntualidad
pero si llega puntual no nos agarre
muertos de vergüenza
Mario Benedetti, poeta (1920 - 2009)

Probablemente todo inició al comienzo del tiempo, cuando dios “condenó” a hombre y mujer a trabajar para ganarse el pan que les da sustento; al menos según el mito judeocristiano. De ahí en adelante pareciera que incluso hoy en día, todavía miramos el trabajo diario como un castigo inevitable; algo a lo cual resignarnos. Basta que paremos tantito la oreja a media calle, en una banqueta concurrida, para escuchar los comentarios de los transeúntes camino a sus oficinas y entender sin mucha complejidad la opinión que ellos y ellas tienen de su chamba*: “pues voy al trabajo, ya que”, “yo aquí, haciendo como que trabajo para que ellos hagan como que me pagan”, “ya merito es fin de semana”, etcétera.

Y efectivamente navegamos cada semana anhelando el fin. El lunes es el comienzo de nuestra tortura, el martes la consumación; el miércoles es un respiro que se interrumpe cuando el jueves trae su pinta de “y cuando despertó, su trabajo seguía ahí”. El viernes sabe rico porque la jornada semanal ya va amainando, pero no se puede cantar victoria sino hasta que ese día termina y triunfalmente podemos declararnos en sábado. Entonces nos regodeamos alegremente del placer sabatino; pero cuando acaba, el agridulce domingo nos dice que el fin de semana está a un tris de terminar. Y luego de nuevo es lunes y el círculo sin escapatoria da otra lenta vuelta más.


Fidelidad, ¿una violencia normalizada?

Infidelidad: según Wikipedia proviene del latín infidelĭtas, -ātis, e implica obviamente el incumplimiento de un compromiso de fidelidad. ¿Pero qué es fidelidad?

La fidelidad, y vuelvo a copiarlo de Wikipedia, tiene un significado vinculado con la lealtad (de una persona para con un señor o un rey) y la atención al deber; la palabra "fidelidad" deriva de la palabra fidelitas (latín), y su significado es servir a un dios. Estas acepciones hablan de sometimiento y describe una dinámica vertical y jerárquica de una persona que domina a otra; pero aunque resulta chocante una concepción así en el contexto de las relaciones de pareja, la incongruencia se explica con un poquito de paciencia y dos tantos de perspectiva histórica, veamos: la fidelidad se volvió un tema relevante en la Edad Media, cuando las instituciones eclesiásticas convencieron a las parejas de que cada mujer solamente debía de tener una pareja sexual en la vida, y los hombres demandaron esta premisa como un derecho de nacimiento así, por el puro hecho de ser hombres.


Los amigos: tu familia de elección

Hagamos un pequeño juego: cierra los ojos e imagina que han pasado diez años y estás en casa, sentado a la mesa cenando con tu familia. Visualízate, todavía con los ojos cerrados, sintiéndote completamente a gusto, dentro de lo que en toda su extensión puedes llamar hogar; es tuyo, te sientes acompañado y es esa compañía, la de tu familia, la que te hace sentirte fuerte, seguro y poderoso o segura y poderosa. ¿Listo? Abre los ojos y recorre con tu mirada a quien o quienes te acompañan en la mesa. ¿Esta tu pareja sentada por ahí?

La mayor parte de quienes hacen este ejercicio, efectivamente no incluyen a su pareja en la visualización, pues por alguna razón no le consideran como parte de su familia o como su familia en sí; cosa curiosa si consideramos que es con él o con ella con quien construirán un proyecto que presumiblemente habrá de durar toda la vida.

¿Qué es la familia? La actualidad es un momento social en el que los viejos esquemas están siendo desechados para abrir paso a otros nuevos, más ajustados a nuestras necesidades modernas y más realistas. El concepto de familia es uno de ellos. Hasta hace algunas décadas, el modelo familiar estaba integrado por un papá, una mamá, dos o más hijos y hasta un perro de nombre coqueto; pero de repente las mujeres y los hombres descubrieron que el divorcio se valía cuando la situación en la pareja se volvía insostenible, y entonces surgieron familias de un papá, uno o más hijos y un perro, o de una mamá el lugar del papá. También sucedió que jamás existió un papá y quedamos con una mamá soltera, los hijos y el perro, o que la mamá se enamora de su mejor amiga y entonces quedan dos mamás, los hijos y el perro, quizá dos papás; o mejor aún, un papá, una mamá, dos hijos y ningún perro.


Desatanizando la Infidelidad

Cuando sostienes una relación romántica con alguien, de vez en cuando surgen los conflictos y las desavenencias, los malentendidos, las conjeturas y otros extraños fenómenos que pueden llevar a la pareja a su final en uno de los momentos más inesperados de la relación. Aceptémoslo, hoy en día es mucho más sencillo mandar al pepino una relación consolidada de lo que era cuando nuestros abuelos flirteaban entre ellos en los alrededores del viejo kiosco de alguna concurrida alameda. ¿Qué ha cambiado?, han cambiado una serie de factores que en la actualidad vemos como obvios e irrelevantes, pero que en conjunto marcan una diferencia sustanciosa: ya no hay un estigma tan dominante contra la persona que se divorcia, ya no tememos “tanto” ser padres o madres solteras, ya no es “tan” mal visto estar soltero o soltera después de los treinta, y etcétera.

Hoy en día es más sencillo terminar y empezar nuevas relaciones, y por eso las relaciones han generado nuevas estrategias para mantener su estabilidad, a veces aun a costa de los integrantes de la pareja en cuestión; estrategias como la negociación y los acuerdos, como el vivir separados, tener mascotas que alivianen el estrés dentro de la pareja y, por qué no, también como la infidelidad.

Durante siglos hemos considerado la infidelidad como el verdugo de las relaciones de pareja, señal inequívoca de que el amor ha terminado y en su lugar queda solamente la traición y el abandono. Incuestionablemente, pudo haber sido así en algún momento, pero como dije, hoy en día el escenario es distinto.


Fantasmas de tus decisiones pasadas

La forma en que tomamos decisiones depende en parte de nuestra personalidad, así como del estado de ánimo que tenemos y el grado de presión que sentimos en el momento de hacer nuestra elección. Simultáneamente, el contexto en el que debemos decidir impacta mucho la claridad con la que elegimos la mejor alternativa, por ejemplo ¿sabías que cuando hemos dormido mal somos mucho más influenciables y eso afecta negativamente nuestra toma de decisiones?, igualmente nuestra autoconfianza. Por eso, si un día te levantas sintiéndote un flan mal cuajado porque no dormiste bien, o de plano ese día no te gustas ni tantito, evita tomar decisiones importantes.

Por definición, una decisión es la elección  significativa entre dos o más alternativas. Para muchas personas, la dificultad de tomar una decisión concreta, estriba en que al elegir la alternativa A, debemos renunciar a la alternativa B; pero ¿qué pasa si la B era la mejor?, ¿qué pasa si me equivoco? En  toda decisión hay de primera instancia la pérdida de todo aquello que no elijo, las alternativas a las que renuncio al hacer mi elección son elementos que probablemente jamás formarán parte de mi vida, y si bien tampoco en el pasado formaron parte, eso no impide que al no elegirlas ya empecemos a extrañarlas. Frecuentemente luego de tomar una decisión, imaginamos con pesar cómo hubiera sido nuestra vida de habernos quedado con la alternativa B, que nunca se vio tan atractiva como ahora que la hemos descartado.


Lo que no se dice en la pareja

Imagina que tengo una caja de zapatos pintada de negro y que la he agitado enfrente de ti, haciendo sonar el montón de cosas que lleva adentro. Imagina que sabes que me la pase toda la semana juntando cosas para meterlas ahí con dedicación, y te he contado que algunas de ellas son muy interesantes, y que algunas incluso te van a sorprender.  Entonces la pongo sobre la mesa, a tu alcance y me dispongo a enseñarte su contenido. Desamarro el listón con que la cerré, le quito la cinta adhesiva y en el camino me acuerdo y te comento que algunas de esas cosas te serían muy útiles. Pero de repente cambio súbitamente de opinión y la vuelvo amarrar, la quito de la mesa y me la llevo de ahí. ¿Con qué emociones vas a quedarte tú después de este evento?

Ahora imagina que este ejercicio de expectativas e incertidumbres se hace cotidiano. Verás a tu pareja transformarse lentamente y terminar haciendo lo que jamás antes hubiera hecho: jaquear tu cuenta de correo, colocar un spyware en tu computadora o contratar un detective privado, como a la antigüita.  Suena muy extremo, pero aunque no lo creas esta dinámica es habitual en ciertas y enloquecedoras relaciones de pareja. En términos generales, la fórmula es: guárdate información que tu pareja necesita porque él o ella asume que es algo importante y en cada momento en que puedas, suéltale datos aislados acerca de eso que ya se sabe que callas, pero nunca la información completa. Así, él o ella no podrá tomar decisiones respecto a la relación o a su propia vida hasta que sienta que están todas las cartas sobre la mesa, y con eso le mantendrás en un estado de congelamiento desesperante tanto como tú lo desees.


La responsabilidad de ser LGBTTI

¿Te has preguntado alguna vez cómo le hacen las sociedades para evolucionar?, desde un análisis muy ligero de una comunidad, puedes distinguir dos vertientes ideológicas muy claras: las que tienden a la derecha y las que tienden a la izquierda. La ideología de extrema derecha busca el mantenimiento del status quo, que lo que se ha ganado se mantenga y lo que ha funcionado para establecer la estructura social nunca cambie. La ideología de extrema izquierda guarda una postura crítica desde la que todo tiempo futuro puede siempre ser mejor; buscan innovaciones, cambios, arriesgarse para el crecimiento de la colectividad.

En la práctica, las agrupaciones sociales de derecha parecieran tener más poder y mayores recursos que las que tienden ideológicamente hacia la izquierda, y si esto fuese un patrón sostenido, entonces se mantiene la pregunta de ¿cómo es que pueden evolucionar las sociedades si la fuerza más potente de la comunidad tiende hacia el status quo? La respuesta no está en las estructuras de poder más elevadas, sino en pequeños grupos sociales que buscan el reconocimiento de sus necesidades e identidad; ellos y ellas son las minorías.


La culpa

Pensando en inteligencia emocional, podríamos decir que todas las emociones que somos capaces de sentir nos conducen a cierto tipo especifico de movimiento; por ejemplo, la tristeza te mueve hacia el aislamiento, te lleva a introvertirte y ver qué ocurre dentro de ti. La felicidad tiene lo suyo, que te lleva a buscar a las personas y compartir con ellas; el miedo te hace correr en el sentido contrario, la nostalgia a revisar tu historia de vida y a veces a reinterpretarla. Pero, ¿qué hay con la culpa?

Del extenso abanico de emociones que los seres humanos somos capaces de sentir, la culpa es la que tiene peor imagen pública, y no sin razón. Ella te conduce a una baja opinión de ti misma o de ti mismo y en la mayoría de los casos, a convertirte a ti en tu propio juez, jurado y verdugo implacable. Las personas habituadas a  sentir culpa, frecuentemente viven intranquilas y con pensamientos de reproche que les restan energía para encarar a los demás o iniciar proyectos. La frase más vinculada a la culpa es “no me lo merezco”, no importa qué. Es como tener un lastre amarrado al cuello y que por más que intentas subir, no te lo permite.


Damas y Caballeros: el lenguaje incluyente

Género (del latín genus, -eris, clase) es el conjunto de los aspectos sociales de la sexualidad, un conjunto de comportamientos y valores (incluso estéticos) asociados de manera arbitraria, en función del sexo. 
-Wikipedia
Recientemente recibí un correo electrónico en el que se cuestiona el hábito de algunos comunicadores de especificar ambos géneros (las y los) en determinados adjetivos y sustantivos que emplean, como por ejemplo, al decir “ciudadanos y ciudadanas”. Pienso que ese mensaje refleja una opinión compartida por muchas personas, que creen que es una moda que inició Vicente Fox (expresidente mexicano) durante su sexenio; lo cual no es muy atinado, pero al menos las fechas podrían pasar por ciertas si uno no profundiza. El mismo texto describe cómo esta tendencia es una total ofensa para la sintaxis y gramática del castellano; esto último podría ser cierto.

La consideración de emplear ambos géneros en el lenguaje, especialmente cuando de cierto tipo de tópicos se trata, no es una tendencia iniciada por los políticos en el sexenio de Vicente Fox, sino por los y las investigadoras sociales que promueven una visibilidad y equidad en el discurso, que sea inclusivo y que tome en cuenta características diferenciales tanto de ellos como de ellas en un mismo mensaje. Un ejemplo: en nuestra sociedad tenemos temas que el uso ha vinculado a género específico, como el embarazo que se considera un tema para mujeres y el éxito profesional uno que suponemos para hombres. Pero cuando yo elaboro un texto sobre éxito dirigido a ellos, las mujeres que me lean no van a sentirse cabalmente incluidas en las situaciones que pueda yo plantear; y si redacto un texto sobre embarazo de riesgo o lactancia, los hombres van a pasar el tema de largo.


El 1, 2, 3 de la autoestima

La autoestima es tema protagónico en la literatura de superación personal de los años recientes. En lo que prácticamente cualquier par de libros de este género podrán coincidir, es en que una buena autoestima es la base de relaciones saludables y el logro de nuestros proyectos; además hay una relación muy estrecha entre la satisfacción que mantienes hacia tu vida y el grado en que sientes estima por tí misma o por tí mismo. Una persona que ha descuidado su autoestima, puede caer en conductas adictivas con mayor frecuencia, estar en riesgo de sufrir depresiones y atreverse menos a hacer cambios en su vida. A alguien con una autoestima saludable se le nota y le luce tanto como un buen auto o una buena marca en su ropa, y a veces mucho más.
Quien tiene escasa belleza física, pero una autoestima bien trabajada, posee ese no se que, que le vuelve irresistible. Tiene carisma, atracción y esa personalidad magnética que le lleva a sentirse bien a uno. Y lo que pasa es que quien con buenas autoestimas se junta, tarde o temprano a quererse aprende; pero más vale empezar por uno.

Una de las creencias mas firmes sobre autoestima, es que una vez que la trabajaste y la has dejado reluciente, así se queda; serias alguien con eso que le llaman: una buena autoestima. Sin embargo no pasa de ese modo. La autoestima es un rasgo de la relación que sostienes contigo y que todo el tiempo esta cambiando, porque depende de la opinión que tienes de ti mismo o de ti misma, y ese autoconcepto a veces cambia de enfoque, o crece o disminuye; y tu autoestima con él.


Taxonomía del workahólico


En opinión de algunos, el trabajo engrandece; otros, como Federico Engels, creen que es a lo que debemos el surgimiento y evolución de nuestra sociedad. Hay para quienes el trabajo día a día es un completo suplicio, para otros es mera rutina, y para ciertos afortunados y afortunadas es una pasión cotidiana. Cada quién hablará de su trabajo como le vaya en la feria, pero en lo que todos estamos de acuerdo es que al final trabajamos para vivir y cumplirnos ciertos pequeños lujos como comer, vestir, tener un techo o entretenernos.

Sin embargo también existen personas que viven para trabajar, y visten lo apropiado para su puesto y malcomen cuando pueden y van al baño cuando su trabajo se los permite. ¿Relaciones?, pues sólo que sean por Facebook. ¿Pasatiempos?, sería buena idea, si la fatiga con la que llegan al sábado les permitiera otra cosa que dormir y reponerse del trajín de la semana.  ¿Quiénes son estos personajes tan adictos al trabajo?, son los ergómanos (del griego ergon = trabajo), también llamados workahólicos. He aquí los tres tipos más frecuentes:

El ergómano ambicioso / La ergómana ambiciosa: Contrario a la creencia popular, no hay nada malo en ser ambicioso. Ciertas personas siguen proyectos profesionales dirigidos a acumular grandes cantidades de bienes, prestigio o cualquier otra ganancia material o simbólica; se han fijado una meta concreta y no descansarán hasta alcanzarla. El riesgo a la larga es que no sepan cuando detenerse e irracionalmente  busquen cada vez más y más, llegando a trabajar en un exceso tal que descuiden su vida personal y su salud.


De pañales, biberones... y gays

Para muchos, los niños son una bendición en la vida; pero para otros y otras, son una franca pesadilla. Hay quienes se sienten en la obligación de tener hijos para sentir que han tenido una vida "completa", y hay para quienes ser madre o padre no es, de plano, una opción que les interese. ¿Tú ya lo has considerado?

En la decisión de tener o no un hijo, entran en juego innumerables factores como el del género, la orientación sexual, el estilo de vida o los estereotipos sociales. A muchas mujeres de treinta o más años, probablemente les sea familiar la presión del reloj biológico que les urge a ser mamás, si es que no lo han sido ya. Es algo entre fisiológico y cultural. Los hombres no tenemos una urgencia biológica por ser padres, pero hay quienes necesitan serlo para sentirse plenos. En paralelo, nuestra sociedad espera que si eres heterosexual, la paternidad o maternidad formen parte importante de tu proyecto de vida; pero si eres lesbiana, gay o trans, por ejemplo, se asume que tus intereses existenciales van por otro lado.


Una pareja de mentiritas


Existen dos factores muy relacionados entre sí dentro de las dinámicas de pareja: el primero es el de una continua exigencia de honestidad, y el otro es la creencia equivocada de que si el amor es puro, ambos deben compartirlo todo. En realidad ambos factores son exigencias que generan la expectativa inalcanzable de que es posible vivir dentro de una total transparencia y sin fronteras entre ambos.

Y no. Los seres humanos necesitamos desarrollar diferentes aspectos de nuestra identidad como nuestra individualidad o nuestras relaciones de forma simultánea; no basta que nos avoquemos intensamente al desarrollo de alguno de esos aspectos cuando otros los dejamos descuidados, porque al final nos sentiremos igualmente incompletos o incompletas como si no hubiéramos evolucionado en lo absoluto. Y la identidad es, fundamentalmente el modo en que nos definimos como personas; algo parecido a la explicación que hacemos de quién, porqué y de qué manera voy siendo.


El camino a la asertividad

La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y quiere decir "afirmación de la certeza de una cosa", de ahi se puede deducir que una persona asertiva es aquella que afirma con certeza y seguridad en lo que dice. La asertividad en términos generales, es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás; por supuesto, su premisa fundamental es que toda persona, tú, ella, ellos o yo, poseemos derechos básicos.

Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se diferencia y se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la agresividad y la pasividad. Suele definirse como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Es también una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.


Los 3 caminos a la seducción

En el antiguo arte de la seducción, cada quien se hace sus mañas, y tomando en cuenta que la primavera esta a la vuelta de la esquina, todos y todas vamos desempolvando nuestro arsenal erótico para lograr las mejores conquistas sexuales del año. ¿Estás lista o listo para la cacería?

Efectivamente, es en primavera cuando el cuerpo humano responde mejor a los estímulos sexuales, pero es un hecho que no todos le respondemos igual a lo mismo: yo respondo mejor a lo visual, puede que tu más a lo auditivo, y alguien más a lo kinestésico. Cada persona va habituándose a favorecer alguno de sus sentidos en la tarea de conectar con el mundo a su alrededor, particularmente el oído, la vista y el movimiento físico (lo kinestésico), y de ahí también obtiene fuentes de placer y gozo.

Más despacio: si cuando vas al cine te fijas más en los efectos especiales que en la banda sonora de la película, eres definitivamente más visual que auditivo; pero si lo más emocionante de ella fueron las secuencias de acción que el argumento o su propuesta estética, entonces lo tuyo es más kinestésico. ¿Y tu pareja cómo es? Una chica auditiva disfruta mucho escuchando música, alguien más visual frecuentaría museos de arte; el kinestésico se la pasa en acción, quizá bailando o ejercitándose, porque le causa placer moverse.


Los amorosos… y el fantasma del SIDA.

Para muchas personas, lograr una relación de pareja exitosa es un tópico crucial en el camino a consumar sus proyectos de vida; claro que para muchas otras hay temas más trascendentales hacia los cuales dirigir su atención. No todo el mundo busca estar en pareja, y entre quienes sí eligen este estilo de vida, tampoco todos, ni todas enfrentamos los mismos retos en el camino.

Imagina por ejemplo, que vives con VIH. Pongamos que el proceso de aceptación de tu seroestátus ya está resuelto y no te causa bronca vivir con el virus; ya sabes que muy probablemente no vas a morirte y estás en paz contigo porque sabes cómo cuidarte y te has estado poniendo las pilas para tener una excelente calidad de vida. ¿Qué es lo que sigue?, pues probablemente si tu proyecto de vida está configurado así, lo que sigue es encontrar alguien con quien hacer pareja.

Viene entonces un reto nuevo: ya que conociste a un buen candidato o una buena candidata para iniciar la relación, ya que has avanzado lo suficiente y empiezas a sentir bonito con su presencia, te preguntas en qué momento y de qué manera le vas a decir que vives con el virus del VIH. ¿Y si se espanta?, ¿y si te rechaza? La incertidumbre es tal, que son muchas las personas portadoras del virus que prefieren no arriesgarse al rechazo y evitan iniciar cualquier relación para no salir lastimados, pese a tener esta habitual necesidad de integrarse a una pareja.


El A, B, C de los propósitos de año nuevo

Desde tiempos inmemoriales, hombres y mujeres hemos celebrado las fechas decembrinas como un símbolo de algo que acaba y de algo nuevo que inicia; todavía antes de que diciembre fuese el décimo mes del calendario romano y recibiera por eso el nombre con el que hoy le identificamos, ya había fuegos que ardían para llevarse lo viejo y rituales de renovación, desprendimiento y esperanza que le daban forma a lo que estaría por venir. Por eso entre las tradiciones occidentales, todavía mantenemos la costumbre de formularnos propósitos para el año que sigue, para renovarnos y dejar atrás viejos aspectos de lo que no nos gustaba de nosotros mismos; es el modo en que hacemos frente a los primeros momentos del porvenir y nos comprometemos a ser mejores seres humanos. 

Si bien los propósitos de año nuevo suelen englobarse en los temas de salud, relaciones interpersonales y finanzas, pueden volverse objeto de frustración para quienes se lo toman en serio, pero no planean adecuadamente sus objetivos. Recuerda que el primer paso para alcanzar cualquier meta, siempre será el describirla adecuadamente: los propósitos inalcanzables son el camino más corto hacia la frustración. Cuando pienses tus propósitos para el 2012, date tiempo para escribirlos en un sitio visible: una agenda que efectivamente vayas a utilizar, un pizarrón o de perdida como notitas sobre el refri. Ten mucho cuidado de ser el o la protagonista central de esos objetivos, no se vale decir: “este año lograré que Martha baje de peso” o “ahora si convenceré a Felipe de que se case conmigo”, metas así no están completamente en tus manos, no las vuelvas tu proyecto personal 2012.