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El miedo a la libertad

De entre mis libros favoritos de Erich Fromm está sin duda "El miedo a la libertad", siempre voy a recomendarlo como uno de los más importantes en mi Top10, como psicoterapeuta. En particular, si te animas a echarle un ojo, checa la distinción que hace entre la "libertad de..." y la "libertad para...".

Y es que el tema de la libertad ha sido uno de esos que ocupan por igual a la filosofía que a la psicología, o a la neurología o, sin duda a la religión o la política. ¿Qué es la libertad y cuáles son sus alcances?, ¿somos realmente libres?

En la práctica, me parece un asunto interesante porque tiendo a entender la libertad como una divisa. Seguramente te has topado con personas que valoran su libertad tanto, que cuidan de no comprometerla bajo ninguna circunstancia. Seres humanos libres como el viento: sin compromisos, sin dependencias, sin apegos. Pero dime algo, ¿realmente vale la pena experimentar una vida así de volátil?

Si le estoy atinando en mi apreciación y la libertad es una moneda de cambio, entonces cada vez que la gastas sabiamente estableces un arraigo y un sentido de pertenencia. Al acto de capitalizar tu libertad, tal como una inversión, podríamos llamarle simplemente "involucramiento". Quien es libre como el viento, corre el riesgo de experimentar una vida poco involucrada, sin pertenencias ni arraigos; poco comprometido con los demás, pero a su vez, sin disfrutar del compromiso de los demás hacia si.

¿El valor de la libertad reside en si misma, o en la posibilidad que tenemos de comprometerla?, ¿se vale que yo te pida a ti que comprometas tu libertad conmigo? Creo que se vale pedir...

Como en cualquier movimiento financiero, hay cierto grado de riesgo y ganancia en cada inversión, y ya sabes: a mayor riesgo, mayor posibilidad de ganancia. Cuando yo arriesgo mi libertad en un contrato o negociando los términos de alguna relación, la posible ganancia está en lo que puedo recibir con ese contrato, o de lo que aquella persona con quien me relaciono va a aportar a mi vida. A cambio de una buena inversión, adquiero un sentido de pertenencia, las percepciones de estar en evolución, y empoderamiento y autoafirmación.

Pocas cosas son más satisfactorias que darnos cuenta de las buenas decisiones que hemos tomado, sobre todo si fueron arriesgadas, difíciles pero bien tomadas; y tomar decisiones o asumir una postura, es precisamente hacer uso de nuestra libertad.

Pero ¿y si me equivoco? Ese es el riesgo de cualquier inversión, pero sin riesgo no hay ganancias. 

Las ganancias se suman, consolidando una vida plena. Una vida donde no se capitaliza la libertad, una vida sin riesgos es una vida marchita, que en la práctica se traduce en depresiones, soledades tóxicas y una pavorosa colección de enfermedades corporales. Ah!, cuántos hay que cansados de la vida, enfermos de pesar o muertos de tedio...

Si las decisiones que tomas acerca de lo que haces con tu libertad, resultan a la postre no haber sido correctas, decide más. La vida raras veces es un examen de una única respuesta correcta, y lo mejor de todo es que si vas viendo que las cosas no te están saliendo, tienes todo el chance de decidir en otra dirección. Decide una vez, y otra, y continúa hasta que los múltiples aspectos de tu vida adopten la forma que te apetezca darles. Al final tus inversiones te atañen solamente a ti, ya tu sabrás qué haces con tu libertad... incluso si eliges no hacer nada con ella.

Incluso si prefieres tener tu libertad bien bonita en aquél anaquel, adornando como porcelana vieja una empolvada chimenea.

¿Qué me falta agregar acerca de la libertad?, habría que preguntarle a Benito Juárez. El ejercicio de mi libertad implica mucho respeto: respetar las decisiones que ayer tomé y que hoy no puedo cambiar, ¿de qué me sirve pelearme con mis anteriores decisiones, si ya no puedo deshacerlas?, ¿de qué me sirve, si además, de volver a estar en esa situación, probablemente volvería a decidir lo mismo? Mejor sigamos decidiendo y decidiendo, hasta minimizar todas nuestras consecuencias negativas y maximizar las positivas.

Respeto a la libertad de las y los otros, y no andarla descalificando. Que feo eso de llamar "libertinaje" al ejercicio de la libertad ajena, solo porque toman decisiones distintas a las que uno tomaría. El único momento en el que estoy en condiciones de evaluar el ejercicio de la libertad ajena, es cuando las decisiones de alguien más le estorban a las mías. En ese caso, vale la pena irnos a la mesa de negociaciones, o en su defecto, agarrar nuestras canicas e irnos a tomar decisiones a otro lado.

¿Ves porqué da miedo la libertad?, porque hay quienes le tienen pánico al riesgo y hacen hasta lo imposible para no equivocarse. Pero si no nos equivocamos, ¿cómo vamos a hacerle para crecer?

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